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En mayo de 2026, el índice de sentimiento del consumidor de la Universidad de Michigan va camino de los 44,8 puntos. Tercer descenso mensual consecutivo. Mínimo histórico. Por debajo, incluso, del mínimo de junio de 2022 —cuando la inflación nos pegaba de lleno— y de los registros de las recesiones de 1980, 1991 y 2008. El 57% de los encuestados mencionó que los precios altos están erosionando sus finanzas personales. Ya lo vimos aquí y aquí.
Sentimiento del consumidor EE.UU. y S&P 500 (%). Divergencia en máximos históricos

Fuente: Carlos Arenas Laorga
Y mientras tanto, el S&P 500 cotiza en zona de máximos históricos, cerca de los 7.500 puntos, con ocho semanas consecutivas de ganancias que suponen la vigésima subida más grande de dos meses desde 1950. El 84% de las empresas del índice ha superado estimaciones en el primer trimestre de 2026. Los beneficios crecen al ritmo más alto desde finales de 2021.
El gráfico lo dice todo. Cada vez que el sentimiento del consumidor cayó a estos niveles —los círculos rojos son elocuentes— la bolsa acabó sufriendo. Recesión de 1980. Recesión de 1991. Recesión de 2007/8. El patrón es consistente a lo largo de cincuenta años de datos. La divergencia entre los dos indicadores es, ahora mismo, la mayor de toda la serie histórica.
La pregunta es si el mercado está equivocado o si el consumidor exagera.Hay una lectura optimista. Los beneficios empresariales son reales. Las previsiones de crecimiento de resultados para el resto del año siguen siendo fuertes. Y el mercado descuenta el futuro, no el presente. Puede que los inversores estén viendo algo que el ciudadano medio, agobiado por la gasolina y los titulares de guerra, todavía no ve.
Hay también una lectura más pesimista. El sentimiento del consumidor en mínimos históricos no es solo psicología. Anticipa comportamiento real. El consumidor americano mueve más del 70% del PIB de su país. Si ese estado de ánimo se traduce en menos gasto futuro, más ahorro preventivo y menos crédito solicitado, la economía real acabará enviando señales que los mercados no podrán ignorar.
Mal sentimiento, pero beneficios récord. Pesimismo histórico, pero bolsa en máximos. Las dos cosas a la vez solo pueden sostenerse durante un tiempo limitado.
Lo que me pregunto es cuál de los dos cede antes. Si el consumidor acabará recuperando el ánimo cuando remitan los problemas de suministro en el Estrecho de Ormuz y bajen los precios de la energía. O si, por el contrario, será la bolsa la que acabe haciendo caso al consumidor.

