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Hay semiconductores, pero también software, salud, aseguradoras, energía, infraestructuras de datos o compañías que utilizan la información para transformar negocios tradicionales. Y los resultados desde su lanzamiento e, incluso ahora en la era de la IA, están dando la razón a ese enfoque.
El EdR Fund Big Data nació en 2015 con una idea bastante sencilla de explicar, aunque mucho más difícil de ejecutar: los datos se han convertido en uno de los activos más valiosos de la economía y no solo ganarán quienes fabriquen los ordenadores capaces de procesarlos.
Edmond de Rothschild divide el universo entre infraestructura de datos, análisis de datos y usuarios de datos. Es una diferencia importante. La inteligencia artificial necesita chips y centros de datos, pero también compañías capaces de organizar información, introducirla en procesos productivos y, sobre todo, ganar dinero utilizándola. Dicen que la nueva electricidad son los datos…
Eso explica una cartera bastante diferente de la que uno imaginaría al escuchar fondo de Big Data. A cierre de agosto, Veeva Systems era la primera posición, con un 4,36%, por delante de Alphabet, Match Group, Nvidia, CCC Intelligent Solutions, Akamai, SLB, OVH, TSMC y NetApp. Las diez mayores posiciones apenas suponían el 37,58% del patrimonio. Y el Active Share alcanza el 89%, señal de que el gestor no está cobrando por parecerse mucho al índice.
Ese dato me parece especialmente relevante. Si queremos un MSCI World, compramos un MSCI World. En gestión activa tiene sentido pagar por una cartera distinta y exigir después al gestor que esa diferencia aporte valor.

Fuente: Morningstar Direct
De hecho, es raro el año que no bate al MSCI World.
El 22,45% de 2026 llama la atención (las diferencias con los gráficos se deben a que las fechas oscilan una semana), pero un año bueno lo puede tener cualquiera. Más interesante es observar cómo se ha comportado la estrategia en situaciones diferentes.
En agosto, por ejemplo, el fondo avanzó un 4,88%, frente al 1,60% del MSCI World. La selección de compañías explicó buena parte de la diferencia, especialmente en tecnología, salud, industria y energía. En 2022, uno de los peores ejercicios recientes para los activos de crecimiento, cayó un 9,95%, frente al 12,78% del MSCI World.
Su menor exposición a las grandes tecnológicas estadounidenses, especialmente a las denominadas Magnificent 7, pasó entonces factura en el 2024. Es precisamente lo que cabe esperar de una gestión verdaderamente activa: habrá periodos en los que alejarse del índice ayude y otros en los que duela.
La clave es que el fondo ha conseguido generar alfa durante casi toda su historia sin convertir la cartera en una apuesta descontrolada por las compañías que están de moda.
Uno podría pensar que una cartera centrada en datos e inteligencia artificial cotiza necesariamente con una prima considerable frente al mercado. Pues a cierre de agosto, el PER estimado para 2027 de la cartera era de 16,1 veces, frente a 17,8 veces para el MSCI World. El múltiplo EV/ventas también era inferior: 5,3 frente a 6,8 veces. Mientras tanto, el crecimiento esperado del beneficio por acción entre 2026 y 2027 era del 14,5%, ligeramente superior al 13,8% del índice.
Hay otro dato todavía más llamativo: la rentabilidad por free cash flow alcanza el 4,5%, frente al 3,3% del MSCI World. Y la deuda neta sobre EBITDA de la cartera es de -0,2 veces, frente a 0,7 veces en el índice. Dicho en castellano: las compañías del fondo, en promedio, tienen más caja neta, generan más flujo de caja respecto a su valoración y ofrecen un crecimiento previsto algo superior, pero cotizan a un PER más bajo.
Veeva Systems es un buen ejemplo de lo que busca el equipo gestor. No fabrica chips ni construye grandes modelos de inteligencia artificial. Hace algo mucho menos llamativo: proporciona software especializado para farmacéuticas, biotecnológicas y compañías de ciencias de la vida.
Sus plataformas gestionan datos clínicos, regulatorios, comerciales y de seguridad. Ese conocimiento específico del sector genera barreras de entrada importantes: cambiar de proveedor puede ser complejo y caro, mientras que la incorporación de IA permite automatizar procesos y extraer más valor de la información acumulada. Como decía, los datos son la nueva electricidad.
Eso es invertir en inteligencia artificial de una forma bastante distinta a limitarse a perseguir al fabricante del chip de moda.
EdR Fund Big Data sigue siendo renta variable temática. Puede tener sentido como una posición complementaria dentro de una cartera bien diversificada para quien quiera exposición estructural a digitalización, datos e inteligencia artificial sin concentrar toda la apuesta en unas pocas megacapitalizadas estadounidenses.
La inteligencia artificial probablemente seguirá produciendo enormes ganadores, pero también habrá compañías caras, proyectos que no moneticen sus inversiones y expectativas que terminen chocando con la realidad. Por eso me parece especialmente interesante el enfoque de EdR Fund Big Data: no trata simplemente de acertar qué tecnología dominará el futuro, sino de encontrar empresas que puedan ganar dinero con ella, generen caja, tengan balances razonables y, además, no obliguen al inversor a pagar cualquier precio.

