José Luis Cava señala que “la cotización del petróleo no solamente no se encuentra por encima de 100, sino que está cotizando por debajo de los 95”, incluso el WTI en torno a 86, lo que le lleva a preguntarse “¿quién está ganando la batalla?”. A partir de ahí, sostiene que la tesis de que Donald Trump manipula el precio “tiene parte de verdad”, especialmente en el mercado de “petróleo papel”, donde “se pueden estar estableciendo los cambios que luego afectan al mercado físico”. Sin embargo, matiza que esto “no es toda la verdad”, ya que si hubiese escasez real, esa presión bajista sería solo temporal.

En el plano físico, defiende que las tensiones energéticas se han reducido porque “Irán sigue exportando petróleo”, el crudo “fluye libremente”, hay envíos a India, gas hacia Corea del Sur y ventas de China, lo que “indudablemente alivia las presiones”. A esto añade infraestructuras como el oleoducto iraní entre el mar Arábigo y el mar Rojo, reforzando la idea de que “las presiones se han aliviado sensiblemente”. Desde el punto de vista técnico, interpreta que el petróleo “ha formado un techo a corto plazo” y se mueve lateralmente, con potencial caída si se anuncian negociaciones.

Cava critica a los “agoreros” y a previsiones como las de JPMorgan que anticipaban precios de 150 o 200 dólares y una inflación superior al 5%, señalando que la realidad es distinta: el bono americano a 10 años no confirma esas presiones. De ahí deduce que “la cotización del precio del petróleo es el barómetro de las bolsas” y que su moderación favorece al S&P 500, que ha rebotado en soportes. Concluye que “ya han iniciado las negociaciones y que Trump tiene el control de la situación”.

En el plano geopolítico, interpreta declaraciones de Trump como señal de avances, especialmente cuando afirma haber recibido un “regalo” relacionado con el estrecho de Ormuz, lo que sugiere pruebas de control interno en Irán para negociar. Añade que Pakistán actúa como mediador “muy activo y silencioso” y que lo hace “en nombre de China”, lo que evidencia el interés chino en cerrar el conflicto. De ahí deduce que “el final de la guerra está muy próximo” y recuerda que “las bolsas no hacen suelo con las buenas noticias… lo hacen antes”.

Finalmente, desarrolla su “maldad”, centrada en la política energética europea. Cuestiona que el cierre de nucleares en Alemania sea un error y plantea si no es “una política deliberada”, subrayando que organismos técnicos advirtieron de sus consecuencias. Según su visión, los políticos actuaron conscientemente y “sabían perfectamente lo que estaban haciendo”, lo que interpreta como una estrategia de empobrecimiento y control social. Concluye que las élites buscan “control absoluto de la población”, utilizando herramientas como la energía o el dinero digital, y que los políticos son “instrumentos” al servicio de esos objetivos.