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¿Qué se espera del dato de empleo de Estados Unidos y qué relevancia tiene en un contexto de cierta debilidad económica, con el petróleo nuevamente tensionado y la situación en Oriente Medio todavía sin resolver?
Un mal dato de empleo será positivo para los mercados. Los distintos indicadores que hemos conocido en las últimas semanas —los datos de ADP y JOLTS, así como las peticiones semanales de desempleo— apuntan a una moderación del mercado laboral, que ya no muestra la fortaleza que se podía pensar inicialmente. Esto, unido a las declaraciones de distintos miembros de la Reserva Federal y a la moderación del dato de PCE conocido esta semana, puede llevar a que las expectativas sobre los tipos de interés se recorten aún más.
Si la semana pasada el mercado asignaba una probabilidad del 70% a una subida de tipos en la reunión del 28 de octubre, después de las palabras de Williams esa probabilidad bajó al 48% y, tras el dato de PCE, se situó por debajo del 30%. Por tanto, el dato de empleo será importante para confirmar si la última subida de tipos de interés de la Reserva Federal de este año se produciría en diciembre, después de las elecciones de mitad de mandato.
En cualquier caso, estamos especialmente centrados en la evolución de los tipos de interés a largo plazo, que es donde encontramos el principal problema para los mercados bursátiles.
Comenzabas señalando que un mal dato de empleo será positivo para los mercados. Da la impresión de que las bolsas son ajenas a la inestabilidad macroeconómica y geopolítica. Al mismo tiempo, estamos a las puertas de una nueva temporada de resultados empresariales del tercer trimestre, después de una etapa de beneficios récord. También hemos conocido algunas advertencias sobre el impacto de la inflación y la geopolítica. ¿Qué debemos tener en cuenta? Porque, de momento, la fortaleza de los beneficios parece mantenerse.
Las previsiones para esta temporada de resultados son positivas. Como sabes, comenzamos siempre por Estados Unidos, que es donde se da el pistoletazo de salida, y los analistas mantienen unas expectativas elevadas. Se estima un crecimiento de los beneficios superior al 20%, en torno al 29%, y un crecimiento de los ingresos cercano al 12%. Sería el segundo trimestre consecutivo con un crecimiento de beneficios superior al 20%, claramente por encima de la media histórica de cinco y diez años.
Son noticias positivas y, en principio, un catalizador para que octubre no sea, históricamente, un mal mes para la bolsa.
¿Cuál es la espada de Damocles o la piedra en el camino para estos resultados empresariales? Los tipos de interés a largo plazo. Antes del verano hablábamos de que alcanzar el 5% en el bono estadounidense a diez años sería un nivel récord y podría comenzar a generar inestabilidad. Ahora esa referencia se ha situado en el 6%, un nivel históricamente elevado en el que la renta fija comenzaría a resultar más atractiva frente a la renta variable.
Por tanto, las perspectivas sobre los beneficios empresariales son positivas y constituyen un catalizador favorable para el mercado durante este mes de octubre y para el inicio de la temporada de resultados. Sin embargo, debemos vigilar los tipos de interés a largo plazo, no solo el bono estadounidense a diez años, sino también los de otros mercados a nivel global.
En cuanto a los resultados empresariales, será especialmente importante analizar las proyecciones que proporcionen las propias compañías.
Las perspectivas son especialmente positivas para las empresas relacionadas con la tecnología, los materiales, la energía y la biotecnología. En todos estos sectores sigue teniendo un gran peso el impulso de la inteligencia artificial y la inversión asociada a ella.
Por el contrario, se espera una mayor presión sobre los beneficios de las compañías vinculadas al consumo estable.
En este contexto de mercados y economía, ¿dónde estás viendo potencial y, quizá también, refugio? Los índices se han alejado ligeramente de los máximos alcanzados hace tan solo un mes.
Nuestra tesis sigue centrada en la inversión y en el aumento del CAPEX de las compañías. La inversión en inteligencia artificial no se limita a las empresas tecnológicas que están destinando recursos directamente a ella, sino que también genera oportunidades en compañías vinculadas a toda la cadena de inversión. Hablamos de empresas que desarrollan centros de datos, infraestructuras, electrificación y compañías industriales. Estos siguen siendo nuestros principales sectores de apuesta.
También encontramos un componente defensivo en el sector eléctrico, que está directamente relacionado con las necesidades energéticas derivadas del desarrollo de la inteligencia artificial. Además, puede resultar atractivo para el inversor por su rentabilidad por dividendo. A la hora de equilibrar y diversificar la cartera, sí tendría cierta exposición al consumo estable, especialmente a compañías del sector de la alimentación. También empezaría a analizar el sector farmacéutico, que ha sufrido un castigo importante. En el sector bancario mantendríamos una posición neutral, a pesar de la subida de los tipos de interés, debido a la posible amenaza que supone una desaceleración del crecimiento económico.
Por último, siempre debería existir un porcentaje de oro en las carteras. Históricamente ha desempeñado un papel relevante como activo diversificador. Aunque actualmente, a raíz de la revalorización del dólar, parece estar experimentando cierto retroceso, sigue siendo un activo interesante para mantener en cartera y contribuir a descorrelacionarla de las dos grandes clases de activos: renta fija y renta variable.

