Uno de los efectos más visibles de esta situación se está produciendo en el mercado del petróleo. El barril de Brent ha llegado a acercarse a los 120 dólares, un nivel que no se alcanzaba desde 2022. Este movimiento responde al temor de que la tensión geopolítica afecte al suministro energético, especialmente si se producen interrupciones en rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz, uno de los principales puntos de tránsito del petróleo a nivel mundial. Aunque posteriormente el precio ha moderado parte de la subida, el repunte sigue siendo relevante y refleja que el mercado ya está incorporando una prima de riesgo ante posibles problemas logísticos en la región.
Ante este escenario de volatilidad, este experto recomiendan evitar decisiones precipitadas en la gestión de las carteras. Castelo insiste en que lo primero que debe hacer un inversor en momentos de incertidumbre es mantener la calma y analizar el contexto con perspectiva. En sus palabras, “lo importante no es reaccionar al titular, sino distinguir si estamos ante un susto de corto plazo o ante un cambio más profundo del escenario”. Es decir, antes de tomar decisiones drásticas conviene evaluar si el mercado está atravesando una corrección puntual o si realmente se está produciendo un cambio estructural en el entorno económico.
Petróleo por encima de 100 dólares: efectos en la economía y los Bancos Centrales
Actualmente el mercado está descontando principalmente dos riesgos. El primero es la subida abrupta del petróleo, que podría trasladarse rápidamente al conjunto de la economía a través de mayores costes energéticos. El segundo es la posibilidad de que ese encarecimiento termine generando más inflación y menos crecimiento económico. Este escenario explicaría la presión que se está observando en la renta variable, así como el fortalecimiento del dólar y el repunte de las rentabilidades de la deuda estadounidense.
Un petróleo elevado tiene implicaciones macroeconómicas importantes. Cuando el precio del crudo supera los 100 dólares por barril, el impacto sobre la economía comienza a ser significativo. Si se consolida cerca de los 120 dólares durante un periodo prolongado, el riesgo para la inflación y el crecimiento aumenta de forma considerable. De acuerdo con estimaciones del Banco Central Europeo, un aumento permanente del 14% en el precio del petróleo y del gas podría restar aproximadamente una décima al crecimiento económico y añadir hasta cinco décimas a la inflación. Esto significa que el encarecimiento energético no solo afecta al precio del combustible, sino también a los costes de transporte, producción industrial y logística, lo que termina trasladándose a toda la economía.
Además, un entorno de energía cara complica la actuación de los bancos centrales. Si la inflación repunta debido al encarecimiento del petróleo, tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo dispondrán de menos margen para bajar los tipos de interés. Esto podría provocar que las condiciones financieras se mantuvieran restrictivas durante más tiempo, lo que tiende a presionar negativamente a los mercados bursátiles.
En este contexto, algunos sectores son especialmente sensibles al aumento del precio del petróleo. Actividades intensivas en consumo energético, como el transporte, las aerolíneas o determinadas industrias, suelen verse más perjudicadas. También pueden verse afectadas las compañías tecnológicas o de crecimiento si al mismo tiempo aumentan los tipos de interés reales. Por el contrario, sectores como el energético o el de defensa suelen resistir mejor en entornos de tensión geopolítica.
¿Qué hacer con la cartera en un entorno de volatilidad al alza? Valores para invertir
Ante este panorama, la estrategia recomendada consiste en ajustar las carteras de forma gradual y ordenada. Castelo subraya que no es momento de abandonar el mercado, pero tampoco de mantener un nivel de riesgo excesivo. En su opinión, “no es momento de deshacerlo todo, pero tampoco de mantener una cartera demasiado expuesta a los segmentos más cíclicos”. Por ello, recomienda elevar ligeramente la liquidez, reducir posiciones demasiado concentradas y priorizar compañías con modelos de negocio sólidos, balances fuertes y capacidad para trasladar la inflación a sus clientes.
Otra de las ideas clave que destaca el analista es la necesidad de diferenciar entre proteger una cartera y paralizarse por miedo. Como explica claramente, “no se trata de huir del mercado, sino de ganar resiliencia”. Esto implica construir carteras más equilibradas, con mayor diversificación y con exposición a empresas de calidad capaces de soportar entornos económicos más complejos" .Asimismo, "es importante comprender que proteger una cartera no significa necesariamente vender acciones. En muchos casos, una buena estrategia defensiva consiste en mantener algo más de liquidez, diversificar los activos y tener cierta exposición a sectores favorecidos por el contexto o incluso a activos considerados refugio". En la actualidad, por ejemplo, el dólar está actuando como activo defensivo, mientras que el oro mantiene un papel tradicional como elemento de estabilidad dentro de las carteras.
Pese a la volatilidad actual, los periodos de corrección también pueden abrir oportunidades para los inversores que disponen de liquidez y tienen un horizonte de largo plazo.
La historia de los mercados demuestra que los momentos de mayor incertidumbre suelen terminar ofreciendo puntos de entrada interesantes, siempre que se actúe con disciplina y sin precipitación. En este sentido, el experto de iBroker menciona algunos valores del mercado español que podrían resultar atractivos si se producen nuevas caídas. Uno de ellos es Iberdrola, considerada una de las compañías "más defensivas del IBEX 35 gracias a la estabilidad de su negocio regulado y a la visibilidad de sus beneficios". También destaca Repsol , que podría beneficiarse directamente de un entorno de petróleo elevado y que mantiene una política de remuneración al accionista atractiva mediante dividendos y recompra de acciones. Por último, menciona a Inditex como "uno de los valores de mayor calidad de la bolsa española, con un modelo de negocio sólido y una gran capacidad de adaptación incluso en contextos económicos complicados".
En definitiva, el escenario actual está marcado por la incertidumbre geopolítica y por el impacto potencial del encarecimiento del petróleo en la economía global. Aunque la volatilidad puede continuar mientras persista el conflicto, la clave para los inversores es mantener la disciplina y evitar decisiones impulsivas. Como resume el propio Castelo, el objetivo no debe ser adivinar el suelo del mercado, sino construir carteras capaces de resistir la volatilidad: “no se trata de adivinar el suelo del mercado, sino de tener una cartera capaz de soportar más volatilidad sin obligarnos a vender mal”.

