El entorno macro sigue marcado por una combinación de crecimiento resiliente, inflación aún elevada, un petróleo disparado y tensiones geopolíticas como la de Irán. ¿Cuál diríais que es hoy el principal factor que está condicionando los mercados de renta fija?

Ahora mismo, el factor determinante para los mercados es el conflicto bélico y, sobre todo, su duración. Desde la perspectiva del mercado, los inversores parecen estar descontando un escenario de conflicto más prolongado, algo que se refleja en los ajustes de precios que hemos visto recientemente, no solo en el petróleo sino también en los bonos. La gran incógnita es cuánto tiempo puede prolongarse esta situación. En función de esa duración podremos ver una posible desescalada.

En Swisscanto estamos especialmente atentos a dos elementos: el precio del petróleo y la actuación de los bancos centrales. La evolución del crudo será clave, ya que un repunte sostenido podría trasladarse a la inflación o al ajuste macroeconómico, lo que a su vez condicionaría las políticas monetarias. Podemos mirar como referencia lo ocurrido en 2022: entonces vimos una escalada continuada del precio del petróleo, que se mantuvo durante cinco meses consecutivos por encima de los 100 dólares. Ese escenario no es el que estamos viendo ahora: hay volatilidad intradía, pero todavía no una permanencia en esos niveles. Además, en aquel momento la inflación ya estaba claramente por encima del objetivo de los bancos centrales, algo que hoy no sucede de la misma manera.

Por tanto, la duración del conflicto será clave para marcar la tendencia y para determinar cómo podrían ajustarse las políticas monetarias. A corto plazo vemos cierta agitación en los mercados, pero preferimos mantener una postura prudente y evitar decisiones precipitadas. Conviene recordar, además, la cantidad de acontecimientos que se han producido en poco tiempo —sin ir más lejos en 2025— y cómo, pese a ello, los mercados terminaron ofreciendo rendimientos bastante positivos.

Dentro del universo de renta fija, ¿qué segmentos os parecen más interesantes en estos momentos de mercado volátil?

La renta fija, como cualquier otro tipo de activo, también ha experimentado un repunte de volatilidad y ajustes en los precios. Recientemente hemos visto, por ejemplo, cómo los bonos soberanos se han ajustado a niveles más elevados, algo que no observábamos desde que Alemania cambió su política fiscal en marzo del año pasado. En este contexto, nuestra aproximación pasa por construir carteras diversificadas. Históricamente hemos defendido mantener duraciones más neutrales, precisamente para evitar el impacto de los movimientos de tipos que estamos viendo ahora mismo. Creemos también que es importante incorporar crédito en las carteras, ya que este segmento tiende a descorrelacionarse en cierta medida de los movimientos de tipos que afectan a estrategias con duraciones más largas. En definitiva, en el actual entorno de renta fija apostamos por una elevada diversificación, mantener duraciones neutrales y estar atentos a las oportunidades que puedan surgir en los próximos días.

¿Cómo estáis gestionando el equilibrio entre duración, calidad crediticia y generación de carry?

Partimos de un contexto en el que los tipos de interés en Europa y Estados Unidos ofrecen rendimientos muy cercanos a la inflación actual. Esto obliga a buscar retornos superiores, ya que de lo contrario estaríamos ante rendimientos reales neutros o incluso casi negativos, especialmente en el caso europeo. Por ello defendemos la necesidad de ir más allá de posiciones exclusivamente en depósitos o monetarios y ampliar la exposición dentro de la renta fija para tratar de obtener mayores rentabilidades. Una de las vías es la deuda corporativa, combinada con duraciones algo más largas, en torno a 3 o 4 años, que pueden incorporarse en determinadas posiciones dentro de una cartera más core y conservadora del inversor español. De esta forma es posible mantener una calidad crediticia elevada, aunque introduciendo cierto grado de subordinación en algunos activos, como los híbridos corporativos en el caso de las empresas o los CoCos en el sector financiero.

En el segmento de high yield, por ejemplo, nos inclinamos por el secured high yield; es decir, ya que se asume el riesgo propio de este segmento, preferimos situarnos en la parte más alta de la estructura de capital e invertir en bonos con colateral, que te permite obtener carry más elevados, pero con la protección adicional de contar con un activo —tangible o intangible— que respalda la emisión. Con este enfoque evitamos una mayor subordinación dentro del high yield y también la exposición a bonos con calificación triple C. En conjunto, creemos que es una forma de aportar algo más de rentabilidad a una cartera conservadora y, al mismo tiempo, tratar de batir la inflación, que es uno de los principales objetivos

En algunos segmentos del mercado empiezan a aparecer señales de estrés, especialmente en compañías más endeudadas. ¿Creéis que veremos un repunte de los defaults en los próximos años?

Por ahora no lo creemos. De hecho, las expectativas de default o de tasas de bancarrota se sitúan actualmente en niveles muy bajos, prácticamente en mínimos. Las previsiones tanto para este año como para el próximo apuntan a cifras contenidas. Es cierto que dentro del ciclo crediticio estamos observando cierto aumento del endeudamiento en algunas compañías o sectores concretos —por ejemplo, en el caso de las inversiones en capital (capex) vinculadas a la inteligencia artificial—, pero partimos de una base muy baja; tanto en high yield como en investment grade, los niveles de apalancamiento se mantienen en mínimos. Además, dentro de un ciclo crediticio es normal que aparezcan algunos focos de mayor endeudamiento, pero por ahora no vemos un sector concreto que pueda provocar un repunte generalizado de las tasas de bancarrota como ha ocurrido en otros periodos.

También es importante destacar que hoy las compañías están, en general, mejor financiadas. Han alargado los vencimientos de su deuda y tienen una menor exposición a corto plazo. Esta evolución se ha ido consolidando desde la crisis financiera de 2008 y proporciona a las empresas una mayor flexibilidad para afrontar entornos de mercado más volátiles.

¿Qué papel pueden jugar los mercados emergentes en una cartera global de renta fija?

En primer lugar, conviene mirar lo que ha ocurrido recientemente en los mercados. Hemos visto ajustes en las tasas y en los bonos soberanos tanto en mercados desarrollados como en emergentes. Al mismo tiempo, el dólar se ha fortalecido, actuando como moneda refugio en un contexto de tensiones geopolíticas, lo que también ha provocado ajustes en las divisas de los mercados emergentes. Este impacto suele ser mayor en los países que son importadores netos de petróleo. Aun así, los mercados emergentes siguen siendo un universo muy amplio y diversificado. Parten, además, de una base estructural relevante: actualmente contribuyen con más del 60% al PIB mundial. Por ello creemos que tiene sentido incluir exposición a estos mercados dentro de una cartera global de renta fija bien diversificada.

A comienzos de año partíamos de una tesis clara sobre emergentes. Por un lado, ofrecen perspectivas de crecimiento superiores a las de los mercados desarrollados y, por otro, presentan tipos reales —o rendimientos reales— más elevados, en gran parte gracias a una mejor gestión de la inflación en muchos países. De hecho, la inflación en mercados emergentes se encuentra ahora en niveles similares a los de los mercados desarrollados, algo que no se veía desde hace mucho tiempo. Esto reduce la necesidad que tenían en el pasado de recurrir a devaluaciones de sus monedas para compensar desequilibrios.

En este contexto, seguimos viendo un viento de cola estructural para la deuda emergente. Es cierto que el entorno actual introduce volatilidad, pero también puede generar oportunidades de entrada. En cualquier caso, siempre entendemos esta exposición como parte de una cartera de renta fija diversificada.

De cara a 2026, ¿qué papel debería jugar la renta fija dentro de una cartera diversificada y qué claves deberían vigilar los inversores en los próximos meses para entender hacia dónde se dirige el mercado?

La renta fija seguirá siendo un elemento clave en la cartera del inversor español. De hecho, se estima que entre el 60% y el 70% de la cartera media de ahorro en España está invertida en este tipo de activos. En este contexto, el punto de partida es observar cómo evolucionan los mercados. El inversor español tiende a ser conservador, por lo que normalmente mantiene una exposición limitada al riesgo y a las duraciones largas. Sin embargo, también hay que tener en cuenta que los tipos de interés en Europa se sitúan en niveles en los que resulta necesario buscar alternativas que permitan superar una inflación en torno al 2%, ya que, de lo contrario, los rendimientos reales pueden situarse en niveles neutrales o incluso ligeramente negativos. Por ello, puede tener sentido ampliar la exposición dentro de la renta fija hacia segmentos como el crédito, que pueden aportar algo más de rendimiento y ayudar a mejorar la rentabilidad media de la cartera core.

De cara a los próximos meses, hay varios factores que conviene vigilar. El primero es la evolución del conflicto geopolítico actual: su duración y una posible desescalada serán determinantes para los mercados. A partir de ahí, hay dos variables especialmente relevantes. La primera es el precio del petróleo. Hemos visto volatilidad en el corto plazo, con movimientos diarios influenciados también por declaraciones políticas, como las del presidente Trump. Sin embargo, si observamos el mercado de futuros a seis o doce meses, los precios no han repuntado de forma significativa, lo que sugiere que el mercado no está descontando, por ahora, un conflicto prolongado. El segundo factor clave son las decisiones de política monetaria de los bancos centrales. Su actuación será fundamental para contener posibles repuntes de inflación y determinar cómo deberían ajustarse las carteras. En cualquier caso, partimos de una situación más favorable que en episodios anteriores, como en 2022, cuando la inflación ya se encontraba en niveles mucho más elevados desde el inicio.