¿Cómo definiría los resultados de 2025 desde un punto de vista financiero?
ER: Excelente. Sin duda, 2025 ha sido un año excepcional en todos los aspectos. Si tuviera que calificarlo académicamente, sería una matrícula de honor.
Desde el punto de vista bursátil, la evolución ha sido muy destacada. A 31 de diciembre de 2024 cotizábamos a 1,4 euros por acción y cerramos 2025 en 3,11 euros. Esto supone que la capitalización de la compañía pasó de 92,1 millones de euros a 248 millones, es decir, un incremento de 156 millones de euros, lo que representa un crecimiento del 170%.
Pero no solo ha sido positiva la revalorización. Durante el ejercicio adquirimos una autocartera por 2,4 millones de euros. Esto implica que los accionistas actuales incrementan su peso relativo en la compañía, ya que parte del capital está en manos propias. En términos de valoración, aproximadamente 7,4 millones de esos cerca de 250 millones de capitalización no están en manos de inversores externos, sino de la propia sociedad.
Si analizamos los resultados operativos, también han mejorado. Hemos reducido las pérdidas en un millón de euros, pasando de 3,1 millones a 2,6 millones. No obstante, este dato por sí solo no refleja la realidad económica de la compañía. Por nuestra idiosincrasia, la cuenta de resultados no recoge todos los ingresos generados, ya que las subvenciones destinadas a financiar inversiones no se registran en la cuenta de resultados, sino directamente en el patrimonio neto.
Si analizamos el estado de ingresos y gastos consolidados conjuntamente con los movimientos en patrimonio neto, la compañía ha obtenido un resultado positivo de 2,6 millones de euros. Es decir, aunque la cuenta de resultados refleja una pérdida contable de 2,6 millones, el resultado real agregado es un beneficio de 2,6 millones. Frente a una pérdida comparable de 3,1 millones el año anterior, esto supone una mejora total de 5,7 millones de euros.
Además, la compañía no solo ha mantenido su ritmo inversor, sino que lo ha intensificado, generando mayor valor para el accionista. En 2024 destinamos 8,4 millones de euros a inversión e I+D; en 2025 incrementamos esa cifra en 4,2 millones, hasta alcanzar los 12 millones de euros, lo que representa un aumento del 50%.
Por último, en términos de liquidez, cerramos el ejercicio con 28,4 millones de euros. En conjunto, si se analizan todas las magnitudes, incluida la pérdida contable que aparece en la cuenta de resultados, pero que debe interpretarse correctamente junto con el estado de ingresos y gastos consolidados y los movimientos en patrimonio neto, 2025 ha sido, sin duda, un año excepcional para la compañía.
Tras la decisión de reenfocar los recursos en oncología, ¿qué impacto esperan que tenga esta estrategia sobre los próximos hitos tanto desarrollo clínico como sobre la posición de la compañía en el mercado de epigenética oncológica?
CB: Me gustaría matizar este punto. Oryzon Genomics es una compañía con un perfil de riesgo más equilibrado que otras biotecnológicas porque se apoya en dos grandes pilares: el sistema nervioso central (CNS) y la oncología.
Seguimos apostando con firmeza por el área de CNS, en particular en trastorno límite de la personalidad, esquizofrenia y autismo. Una prueba clara de ello es la reciente incorporación de un nuevo director médico con una trayectoria de primer nivel internacional, formado como psiquiatra en Harvard y con experiencia en multinacionales y compañías de gran prestigio. Esta incorporación se suma al refuerzo previo del área regulatoria, con consultores especializados en toxicología, expertos en la FDA y un panel de psiquiatras estadounidenses de primer nivel.
Por tanto, no abandonamos el sistema nervioso central ni el trastorno límite de la personalidad. Es cierto que debemos continuar interactuando con la FDA, y ya anticipamos que los tiempos regulatorios eran difíciles de prever. Tras varias interacciones previstas en los próximos meses, esperamos poder presentar un nuevo protocolo antes de final de año.
Dicho esto, la oncología ha cobrado un protagonismo creciente. Actualmente contamos con siete ensayos clínicos en marcha en Estados Unidos con nuestra molécula. Seis de ellos están financiados por el National Cancer Institute o por instituciones académicas de primer nivel.
Recientemente, la Universidad de Yale ha iniciado un estudio fase 1/2 en cáncer de pulmón de célula pequeña en combinación con radioterapia y quimioterapia. Que una institución de este prestigio asuma el coste de un ensayo de varios millones de dólares refleja la confianza que la élite de la oncología estadounidense deposita en la molécula y en su mecanismo de acción.
En el marco de nuestra colaboración público-privada, hemos presentado resultados en el congreso anual de la American Society of Hematology (ASH) el pasado diciembre, donde sorprendimos a la comunidad científica al comunicar un 100% de respuestas clínicas: todos los pacientes tratados mostraron mejoría. De ese total, el 90% alcanzó remisión completa y el 70% pudo ser llevado a trasplante, la única opción potencialmente curativa, pese a tratarse de pacientes de edad avanzada y con un estado de salud delicado.
El ensayo continúa, con un objetivo de 21 pacientes, de los cuales ya se han reclutado 15. En junio esperamos presentar datos actualizados en el congreso anual de la European Hematology Association (EHA), la gran cita europea en hematología. Confiamos en mantener esta tasa de respuestas globales, aunque habrá que confirmar los datos. El interés que está despertando esta aproximación terapéutica es muy elevado, especialmente porque se dirige a un subgrupo de pacientes con muy mal pronóstico y una esperanza media de vida de apenas cinco meses con las terapias actuales. Creemos que estos avances pueden transformar la percepción del mercado sobre la compañía y tener un impacto relevante en su valoración a lo largo del año.
Además, contamos con otro programa en hematología con la misma molécula (iada), enfocado en anemia falciforme. Este desarrollo encaja en el nuevo paradigma farmacéutico: pasar de tratamientos muy costosos para pocos pacientes durante un tiempo limitado a terapias de precio medio dirigidas a grandes poblaciones y administradas de forma crónica. En la anemia falciforme hay aproximadamente 300.000 pacientes en el mundo y, si confirmamos eficacia, estaríamos ante un tratamiento potencialmente de por vida.
El mecanismo de acción está respaldado por evidencia científica previa y contamos ya con datos preliminares en voluntarios sanos. El ensayo clínico está reclutando con rapidez; hemos completado dos cohortes, confirmando que el fármaco es seguro y bien tolerado. En los próximos meses esperamos empezar a observar señales iniciales de actividad terapéutica que podrían mitigar o incluso corregir la enfermedad.
En definitiva, en los próximos cuatro a ocho trimestres prevemos un flujo constante de datos: de nuestros ensayos en anemia, de los estudios académicos en neoplasias mieloproliferativas, en cáncer de pulmón de célula pequeña y en otras indicaciones oncológicas en marcha en Estados Unidos. Esa “lluvia fina” de resultados debería tener un impacto relevante en la visión estratégica de la compañía y, previsiblemente, en su valoración en el mercado.
¿Qué peso han tenido en el gasto de I+D los programas más intensivos en capital, como las combinaciones de iadademstat en AML (FRIDA, ALICEâ2) y la preparación de un Fase III con vafidemstat en psiquiatría, y cómo esperan que evolucione este mix en 2026?
CB: Está claro que una parte importante del peso en oncología lo está asumiendo actualmente el contribuyente norteamericano. Por nuestra parte, el foco ha estado muy centrado en FRIDA, que ya ha finalizado y del que presentaremos los resultados definitivos.
Creemos que la apuesta más competitiva para lograr una aprobación acelerada y una llegada temprana al mercado es posicionarnos en primera línea con la combinación de iadademstat junto a venetoclax y azacitidina. Precisamente eso es lo que está demostrando el ensayo ALICE-2, con un 100% de respuestas hasta la fecha. Es el segmento donde se concentra la mayor parte del mercado y donde podemos captar a aquellos pacientes que hoy no están siendo adecuadamente tratados y que tienen elevadas tasas de mortalidad.
Por tanto, el principal esfuerzo este año será preparar el siguiente paso para que, una vez concluya ALICE-2, podamos iniciar un ensayo que ya estaría orientado a RESTORE. De hecho, ALICE-2 nos permitiría avanzar directamente hacia un fase 2-3 con potencial de aprobación, es decir, un estudio ya encaminado a una posible autorización en el mercado.
En cuanto a vafidemstat, seguimos trabajando y esperamos volver a someter el protocolo a finales de año. La intención de la compañía es iniciar la fase III el próximo ejercicio, en función del calendario regulatorio.
En este periodo intermedio, el grueso de la financiación está claramente dirigido a oncología y hematología. No obstante, la ayuda europea IPCEI nos ha aportado recursos adicionales que estamos destinando a estudios complementarios necesarios para vafidemstat en trastorno límite de la personalidad. No se trata de ensayos clínicos pivotales, sino de estudios auxiliares que forman parte del desarrollo del programa.
Tras los datos positivos presentados en ASH con iadademstat, especialmente en primera línea de LMA con un 100% de tasa de respuesta global, ¿cuáles son los próximos hitos clínicos y regulatorios más relevantes en 2026 para iadademstat en oncología y qué papel estratégico juega hoy iadademstat dentro del pipeline de Oryzon?
CB: Creo que el inversor debe centrarse especialmente en los datos que se presentarán de ALICE-2 en junio y, previsiblemente, en diciembre en ASH, ya que nuestra intención es completar el estudio a finales de año. Si los resultados se mantienen en la línea actual, el siguiente paso sería reunirnos de inmediato con la FDA para definir el diseño de un fase 2-3 con el objetivo de avanzar hacia una posible aprobación.
Asimismo, iremos comunicando los datos clínicos del estudio RESTORE en anemia falciforme (Sickle Cell Disease). Se trata de un ensayo abierto (open label), lo que nos permite ir actualizando la información a medida que se generen y validen los resultados.
Si los datos de eficacia acompañan al perfil de seguridad ya observado, la estrategia sería avanzar hacia un desarrollo fase 2-3 con enfoque regulatorio y potencial vía de aprobación.
En este momento, creemos que es precisamente en estos hitos donde el inversor debe centrar su atención, ya que consideramos que en los próximos cuatro a ocho trimestres es donde se concentrará la mayor creación de valor para la compañía.
Oryzon está expandiendo también el desarrollo de iadademstat a enfermedades no oncológicas, con el estudio RESTORE en anemia falciforme y el nuevo ensayo IDEAL de Fase II recientemente aprobado por la EMA en trombocitemia esencial ¿Qué relevancia estratégica tiene este programa dentro del portfolio de iadademstat y qué tipo de datos clínicos podemos esperar a lo largo de este año?
CB: Efectivamente, estamos hablando de dos aproximaciones distintas con la misma molécula. En ALICE-2 nos dirigimos a un cáncer muy agresivo como la leucemia mieloide aguda, donde la estrategia terapéutica implica dosis más altas con el objetivo de prolongar la supervivencia o incluso ofrecer una posibilidad de curación. Es un contexto oncológico clásico, con tratamientos de duración limitada y un posicionamiento de precio acorde al ámbito hospitalario y de alta complejidad.
En anemia falciforme, en cambio, el enfoque es completamente diferente. Hablamos de pacientes jóvenes que empiezan a desarrollar complicaciones orgánicas graves, dolor crónico, afectación pulmonar y otros fallos sistémicos. Aquí el planteamiento es el de un tratamiento potencialmente crónico, de por vida, con un precio más moderado por paciente, pero con una base poblacional amplia que, en agregado, puede generar un valor muy significativo para la compañía.
A este desarrollo hemos añadido ahora el programa en trombocitemia esencial con el ensayo IDEAL, recientemente autorizado por la European Medicines Agency. Esta indicación tiene además una lectura estratégica clara. Existe un competidor estadounidense que fue adquirido por Merck & Co.. Su molécula mostró limitaciones en oncología y es menos potente que la nuestra, pero ha avanzado en trombocitemia esencial, una enfermedad caracterizada por una proliferación excesiva de plaquetas —pacientes que pueden pasar de 300.000–400.000 plaquetas a cifras de cinco o seis millones—, con el consiguiente riesgo trombótico y complicaciones orgánicas.
Merck está desarrollando actualmente una fase III cuyos resultados podrían conocerse en 2027. En el sector farmacéutico, cuando se valida un mecanismo de acción, el interés competitivo se dispara —como hemos visto recientemente con los agonistas GLP-1 en obesidad—. Nuestra estrategia con IDEAL es adelantarnos y generar una prueba de concepto fase II con 30–35 pacientes que nos permita demostrar que nuestra molécula puede ser incluso más eficaz.
De este modo, si el mercado confirma el interés por este mecanismo tras los datos de fase III del competidor, nosotros contaríamos ya con datos clínicos propios que posicionen a iadademstat como una alternativa sólida y potencialmente superior.
En términos estratégicos, este programa amplía el valor de iadademstat más allá de la oncología pura. Refuerza la idea de que estamos ante una molécula con capacidad de expansión a múltiples indicaciones hematológicas y no oncológicas, diversificando riesgo, ampliando mercado potencial y generando opcionalidad estratégica dentro del portfolio.
En el área de SNC, Oryzon está preparando la re-sumisión del estudio de Fase III en agresividad en trastorno límite de la personalidad tras el feedback de la FDA y, al mismo tiempo, sigue avanzando en esquizofrenia y en un nuevo ensayo en autismo. ¿En qué momento se encuentra hoy el desarrollo de vafidemstat y cuáles serán los próximos pasos más relevantes que veremos en este programa en 2026?
CB: Como comentaba anteriormente, en estos momentos estamos trabajando de forma muy intensa en el área del sistema nervioso central. Una prueba clara es el refuerzo estructural que hemos llevado a cabo: hemos fortalecido el equipo regulatorio, incorporado expertos con amplia experiencia en la industria y nombrado un nuevo Chief Medical Officer para SNC. Aunque valoramos muy positivamente el trabajo realizado por Michael Ropacki, el anterior responsable médico, la incorporación de Rolando Gutiérrez-Esteinou responde a la necesidad de afrontar esta fase del desarrollo con el máximo rigor y coordinación.
Las interacciones con la FDA son complejas y los tiempos que estamos manejando son plenamente estándar dentro de la industria; no hay nada excepcional en nuestro caso. Nuestro objetivo razonable es poder realizar la re-sumisión del protocolo de fase III en agresividad en trastorno límite de la personalidad antes de final de año. Si ese calendario se cumple, durante 2026 estaríamos en disposición de iniciar el estudio fase III.
En paralelo, hemos ampliado el ensayo en esquizofrenia a otros países europeos. Estamos a punto de comenzar el reclutamiento en estos nuevos centros, lo que debería acelerar de forma significativa la inclusión de pacientes, tradicionalmente compleja en esta indicación. Tras el importante trabajo realizado en España, confiamos en que esta expansión internacional nos permita alcanzar los hitos previstos y situar la lectura de resultados hacia finales de 2027.
Por último, estamos avanzando en un nuevo proyecto en autismo, centrado en una variante genética asociada a regresión y síntomas de agitación e irritabilidad en población pediátrica. Este programa está íntegramente financiado con fondos europeos obtenidos a través del proyecto IPCEI. Prevemos presentar el protocolo del ensayo clínico en Europa —inicialmente en España— en las próximas semanas, con el objetivo de iniciar el estudio durante el primer semestre.
¿Qué mensaje clave le gustaría trasladar hoy a los inversores de bolsa sobre el reposicionamiento de Oryzon?
CB: Es cierto que el entorno actual es complejo. La situación bélica en Oriente Medio está generando incertidumbre y los mercados reaccionan con prudencia y mayor aversión al riesgo. Sin embargo, al margen de este contexto macro, la compañía se encuentra en una posición excelente.
Tras los resultados tan positivos obtenidos en leucemia mieloide aguda, lo primero que hicimos fue analizar nuestra competitividad real. En biotecnología no basta con obtener buenos resultados académicos; es fundamental que sean trasladables a la práctica clínica y que resistan a la comparación con la competencia.
Hemos contrastado nuestros datos y nuestro enfoque con los de otros desarrollos, como los inhibidores de menina o los inhibidores de FLT3, y concluimos que somos plenamente competitivos, en algunos casos incluso superiores.
La siguiente cuestión estratégica fue definir cómo avanzar hacia un ensayo fase 2-3 rápido, orientado a aprobación. La clave es la estratificación de pacientes. Podemos identificar subgrupos con mutaciones específicas —como TP53— que tienen muy mal pronóstico con el tratamiento estándar y cuya supervivencia es muy limitada. En estos pacientes existe la posibilidad de demostrar una mejora clara frente al estándar, lo que permitiría observar resultados antes y diseñar ensayos más cortos.
Este tipo de aproximación ya ha sido validada por la FDA en otros desarrollos. Además, en oncología estamos hablando de variables clínicas robustas, como remisiones completas y supervivencia, que son objetivas y difíciles de cuestionar.
En resumen, contamos con resultados sólidos, una posición competitiva clara, capacidad de seleccionar las poblaciones con mayor necesidad médica y una estrategia regulatoria alineada con precedentes que han conducido a aprobaciones. Es un planteamiento canónico en desarrollo oncológico.
He tenido ocasión de presentar esta estrategia recientemente en Nueva York y Boston, y la acogida ha sido muy positiva, generando un alto grado de convicción entre inversores especializados.

