"La gente no busca razones para hacer lo que quiere hacer, busca excusas.” Maugham, William Somerset.


Para entender qué está sucediendo en la economía real, necesitamos hacer referencia ineludiblemente al ciclo económico. Nuestra sociedad es capitalista, lo que sugiere que el capital es la base de nuestro sistema. Más allá incluso de lo económico, podríamos hablar de lo filosófico o incluso de lo cultural. El capital es el que mueve nuestra sociedad, por lo tanto; el ciclo económico. Históricamente se conoce que la economía es cíclica y se compone de cuatro fases; auge, desaceleración o recesión, depresión y recuperación. El estudio del ciclo económico tuvo su auge en la década de los 30 del siglo XX, debido a la Gran Depresión. La complacencia humana llegó a adivinar que se podía erradicar las recesiones debido a la gran prosperidad económica y fue en la década de los 70, en otra profunda recesión, en la que se reactivó el estudio del ciclo económico.

Hay diferentes creencias o doctrinas, que respaldan las actuaciones de los gobiernos respecto a las crisis. Las Keynesianas, que sugieren que el gobierno debe actuar sustituyendo la demanda privada o las teorías más liberales, que sugieren que la libertad económica debe ser tal, que sea el propio sistema el que corrija sus imperfecciones.
En el ciclo económico existe una relación entre el crecimiento económico, el crédito y los errores de inversión que se suceden en las fases alcistas de dicho ciclo económico. En función del nivel de abuso especulativo y absurdidad económica, se genera una burbuja con su posterior explosión y destruyendo el valor ficticio y real creado en el movimiento expansivo precedente.

La expansión económica saludable, deberá respaldarse en el ciclo económico precedente por el ahorro voluntario. El ahorro forma parte del esfuerzo y del trabajo, dos valores inexorablemente unidos al ciclo económico. La falta de sacrificio, respaldada por el crédito masivo tiende a dirigir la economía hacía el camino especulativo, buscando la sobrevaloración en los precios de los activos, que son distorsionados como consecuencia de los bajos tipos de interés y un excesivo capital circulando en los mercados financieros.
Este exceso de liquidez provoca una sobreutilización de capacidad de los bienes de capital, que a su vez provoca una acomodación natural de los tipos de interés a un nivel digamos; no artificial, generalmente muy superior al marcado por los bancos centrales. La actuación correctiva de dichos bancos centrales, se orienta a suplir la falta de crédito provocada por el estallido de una burbuja financiera a su vez, provocada por la ulterior inyección de capital previa del estado. Esta sucesión irremediable de inyecciones de liquidez, termina creando un crecimiento ficticio que tiende a corregir con severas recesiones y estrangulando el crédito barato y provocando que las TIR de las inversiones, rentables gracias a los precios inflados, dejen de ser rentables y ello provoca la quiebra de algunos agentes económicos y el sistema corrige las decisiones erróneas de inversión.

Podríamos remontarnos a finales de la década de los 70 para entender qué está sucediendo en nuestro sistema. Justo cuando en época de Richard Nixon se decidió liquidar el patrón oro (intervención del estado), el dinero entraba en la fase de barra libre total. La capacidad del estado de imprimir dinero se convertiría en ilimitada. Fue entonces cuando el oro dejó de ser un activo monetario per se, y empezó a cotizar en los mercados como un termómetro de la inflación. Si bien es cierto que todavía se considera un activo monetario, no cabe duda de que desde la época de Richard Nixon, el patrón oro dejó de ser el verdadero motor de la liquidez mundial. Este grave error, se ha retroalimentado de la mano de dos presidentes de la FED, como Alan Greenspan y Ben Bernanke. Podríamos dar un salto y pasar de este hito, hacia el crash de 1.987, mi favorito. En 1.987, un grave crack bursátil y el posterior pánico de revivir una nueva gran depresión, provocó las inyecciones de capital de Alan Greenspan para salvar el sistema. Esta excusa y el miedo al colapso, se ha instaurado en nuestra sociedad como algo prácticamente doctrinal. Lejos de entender que la solución a la crisis pasa precisamente por dejar que el propio mercado sea el que corrija las inversiones erróneas provocadas en auges económicos con dosis de humildad, el estado, en este caso alimentado por la FED, inyecta nuevamente liquidez para salvar el sistema. Esta conducta cortoplacista, se instaura en nuestra sociedad dejando de lado por una parte los valores del esfuerzo y el sacrificio y por otro lado, la humildad de reconocer los errores, sufriendo las consiguientes quiebras provocadas por decisiones empresariales equivocadas.

Siguiendo este esquema, el mercado empieza un auge de expansión económica y crediticia, que lleva a los mercados a dos hitos muy importantes, que marcarán el cambio cultural y las posteriores consecuencias en la crisis de 2.008. Por un lado tenemos el rescate del fondo Long Term Capital Management. El prestigioso fondo de inversión, gestionado probablemente con el equipo de mayor talento y coeficiente intelectual que jamás haya existido en la historia de la humanidad, premio Nobel incluido; ¡quebró! debido única y exclusivamente al apalancamiento financiero. Una decisión humana errónea, junto con el abuso del capital especulativo (logró rentabilidades artificiales) terminó con la quiebra de dicho fondo. En ese momento el estado, lejos de dejar que el propio sistema fuera el que corrigiera la decisión errónea de inversión, inyectó liquidez salvando al fondo y dejando que el mundo pudiera seguir creciendo de una forma frágil y meramente artificial, degenerando en la posterior burbuja de .com.

El otro hito que marcara el devenir del siglo XXI fueron las entidades semipúblicas hipotecarias, Fannie Mae y Fredie Mac. Gracias al intervencionismo estatal y a la mano salvadora y redentora de la FED, los bancos entraron en una espiral perniciosa. Lejos de ver riesgos en el excedente crediticio, basaron el auge económico en una generación ilimitada de crédito.

Los errores del pasado en forma de complacencia, provocada en parte por las intervenciones del estado y en parte por las entidades financieras, provocaron la crisis financiera más grave de la historia. La creación de productos derivados y la colocación de deuda como producto de inversión, provocó que el crédito, en lugar de fluir hacia la economía productiva, circulara hacia economía especulativa. Los fondos de inversión compraban la deuda a las entidades financieras, de esta forma, estas entidades financieras lograban convertir el activo en pasivo en sus balances. La codicia provocó que las entidades hipotecarias Fredie Mac y Fannie Mae se convirtieran en empresas colocadoras de hipotecas, más que en empresas financieras. La locura derivó incluso en fondos apalancados que comprarían deuda a crédito. Este comportamiento irracional, comparable a lo que antaño supuso mi querida Tulipomanía, o la compañía de los mares del sur, terminó con la aniquilación de los bancos de inversión, siendo lo más destacable la desaparición de tres de los denominados Big Five de Wall Street; Lehman Brothers quebró, Bear Stearns regalado a JP Morgan y Merrill Lynch absorbido por Bank of America. Goldman Sachs y Morgan Stanley, lograron sobrevivir.

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La aniquilación masiva de valor, provocada por la irracionalidad en las inversiones en el auge económico, provocó una crisis financiera severa de consecuencias inimaginables. El mercado de crédito se colapsó y el crédito dejó de existir. La producción industrial, el comercio marítimo, y la inversión se saturó gravemente en cuestión de semanas. El sistema sufrió un colapso no visto desde la década de los 30 del siglo XX. El “Credit Crunch”, provocó la ejecución masiva de créditos provocando un colapso en los precios de los activos y la exigencia de colaterales sumió a los mercados financieros en una espiral de ventas y pánico, ¡jamás vista por nuestra generación!

Gracias a la degeneración que ha sufrido el crédito desde la época de Nixon, el sistema ha derivado, en mi opinión, hacia un modelo erróneo de crecimiento. El sistema no ha sabido corregir sus ineficiencias y en lugar de ello ha seguido un crecimiento económico basado en el crédito artificial y no en el ahorro y el trabajo. Probablemente los alemanes, han sido la única economía que ha sabido alejarse de los cantos de sirena de la economía especulativa y ha logrado en el trienio de 2.009 a 2.011, el mejor escenario económico de los últimos 20 años, gracias al ahorro y la inversión en la economía productiva y en la innovación.

La economía seca de liquidez, derivó hacia el intervencionismo más Keynesiano. En esta ocasión, las pérdidas provocadas por las malas decisiones de inversión dominantes en el ciclo alcista precedente, fueron corregidas. Sin embargo, la corrección en forma de pérdidas y quiebras recayó en gran medida sobre el contribuyente, nacionalizando los bancos. Esta actuación tan hipócrita, consiste en que sea el socialismo el que salve el sistema capitalista, curiosa paradoja, ¡que creo, no deja de asombrar a propios y extraños!

Con ello llegó la recapitalización bancaria y el famoso QE1. Las primeras medidas cuantitativas, lograron salvar el sistema financiero. Los bancos aprovecharon los fondos públicos en forma de 800 billones de USD para recapitalizarse, encubiertos por la famosa “Hope”, en que fue instaurada la opinión pública, con la elección de Obama y su “¡Yes, we can!”. Llena de esperanza, la caja de los bancos se llenó de dólares. Ben Bernanke, conocido como “helicopter Ben”, pudo poner en marcha sus ambiciones, en un guión propio de Hollywood. Inundar los mercados de liquidez al son del, “Yes, I can”. El objetivo del QE1 era evitar el colapso y provocar que el crédito llegara al sistema productivo, recuperando el efecto riqueza gracias a la subida artificial, nuevamente, de los precios de los activos y recuperando la tasa de paro, con una economía poco sólida, nuevamente no basada en el ahorro y la inversión.

Lejos de llegar al contribuyente, el crédito llegó al capital de los bancos. Los bancos, lograron grandes beneficios, tomando prestado dinero público al 0% e invirtiéndolo en deuda pública al 1,50%, mientras la opinión pública era sometida a la refundación del sistema capitalista de Sarkozy y a la aparición del estado como ente redentor y salvador.
Tras lograr grandes beneficios públicos, los bancos consiguieron privatizar nuevamente su capital social, mientras la tasa de paro seguía creciendo sin parar, al mismo tiempo que lo hacían los déficits de los estados. Tras el fracaso del QE1, Bernanke asombrado de su poder, no escatimó en gastos e implementó el QE2. Este QE2 consistía en 600 billones de USD más y 2 puntos clave.

Una vez recuperado el precio de los activos bursátiles, su intención sería recuperar el mercado inmobiliario para crear el efecto riqueza necesario, para que el consumidor americano decida dejar de ahorrar y volver a pedir créditos para consumir. No deja de ser coherente esta decisión, más sabiendo que el incremento de consumo y el crédito es lo que va a sacar de la crisis a la economía. Más consumo es sinónimo de más inversión por parte de las empresas y más puestos de trabajo. Mejorar la tasa de paro y recuperar el mercado inmobiliario es la obsesión de Bernanke. Sin embargo, estas actuaciones tienen graves consecuencias. Como hemos comprobado el abuso de crédito en la época de auge genera burbujas en los precios de los activos, con su posterior estallido y pérdida de valor.

En Europa, por otro lado, las medidas han sido bien diferentes. El mandato del BCE es controlar la inflación; distinto del mandato de la FED, que es vigilar la inflación y a su vez el crecimiento. Por este motivo es difícil pensar que el BCE inunde de liquidez los mercados.
Trichet influido por una economía germana que vive el mejor ciclo económico probablemente desde el fin de la segunda guerra mundial, no fue tan drástico como Bernanke. En Europa las medidas fueron más largoplacistas y se centran básicamente en reformas estructurales de las economías periféricas. Reducir el déficit y reducir la deuda es el objetivo de los estados miembro. Para lograrlo; sufrimiento de los contribuyentes, privatizaciones y un camino lleno de peligros pero que fortalecerán a largo plazo, sin lugar a dudas Europa.

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Sin embargo, no todo son buenas noticias. Una vez más las medidas intervencionistas provocaron errores. A corto plazo el riesgo de default es evidente. Los CDS de la deuda de Grecia cotizan en máximos históricos y las agencias de rating, han reducido su nota a CCC, un escalón por encima de Selective Default. Grecia está técnicamente quebrada, digan lo que digan y hagan lo que hagan, en parte por una mala gestión de sus gobernantes y en parte por una mala decisión del BCE y del FMI. Los efectos correctivos de la propia economía nos indican que Grecia debería corregir sus decisiones erróneas de inversión de una manera; ¡quebrando!
La quiebra de Grecia debería afectar a su vez a los tenedores de deuda Griega. Eso provocaría una reacción sistémica, que a su vez podría provocar la quiebra de otros países como Irlanda, Portugal y en menor medida España. Estas medidas correctivas, como decía, sirven de lección para los inversores que han tomado decisiones erróneas y sientan las bases para el futuro desarrollo del ciclo económico alcista.

Como comentaba, la economía es pensamiento, para mi ¡cultural más que científico! Por eso una economía basada en valores como el esfuerzo y el sacrificio, es una economía sólida que crece sin abuso del crédito. Alemania es ejemplo, ahorro e inversión han convertido a los alemanes en una economía que lejos de lanzarse encima de la burbuja inmobiliaria, ha centrado sus esfuerzos en el trabajo, la inversión productiva, la innovación y el ahorro. Este es el camino europeo ¡y no otro! A corto plazo, el sufrimiento evidente de Europa se muestra en las bolsas, con un notorio spread con la bolsa americana. Sin lugar a dudas el QE2, impulsó los mercados americanos a partir de noviembre de 2.010 a niveles de máximos históricos, mientras que el mercado europeo como sabemos, permaneció en un mercado bajista complejo, hasta que en el verano de 2.012, tras el rescate de España y la impresión monetaria en forma de QE3 impulso definitivamente los precios hasta los máximos que estamos contemplando con asombro hoy en día.

El futuro se adivina complejo y determinante. La respuesta la veremos en otoño. Los mercados me sugieren que los inversores están tomando beneficios en forma de corrección bursátil, sin embargo, si seguimos el esquema de la teoría de Elliott aplicada a la bolsa americana, podríamos estar en la antesala de una corrección de quinta onda, que podría llevar a los índices americanos a corregir dos tercios del mercado alcista que diera comienzo en 2.009. De todos modos, los mercados siguen técnicamente marcando nuevos máximos, por lo que mientras no observe un esquema de tres impulsos bajistas, no podremos determinar que el selectivo americano ha dado comienzo a una etapa correctiva mayor, lo que implicaría convertir una pauta correctiva menor en una pauta impulsiva mayor y en ese caso, plantearía nuevamente un escenario bajista, potenciado en un fallo en la amplitud de mercado. Por lo tanto, por más volatilidad que observe, sigo pensando que por ahora, esperaré que esta corrección que ha dado comienzo en la bolsa americana, forme parte de una pauta correctiva menor a la espera de que en otoño comprobemos si los máximos vistos esta semana son los últimos del mercado alcista o bien continuamos haciendo propia la norma que mantiene que lo vigente permanece y que por lo tanto, seguimos aprovechando los últimos coletazos de un mercado que por más caro que esté, sigue siendo alcista.
¡Feliz verano a todos/as!
Gisela Turazzini
CEO Blackbird