Los lectores de Arthur Conan Doyle conocerán la historia. Jabez Wilson responde a un anuncio para un puesto de trabajo cuyo único requerimiento es ser pelirrojo. Apelando a su vanidad, el entrevistador (pelirrojo, por supuesto) le explica cómo un excéntrico millonario quiere favorecer a aquellos congéneres de sus mismas características, formando la Liga de los Pelirrojos. Para formar parte de ella, hay algunas condiciones: es necesario acudir diariamente a una oficina, donde realizará un trabajo sencillo y, tan bien remunerado, que nuestro amigo pelirrojo decide abandonar su negocio en manos del joven empleado que le animó a solicitar este puesto. Su única función consistirá en copiar un diccionario y no abandonar su nueva oficina durante el horario marcado (el mismo de su propio negocio). Todo iba según lo establecido hasta que una mañana, al llegar a la oficina, La Liga de los Pelirrojos se había esfumado. 

Lo extraño de la situación lleva a Jabez Wilson a ponerse en las manos del investigador Sherlock Holmes, quien acaba descubriendo la verdadera razón de esta anómala situación. Desde la tienda del Sr. Wilson es fácil cavar un túnel que lleve hasta la bóveda de seguridad de un banco londinense que la banda de ladrones planea atracar. Afortunadamente el desastre se consigue evitar.

Aunque Bernard Maddof no sea pelirrojo, el arma que ha utilizado para atraer a sus inversores ha sido la misma, el deseo de pertenencia a un club exclusivo en el que no es fácil ser admitido. De hecho, sus fondos eran técnicamente cerrados. Madoff permitía la entrada de nuevos inversores sólo tras efectuar algunas consultas sobre el posible inversor. Cuanto más aplicaba este filtro de aceptación, más solicitudes recibía para pertenecer al exclusivo club Madoff.

Uno de los más sólidos argumentos a su favor es que situaba su objetivo de rentabilidad en niveles no muy elevados, entre un 8 y un 12 por ciento, pero si muy estables a lo largo del tiempo. En 1998, coincidiendo con la quiebra de Long Term Capital Mangement y la crisis del rublo en Rusia, uno de los fondos de Maddof generó casi un 13 por ciento de rentabilidad, en un entorno en que la mayoría de los fondos caía.

Un operador de fondos de fondos evaluó la operativa de Madoff en 1990 y decidió no invertir con él al observar posibles conflictos de interés. Según él, a Madoff no le gustaba gestionar activos que no custodiase él mismo (invertía y proporcionaba su propia información de rendimientos obtenidos) e incluso quería ser el liquidador de sus propias operaciones. Una situación enormemente inusual.

En 1991 el regulador americano SEC inculpó a dos contables de Florida por recaudar 440 millones de dólares en Pools de Inversión (vehículo de inversión formado por un conjunto de fondos de inversión a efectos contables y de gestión de activos) no registrados y gestionados por un broker desconocido que resultó ser Madoff. Los fondos se cerraron.

En los últimos años han sido tres feeder funds (fondos cuya inversión está virtualmente en manos de otro fondo, el master fund) los que han encauzado la mayor parte de la inversión hacia Madoff. En total, gestionan unos 15.000 millones de dólares: los fondos de Fairfield Greenwich Group, con 7.300 millones; los de Kingate Global, con 2.800 millones, y los fondos Tremont conocidos como Rye Select Broad Market, con 4.500 millones de dólares. Los feeder funds se caracterizan por su gran aceptación en ese mundo global y opaco representado por los hedge funds. 

El secreto de inversión, la confianza total en la profesionalidad probada por una larga trayectoria de rendimientos positivos en cualquier situación de mercado, llevaron a los inversores a una situación de casi entrega total. La condición humana nunca se hace preguntas en situaciones de bonanza, sólo los reveses de la fortuna nos fuerzan a dudar, a plantearnos cuestiones y a buscar respuestas para ellas.

Esperemos que el caso Madoff nos sirva para recordar en situaciones futuras que, al igual que nunca debemos firmar un contrato sin leerlo, tampoco debemos entrar en una inversión que no entendemos, que no esté adecuadamente diversificada o sobre la que no podemos conocer su valoración diaria

Es una responsabilidad de las autoridades de regulación y supervisión alcanzar ese nivel de seguridad y transparencia en cualquier inversión, cualidades que, a día de hoy, disfrutan los fondos de inversión. 

El caso Madoff ha demostrado nuevamente la indefensión ante la que se encuentran los inversores de banca privada que, confiando ciegamente en el consejo de profesionales, se ponen en sus manos aceptando una opacidad de información que, tal como se ha visto, puede esconder gestiones irregulares. Será necesario refinar y reforzar el proceso de due dilligence si queremos que se recupere la confianza de los inversores y disponer de las herramientas de información y el conocimiento suficientes para hacerles entender los riesgos en los que incurren al firmar un contrato de inversión. 

Los acontecimientos vividos durante 2008 han dejado un saldo excesivamente negativo en los resultados anuales de fondos de inversión y planes de pensiones. La avidez por la liquidez de las entidades financieras les ha llevado a priorizar su oferta de depósitos sobre otros productos de ahorro, algo que con la actual tendencia a la baja de los tipos de interés comienza a perder atractivo. 

Si los fondos de inversión nacionales han visto disminuir su patrimonio un 27 por ciento durante el año, los planes de pensiones lo han hecho un 12 por ciento. De los 66.000 millones de euros de descenso en el patrimonio de fondos de inversión, según VDOS, 19.000 quedan dentro de la renta variable que se ha visto más notablemente impactada por el descenso en la valoración de sus subyacentes, consecuencia de caídas superiores al 45 por ciento de índices bursátiles como el IBEX y el Eurostoxx.

Pero no sólo la renta variable, los monetarios sufrieron un duro golpe con la quiebra de Lehman y pierden 6.800 millones de euros, según los últimos datos de VDOS. Sólo la seguridad brindada por los fondos de la categoría de Renta Fija Garantizado ha conseguido atraer un volumen de inversión positiva de 3.000 millones de euros que, unidos a los 512 millones derivados de rendimientos positivos, han obtenido el único dato de incremento patrimonial por categoría durante el año.

El 2008 quedará en la historia como el punto en el que los alegres años de las altas rentabilidades terminaron y los inversores priorizaron la conservación del capital invertido sobre la obtención de altas rentabilidades, la transparencia sobre la opacidad y la sencillez de conceptos frente a la complejidad. La Liga de los Pelirrojos se ha disuelto.