Creemos que las recientes elecciones presidenciales en Estados Unidos pueden favorecer a los negocios y tener un impacto positivo para la economía y el mercado bursátil.
En nuestra opinión, la elección de Trump tendrá tres impactos principales tanto para la economía como para la renta variable. Algunas de estas implicaciones serán a corto plazo y han sido descontadas de forma significativa por los mercados, mientras que los impactos en la renta variable a medio y largo plazo todavía no se han producido. Y es aquí donde vemos oportunidades.
En primer lugar, el mercado alcista de bonos, que ha durado décadas, probablemente ha llegado a su fin, debido a la elección del presidente Donald Trump y su plan para estimular la economía impulsando tanto los tipos de interés reales, como las expectativas de inflación. El plan de Trump de recortar los impuestos e incrementar el gasto costará alrededor de 4 billones de dólares en estímulos fiscales y debería alentar el crecimiento económico, el déficit presupuestario y los tipos de interés. El mercado lo ha reconocido claramente y ha asumido unos tipos de interés significativamente más elevados.

En segundo lugar, creemos que las propuestas tributarias de Trump son extremadamente favorables para los negocios. En nuestra opinión, la parte más impactante e interesante del plan es la reducción del impuesto de sociedades del 35% al 15%. Aunque el dato exacto de tipo impositivo final es incierto, estimamos que una reducción de un 10% en el impuesto de sociedades debería potenciar los beneficios por acción del S&P 500 alrededor de un 8%. En Estados Unidos, los inversores ya han integrado en parte la posible reducción de impuestos, dado que muchas acciones de compañías de baja calidad orientadas hacia la economía doméstica han liderado el mercado al alza.

Sin embargo, pensamos que el impacto a medio plazo todavía no se ha descontado. En nuestra opinión, una reducción del impuesto de sociedades debería impulsar el flujo de caja que se puede invertir en proyectos que generan valor. De hecho, la independiente “Tax Foundation” estimó que, aunque el plan incrementaría los salarios un 5% durante los próximos 10 años con respecto al salario base, también impulsaría la inversión en capital un 20%. Parece probable, que, si el plan se promulga, el gasto empresarial superará ampliamente el gasto por parte de los consumidores. En general, los beneficios corporativos se verían favorecidos, lo que propiciaría una subida de los mercados de renta variable americanos. Además, un incremento significativo del gasto empresarial podría conllevar una aceleración de la productividad. Dado que las compañías tienen más efectivo para invertir en investigación y desarrollo y para aumentar el gasto de capital, la innovación debería prosperar. En nuestra opinión, el gasto empresarial del sector privado impulsa la innovación, que es la clave de la productividad y la prosperidad.

Finalmente, el equipo elegido para formar parte del gabinete de Trump refleja una fuerte visión conservadora en materia de regulación. Desde la crisis de 2008/2009, el sector financiero ha sido objeto de una intensa actividad regulatoria. Por ejemplo, en uno de los bancos líderes de EEUU, el 20% de los empleados desempeñan funciones de compliance y regulatorias, es decir, que no realizan funciones de servicio al cliente o de generación de ingresos y beneficios. El porcentaje indica que se han duplicado los costes derivados de la intensa regulación que sufre el sector. Pero muchas otras compañías e industrias en EEUU han estado igualmente sujetas al crecimiento de la burocracia regulatoria del gobierno estadounidense, incrementando los costes de “hacer negocios”.

Una reducción en estas cargas regulatorias, a menudo innecesarios, apoyaría la confianza empresarial, la creación de nuevos negocios y la toma de riesgo en las inversiones, descendiendo al mismo tiempo los costes operativos de las compañías. En EEUU, el impacto tanto en la economía real como en el mercado de renta variable sería positivo si se producen estos acontecimientos.