Por un lado, están los dueños de la energía, que manejan casi a su antojo los destinos del mundo occidental, al ser dueños del incesante caudal de liquidez que supone poseer el petróleo o el gas. En los últimos tiempos se han fijado en los equipos de fútbol, como plataformas de notoriedad mundial casi insuperables y ojo, que estos fondos tienen entre sus objetivos el reforzamiento de los valores islámicos. No el único, pero si entre los principales. Así lo indican en sus prospectos, al menos.

Después de que el fondo de inversión nacional de Qatar se hiciera con el Manchester City y el PSG, ahora es el fondo saudí Public Investment Fund, PIF por sus siglas, a las que más vale que se vayan acostumbrando porque sin duda van a sonar mucho en el futuro, el que quiere hacerse con el Olimpique de Marsella, el Inter de Milan y algún que otro club en Brasil.

Ese es el fuerte rumor, sobre el que puede haber novedades en breve, según algunos medios italianos, británicos y algunas cuentas de twitter que en los últimos tiempos se han revelado como buenos instrumentos para el filtrado de informaciones.

El fondo es propiedad de la familia real saudí. Lo preside el Rey Salman Bin Abdulaziz Al Saud, y al parecer, el príncipe heredero, Mohamed bin Salman se ha encaprichado del fútbol. Por tanto, conviene también no olvidar este nombre. Tienen más de 500.000 millones de dólares de patrimonio.

¿Acabarán llegando a clubes españoles? De momento, la irrupción de magnates financieros al fútbol doméstico ha sido calamitosa. El último caso, el del Málaga, donde aterrizó en 2010 como máximo accionista el jeque Al Thani y después de unos inicios ilusionantes, el club lleva ya tres temporadas en segunda división, con el jeque en paradero desconocido.

Es inevitable hablar del caso del Valencia, en una situación de colapso institucional, con el club en causa de disolución por sus altas pérdidas, lo que obliga a ampliar capital o a liquidar la compañía. El dueño del club, el chino Peter Lym, da una patada a seguir, canjeando algunas deudas por acciones, pidiendo un préstamo al misterioso y poco transparente fondo de inversión Rights and Media Funding, que también le ha prestado dinero a la Liga de Fútbol Profesional y asimismo, abriendo una ampliación de capital minorista, para que ponga dinero el socio del Valencia, aunque él en persona no irá.

Un comportamiento más que sospechoso pero, por desgracia, es en las manos que estamos cada día más. El propio fondo PIF es conocido por ser uno de los menos transparentes del mundo. Entre otras cosas porque los dueños del fondo son los gobernantes y dueños del país.

En el mundo del fútbol tradicional, la respuesta a esta invasión del dinero de los dueños de la energía son iniciativas como la SuperLiga, pero su razón de ser es compleja y ha generado incluso rechazo entre la sociedad, mientras algunos seguidores de clubes comprados por estos nuevos inversores lo celebran.

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La historia demuestra una y otra vez que estos operadores que entran en los clubes por sus propios intereses y no por afición acaban siempre mal, aunque lleguen derrochando dinero al principio. Pero mientras hay dinero no tienen contestación social.

Y conviene insistir: si queremos un mundo mejor, con crecimiento y bienestar para todos, tendrá que ser con energía barata, o no será. Aunque ya se ve que los países dueños de la energía no son, en absoluto, pioneros en desarrollar el bienestar de sus sociedades.