Tras mantener los tipos y estímulos sin cambios, el presidente del BCE, Mario Draghi, reconoce que los datos confirman el fortalecimiento de la expansión económica de la Zona Euro, con los riesgos “ampliamente equilibrados”. Las presiones inflacionistas siguen moderadas, por lo que es necesaria una política monetaria acomodaticia.

El Banco Central Europeo (BCE) mantiene los tipos en mínimos, así como el tamaño y la duración del programa de compra de activos (QE), y su presidente, Mario Draghi, reconoce que la expansión económica continúa fortaleciéndose, con los riesgos “ampliamente equilibrados”.

Si bien, añade, la inflación se ve debilitada por los precios de la energía  (tanto en la Zona Euro como en el resto del mundo), por lo que “aún es necesario un grado sustancial de acomodación monetaria para que las presiones en los precios se giren al alza”.

Así, reitera que sus medidas están funcionando, “están apoyando la demanda interna”. Y, de hecho, cree que “el impulso actual tras la recuperación incrementa las posibilidades de una mejora mayor, con los riesgos a la baja procedentes en gran medida de factores globales”, esto es, externos.

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Con todo, vuelve a hacer un llamamiento a los Gobiernos de la Zona Euro para que le ‘ayuden’ en esta tarea de alcanzar un crecimiento robusto y sostenido: “Es necesario intensificar sustancialmente la aplicación de reformas estructurales”, afirma.

En lo que respecta a la unanimidad en el seno del BCE, enfatiza que existe la creencia “general” de que alcanzar el objetivo de inflación (y “no hay señales convincentes de recuperación de la subyacente”) depende de las políticas acomodaticias de la autoridad monetaria: “Necesitamos ser persistentes, pacientes y prudentes”, subraya.

Por otro lado, añade, “lo último que queremos es que se produzca un endurecimiento en las condiciones financieras”, por lo que la posibilidad de ampliar el QE en tamaño o duración sigue ahí.

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De ahí, que afirme que “el BCE permanecerá en el mercado durante mucho tiempo”. Es más, declara: “El Consejo ha demostrado que puede utilizar toda la flexibilidad necesaria para alcanzar su objetivo”.  Y es que, “no queremos fijar una fecha concreta para el fin del QE porque hace falta más información. Primero, y ante todo, tenemos que mirar la tendencia de la inflación, si se mueve de forma sostenible hacia el objetivo”. 

Por ello, incide, “los principales bancos centrales tienen una meta para los precios del 2%, las razones tras ella siguen siendo válidas, y especialmente para la Zona Euro. Cambiar este objetivo no es creíble”.

En cualquier caso, concluye, el BCE no discutirá cambios en el QE “hasta el otoño”, sin especificar si será en la reunión de septiembre, que es la fecha que maneja el consenso del mercado.

Finalmente, destaca: “Nuestro mandato no es el crecimiento, ni el empleo, es la estabilidad de precios”

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