En primer lugar, no podemos olvidar que, como clase de activo, los bonos se negocian en el mercado OTC (extrabursátil). Su grado de liquidez, que es inferior al de la renta variable, representa por tanto un problema para los inversores a los que les gustaría operar directamente en el mercado sin la intermediación de profesionales. Es más, después de un año (2009) en el que la extendida contracción de los diferenciales permitió a los inversores en bonos cosechar grandes plusvalías, el 2010 será un año para la selección de bonos y los rendimientos.
En un clima donde la esperanza de conseguir revalorizaciones ya es baja, la diferenciación real reside en el rendimiento de los títulos. Por lo tanto, en este entorno, más que en ningún otro, es imperativo examinar cuidadosamente los fundamentales de la compañía. Es más, es por este motivo por el se hace imprescindible llevar a cabo un análisis en profundidad de todos los emisores que podemos seleccionar, examinando sobre todo la estrategia de la dirección, la consistencia del balance, la legibilidad del cash flow y los riesgos operativos de la compañía. Además, más allá de la naturaleza y el clima del mercado de bonos, no podemos olvidar los aspectos legales específicos de esta clase de activo. Si bien los bonos high yield incluyen compromisos importantes, el tratamiento legal reservado a los acreedores de los bonos difiere según el país, y las sorpresas no son inusuales.

El último punto – pero no el menos importante – que exige vigilancia es que el sentimiento del mercado puede ser engañoso. Tomemos el ejemplo de Abengoa, un nuevo participante en un segmento de nicho en crecimiento, el de las energías renovables, que no es bien conocido por el público en general. El bono se emitió a finales de noviembre del 2009 al 98% de su valor nominal y ahora cotiza al 102% de ese valor. En cambio, un nombre legendario como el Manchester United, que se beneficia de una gran exposición a los medios, se encuentra actualmente en una situación delicada. A finales de enero de 2010, la compañía emitió un bono al 98% de su valor nominal que ahora cotiza al 95%. Este ejemplo nos enseña que debemos desconfiar de las modas pasajeras y que es fundamental delegar esta gestión en expertos profesionales.