Desde los años 40 se ha ido desarrollando un tipo de interpretación por medio de gráficos sobre los valores en bolsa. Este análisis e interpretación tuvo como padre a Charles H.Dow, periodista y economista americano de finales del S.XIX, responsable entre otras cosas del prestigioso periódico The Wall Street Journal y que sembró la semilla de lo que hoy conocemos como análisis técnico. Pero, ¿qué es exactamente?
Siempre se ha dicho que una de las condiciones fundamentales para poder ser un buen inversor es estar siempre pendiente de las informaciones más relevantes. Pero, ¿y si le dijeran que toda esa información que necesita está en una gráfica de precios? Ventas, compras, adquisiciones, ampliaciones de capital, todo en un esquema de X e Y, capaz de proporcionarle toda la información que usted necesita, eso es el análisis técnico.

¿Cómo es esto posible? Muy sencillo, igual que la física refleja el comportamiento del universo en variables matemáticas, en los gráficos del análisis técnico se refleja el comportamiento de los títulos de un valor. Imagine que una serie de inversores que poseen información privilegiada, o que simplemente confían en un valor, comienzan a tomar posiciones en ese valor. Estos movimientos tendrán su reflejo en el gráfico.

Los precios comenzarían a presionarse al alza, en vista de la imagen que ofrece el gráfico, confirmándose de esa manera la tendencia. En un ejemplo clásico, poco a poco y cuando los precios comienzan a ser muy altos, los grandes inversores comienzan de manera paulatina a retirar y distribuir pequeños paquetes para no deteriorar la tendencia hasta el momento en el que deciden que la tendencia ha llegado a su fin y retiran definitivamente sus inversiones provocando una caída del valor y un cambio de tendencia. Esto es, grosso modo, la teoría que Dow expuso y popularizó.

En los gráficos que se utilizan para el análisis técnico es dónde se ve la correlación entre precios y tiempo, y según la teoría de Dow, queda reflejado todo lo que un inversor necesita saber. Hay distintos tipos de gráficos según la manera de invertir; desde gráficos mensuales para analizar tendencias más generales, hasta gráficos de un minuto, para operaciones intradía.

Eso en cuanto al tiempo. En cuanto a los precios, la escala puede ser logarítmica o lineal. La diferencia es fácil de comprender. Imagine que dos empresas han elevado el valor de sus títulos al cierre de una sesión en un euro. En un gráfico lineal, las dos empresas mostrarían un comportamiento idéntico.

Pero ahora imagine que los títulos de la primera empresa cotizaban a 10 euros y los de la segunda a 20. Es evidente que la revalorización en porcentaje es muy distinta. En el caso de la primera empresa los títulos han sumado a su valor un 10% (de 10 euros a 11) mientras que la segunda ha sumado a su valor un 5% (de 20 a 21 euros). La escala logarítmica, por tanto, corrige esa carencia de la representación lineal, lo que es muy útil para el análisis técnico.

No es este un completo manual sobre análisis técnico, pero es importante apuntar algún concepto más. En primer lugar la tendencia; dirección en la que se mueven los precios en un marco temporal determinado. Podemos hablar desde tendencias de años hasta tendencias de horas. La labor del buen analista es identificar los signos que apunten a los cambios de tendencias y aprovecharlos para conseguir el mayor rendimiento económico; identificando así soportes (puntos de apoyo en los precios de los valores) y resistencias (puntos a superar en los precios de los valores).

Las formas que en un gráfico se van dibujando en el desarrollo de los precios de un valor, dejan “figuras” que según los expertos en análisis técnico se van repitiendo a lo largo del tiempo; entre ellas las más conocidas son las figuras de cabeza y hombros, triángulos, canales, doble máximo, doble mínimo y bandera.

Por último hay que hacerse a la idea de que los mercados se mueven por expectativas y no por realidades. Es decir, un dato se convierte en bueno o malo según lo que se esperaba de él. Un aumento del paro en número inferior a lo que se esperaba podría por ejemplo, propiciar un movimiento positivo en los mercados, a pesar de que el hecho en sí de que el desempleo aumente es un dato negativo.