Por muchos años, las naciones del Golfo Pérsico, donde abunda el petróleo, han vinculado sus monedas al dólar estadounidense. Ahora, esta relación está avivando las presiones inflacionarias en sus economías que crecen al rojo vivo. De paso, su cercanía al dólar ha puesto a las autoridades de la región ante un dilema: desprenderse del dólar, con el riesgo de socavar la moneda estadounidense, o mantener la divisa y encarar un creciente descontento local.
La vinculación con el dólar ha "contribuido mucho a la economía en el pasado", dijo la semana pasada el sultán Nasser al-Suweidi, gobernador del banco central de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). "Sin embargo, hemos llegado a una bifurcación". Dirección contraria Ya que países como los EAU, Arabia Saudita y Qatar poseen extensas reservas en dólares, cualquier cambio que adopten repercutirá más allá de sus fronteras. Si se alejan de sus estrictos lazos al dólar -como lo hizo este año Kuwait, que adoptó una canasta de monedas- podrían socavar la demanda por dólares y alentar a otros a diversificar sus propias reservas. Muchos países ya han creado fondos soberanos para invertir sus recursos en una amplia variedad de activos. En un principio, los países del Golfo Pérsico ajustaron sus monedas al dólar para estabilizar sus ingresos petroleros, ya que el crudo se comercializa en dólares. Además, algunos países tenían muy poca experiencia en manejar un banco central, por lo que les resultaba más fácil ajustar su política monetaria a la de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed). Sin embargo, ahora la Fed está reduciendo las tasas de interés para reanimar una debilitada economía estadounidense y contrarrestar los efectos del enfriamiento del mercado inmobiliario local. Esa es, precisamente, la receta equivocada para las economías como las del Golfo Pérsico, que intentan domar un crecimiento galopante. Un defensor del dólar El vínculo con el dólar aún no se ha eliminado, especialmente en Arabia Saudita, que mantiene una estrecha relación con Washington. Durante la cumbre de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en Riad el fin de semana, Venezuela e Irán expresaron su inquietud por los lazos del cartel petrolero con el dólar. Sin embargo, el ministro de Relaciones Exteriores de Arabia Saudita, Saud al-Faisal, rechazó un cambio por el impacto negativo que éste podría tener sobre la moneda estadounidense.Las autoridades de Arabia Saudita, la mayor economía de la región, han dicho que no romperán el vínculo entre su moneda, el riyal, y el dólar. Pero el país cuenta con otras opciones. Sin perder su vinculación con el dólar, podría fortalecer un poco su moneda, tal como lo hizo China en 2005. El debate seguramente continuará cuando a principios de diciembre se reúnan en Doha, Qatar, los jefes de Estado del Consejo de Cooperación del Golfo, un bloque económico regional. El asunto de la divisa estadounidense figurará en lo más alto de su agenda. Apuestas cambiarias Los inversionistas apuestan a que habrá cambios. Los contratos que les permiten asegurar tasas cambiaras por un año reflejan las expectativas de que tanto el dirham, la mondea de los EAU, y el riyal saudita se fortalecerán de algún modo. Los depósitos bancarios en los EAU han crecido, a medida que los inversionistas locales y extranjeros compran dirhams a la tasa actual y apuestan a una revaloración. Los países del Golf Pérsico están batallando con los efectos de su propia fortuna, a medida que los precios del crudo les han reportado enormes ingresos adicionales. Normalmente, cuando sube el precio del mayor producto de exportación de un país, la moneda local se fortalece, lo que a su vez mantiene a raya la inflación. El fantasma de la inflación Ahora está ocurriendo todo lo contrario. A medida que el precio del crudo se ha disparado, las monedas del Golfo que están vinculadas al dólar han perdido valor frente a otras monedas, como el euro y la libra esterlina. Como consecuencia, ha encarecido muchas de sus importaciones. Los EAU y Qatar han registrado algunas de las peores inflaciones, ya que el petróleo ha impulsado una bonanza en el sector de la construcción. En Qatar, la inflación alcanzó 11,8% el año pasado y el Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula que promediará alrededor del 12% este año. Arabia Saudita también está luchando con presiones inflacionarias. A diferencia de otros países del Golfo, este país tiene una población numerosa y comparativamente más pobre. La inflación alcanzó 4,9% en septiembre, su mayor nivel en al menos una década. En octubre, las autoridades elevaron por primera vez en 27 años la cantidad que los bancos deben mantener en reserva. El objetivo de este esfuerzo es limitar el dinero que circula en el mercado. Efectos globales Los desafíos que encaran los países del Golfo Pérsico repercuten en lugares tan distantes y distintos como China, que vincula muy de cerca el yuan al dólar, Ecuador, cuya moneda oficial es el dólar, y Ucrania, que mantiene una vinculación de facto con el dólar. El Golfo es "la primera línea del frente de momento, pero las presiones son mucho más amplias", advierte Simon Derrick, director de estrategias cambiarias del Bank of New York Melon Corp. Esos países comparten "un factor consistente: todos se han vinculado con una moneda que está cayendo". Los países del Golfo Pérsico tienen varias opciones. Pueden seguir el camino de Kuwait, que en mayo fijó su moneda, el dinar, a una canasta de divisas. Aunque no se conoce la distribución de esa canasta, los expertos aseguran que el dólar sigue representando una proporción considerable. Desde entonces, el dinar se ha fortalecido 5% frente al dólar. Otra opción sería mantener su moneda ajustada al dólar, pero a un nuevo nivel que refleje la solidez de las monedas locales. Una tercera opción sería permitir que sus monedas fluctúen libremente. Sin embargo, ello es poco probable, ya que los países del Golfo Pérsico no querrán exponer sus monedas a los vaivenes.