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El comportamiento temporal de las Bolsas tiene una cierta lógica científica. Cierres de año donde las compañías buscan “maquillar” su evolución anual; inicios de año donde se configuran las carteras y, por tanto, aumentan las compras; las devoluciones de Hacienda que, sobre todo, en Estados Unidos se usan para comprar acciones y alegran el mes de abril. Y una constante anual es que los meses de julio, agosto y septiembre suelen ser los peores del año. Por ello, siempre se habla de buen comportamiento en las Bolsas tanto en los últimos tres meses del año como al comienzo del ejercicio. Los llamados “efecto Santa Claus” y “efecto enero”.
Baja el volumen de contratación y los movimientos se exageran y también ante la aparición de problemas económicos o geopolíticos, la capacidad de análisis y de afrontar esas dificultades tienen a muchos gestores y analistas con los pies metidos en el agua de las playas, por lo que vender es lo más fácil y directo.
Desde Bolsas y Mercados Españolas han facilitado unos datos muy sugerentes que confirman esta evolución más negativa durante el estío. Desde que empezó el Ibex 35, allá por 1992, la rentabilidad media por verano ha sido del -1,08%. Un dato que surge de 19 veranos con caídas en este periodo, frente a 34 años. El de este año ha comenzado bien con un junio donde el Ibex 35 se ha revalorizado el 6,82%.
En todos los años analizados, el mejor cierre estival se produjo en 2012 cuando el selectivo de la bolsa española subió el 22,35% y el peor se conoció en 1992 cuando se dejó en estos meses el 23,09% de su valor. Desde Bankinter apuntan en un estudio que “existen muchos factores que explican la estacionalidad, asociadas en su mayoría al comportamiento humano, como pueden ser nuestras pautas de consumo (por ejemplo, las compras navideñas), o de conducta (como los periodos vacacionales y el turismo), aunque también hay otras como el clima, o los periodos de presentación de resultados de las compañías en los diferentes países”, explican.
Los analistas de la entidad financiera apuntan a que coincide con las vacaciones de una gran parte del sector financiero (gestores, analistas, etc.), pero también con el periodo de descanso de los inversores minoristas en general. Una de las cosas que suelen hacer los grandes capitales (fondos de inversión, grandes inversores, etc.) es proteger su cartera durante este periodo, lo que significa deshacer algunas de sus inversiones, y ello se traduce en bajadas de las bolsas causadas por estas ventas.
A ello se suma el bajo volumen que se negocia, que provoca además un incremento de la volatilidad, ya que es más probable que una única operación de tamaño medio impacte en el mercado y afecte al precio de las compañías, cosa que cuando la liquidez y profundidad es mayor, es más difícil que suceda, ya que el mercado es capaz de absorber esas operaciones y frenar fluctuaciones violentas.
Las acciones del Ibex 35 que mejor suelen aguantar el verano son aquellas que pertenecen a sectores defensivos (como las utilities y las infraestructuras) o las que están directamente expuestas al turismo y el consumo estival. Estos valores logran mitigar la menor liquidez y la volatilidad típica de los meses de julio y agosto gracias a la estabilidad de sus ingresos o al incremento estacional de su negocio. Compañías como Iberdrola, Naturgy, Endesa, ACS, Ferrovial, o las turísticas Amadeus, IAG o la hotelera Meliá fuera del Ibex, son valores que resisten mejor las olas de calor, junto a compañías de gran consumo como Inditex, o la tecnológica Indra que no depende tanto de la estacionalidad y más de los contratos por firmar.
Fuente: BME
Cómo protegerse
La forma más sencilla y barata si en verano vienen mal dadas es fijar una orden de venta si la acción cae y toca un precio determinado. Con ello se limitan las pérdidas y el inversor que tenga plusvalías en el valor podrá irse más tranquilo a disfrutar de las vacaciones.
También existen otras fórmulas, más cotosas, aunque perfectamente asumibles para blindar la cartera. Una de ellas es adquirir un ETF inverso que subirá si el mercado baja y, por tanto, compensará una hipotética caída. Resultará muy efectivo si la acción o acciones están muy ligadas a la marcha del indicador. En Bankinter también destacan la utilización de contratos de futuros: “si tenemos una cartera de acciones españolas, puedo vender futuros sobre el Ibex y cubrirme parcialmente. Cuanto mayor sea la correlación de mi cartera con el índice, mejor será mi cobertura. Con un contrato del Mini IBEX cubriría una cartera de unos 9.000 euros, aportando únicamente unas garantías de 1.215 euros y por un coste de 2,50 euros (5 euros si consideramos tanto la compra como la venta).
Por último, se puede utilizar la cobertura con Venta a Crédito: “si quiero cubrir una acción en concreto de mi cartera (por ejemplo, 2.500 acciones de Telefónica), podré cubrirlos con 2.500 títulos del mismo valor, utilizando la Venta a Crédito, por lo que el efecto de los movimientos del mercado sobre mi posición será 0, y obtendré una cobertura perfecta. El coste en este caso sería del 0.12% por operación (11,49 euros para una cartera de 9.575 euros valorada a 3,83 euros por acción), o 0,24% si incluimos el cierre. Es decir, por menos de 25 euros tendría una cobertura perfecta sobre Telefónica con la que si el valor bajase un 5%, que supondría una pérdida de valor de mi posición de 478,75 euros, estaría protegido y evitaría dicha pérdida”, ejemplifican desde el banco.

