Merece la pena comparar el gráfico de la prima de riesgo, que mide la diferencia entre la rentabilidad del bono a diez años español con el bund o bono a diez años alemán, con el Ibex35. 


Si nos fijamos bien, ya cuando la prima de riesgo había tomado una senda alcista preocupante allá por el 2008 y rozaba los 100 puntos básicos, el Ibex35 había perdido casi 2.000 puntos desde los máximos, allá por los 16.000. Lógicamente la correlación negativa es muy alta y cuanto mayor es la prima de riesgo, más ha bajado la bolsa, aunque nunca sabremos cuál de los dos es la verdadera causa del movimiento. Lo que sí sabemos es que en todas las crisis los Gobiernos reaccionan tarde hasta que diagnostican y empiezan a curar-algunos más que otros, pero eso es otra historia- y cuando las medidas comienzan a surtir efecto, primero se traducen al mercado de capitales -vía caída de las rentabilidades de la deuda por la menor percepción de riesgo y, por tanto, de la prima de riesgo- antes que en la economía real.



A la vista del gráfico de la prima de riesgo parece que desde hace algunos meses nos encontramos en una fase en la que los mercados comienzan a descontar una mejora de las condiciones económicas -aunque la realidad siga siendo durísima para la mayor parte de los ciudadanos españoles- proveniente fundamentalmente del sector público, que había sufrido unos desajustes tremendos en los últimos años por el impacto a su vez del sector privado -vía despidos, cierres de empresas, etc., y por tanto vía menores ingresos, al tiempo que se implementaron unas medidas contracíclicas de gasto público discutibles-. Hoy, pese a que nos cueste pagar más impuestos y no veamos estímulos al crecimiento económico, las cifras apuntan a una mejora de las cuentas públicas, según hemos conocido recientemente por parte organismos internacionales, aunque no al ritmo deseado porque el impacto de los recortes -más bien lo llamaría subidas de impuestos generalizadas e insuficientes ajustes en el despilfarro de las administraciones públicas- está provocando un deterioro mayor al esperado en el crecimiento económico del país, que al menos se ve compensado -aún en una fase incipiente- por una caída a un mayor ritmo del déficit público y esperemos que pronto por una mejoría en la relación deuda/PIB, que aún sigue creciendo y se encamina hacia el 90% del PIB -nos queda de consuelo que Alemania ronda el 82%-.



En definitiva, el mal endémico que nos persigue desde hace más de un lustro es la falta de credibilidad en nuestro país y esto es lo primero que hay que recuperar. Una forma de medir el éxito o fracaso es siguiendo la prima de riesgo, aunque no descartemos que parte del mérito en la caída de la misma también lo tengan unas peores cifras provenientes de Alemania (ZWE, PMI´s…). Por ceñirnos al corto plazo, si observamos que cuando la prima de riesgo se situaba entre los 300 y 400 puntos en el año 2011, el Ibex35 se movía en una horquilla entre los 8.000 puntos y los 9.000 puntos, no sería extraño que si continua esta progresiva mejora y nos acercamos a los 200 puntos de prima de riesgo, podamos ver al Ibex35 entre los 9.000 y 11.000 puntos, aunque hoy nos parezca muy difícil. El hecho de que la prima de riesgo se reduzca permite liberar presión sobre nuestras empresas, ya que el riesgo España disminuye y las permite financiarse más barato y por tanto aumentar la rentabilidad de sus actividades, pero además produce que nuestra banca vuelva a poder prestar dinero, porque a día de hoy no puede participar en operaciones al financiarse a 350 puntos, frente a la banca americana que lo hace a 150 por ejemplo, o la alemana que lo hace a menos todavía.

La bajada de la prima de riesgo irá surtiendo efecto más pronto que tarde, pero hacen falta ahora estímulos al crecimiento, ya sea vía una flexibilización de las reformas, tal y como han dado a entender desde Bruselas, bajadas de impuestos, recorte de gasto público -sobre todo en las administraciones- e inversión en sectores estratégicos, estímulos a la competitividad, creación y desarrollo de empresas, fomento del empleo, así como una política monetaria mucho más activa y laxa por parte del BCE, al igual que hacen el resto de bancos centrales, como la FED -EEUU nos saca fácilmente cinco años en la recuperación-, el Banco de Inglaterra o más recientemente el Banco de Japón, que ha elevado su nivel de agresividad al doble de compras de activos. Para eso están las herramientas económicas que los economistas hemos estudiado, sólo hace falta voluntad.


Pablo del Barrio
Agente de Inversis Banco
www.pablodelbarrioquintana.com


*Fuente del gráfico de la prima de riesgo: www.datosmacro.com