Gran Bretaña corre peligro de hundirse en una grave depresión económica agravada por el alto nivel de endeudamiento de muchos hogares, advierte el Banco de Inglaterra en su informe trimestral. El banco teme los efectos que puede tener sobre la economía un proceso creciente de deflación ya que el costo de las deudas de los hogares, que son fijos, podría aumentar así en relación con el resto de los precios. Mientras que la inflación facilita el pago de la deuda, la deflación tiene el efecto contrario, lo cual es particularmente grave en el caso de los hogares británicos.
La deuda privada de los ciudadanos del Reino Unido alcanza actualmente la suma astronómica de 1,46 billones de libras (1,60 billones de euros), es decir más que el PIB anual.

El endeudamiento privado ha crecido un 165 por ciento desde 1997, año en el que los laboristas llegaron al poder, de forma que cada familia debe actualmente una media de 60.000 libras (66.000 euros).

Los consumidores se ven además perjudicados por los elevados intereses que cobran los bancos por sus préstamos y ello a pesar de los esfuerzos del Gobierno por estimular la concesión de créditos con medidas de rescate del sector financiero.

En un intento de mitigar los efectos adversos de la crisis, el Banco de Inglaterra inyectó este mes más liquidez en el sistema, medida extraordinaria destinada a impedir una situación que algunos comparan ya con la Gran Depresión de los años treinta del siglo XX.

El banco emisor ha recortado los tipos de interés a un 0,5 por ciento y se ha comprometido a crear 150.000 millones de libras (165.000 millones de dólares) de liquidez para comprar tanto deuda pública como de las empresas.

El primer ministro británico, Gordon Brown, que oficiará de anfitrión de la próxima reunión londinense del G20 - países industrializados y emergentes- tratará de conseguir un acuerdo internacional en torno a una estrategia coordinada globalmente para el rescate de la economía.