El crecimiento mundial se ha decelerado sensiblemente durante los últimos meses. Aunque las situaciones varían por países y zonas, ahora la norma es un dinamismo de la actividad claramente menor al del periodo anterior, tanto en las economías desarrolladas (entre las cuales Europa es el eslabón débil) como en el mundo emergente. La última entrega de los índices de actividad industrial, buen termómetro del vigor del ciclo, no deja lugar a dudas al respecto.


En Estados Unidos, la pérdida de gas se ha vuelto a acentuar durante las últimas semanas, recordando la fragilidad del crecimiento desde el final del año pasado. Aunque la economía americana todavía se puede apoyar en algunos factores favorables, gracias a los cuales su situación sigue siendo menos preocupante que la de las demás grandes zonas desarrolladas, la diferencia con Europa se ha empezado a acortar. Además, el endurecimiento de la política monetaria que se producirá en 2013 ensombrece las perspectivas, y lleva a la FED a plantearse ya una nueva flexibilización de su política monetaria. El signo más tangible de la deceleración de la actividad procede del sector industrial. Al menos en junio, la mayor parte de los indicadores regionales han retrocedido netamente, tendencia confirmada por el índice ISM industrial nacional. En efecto, éste ha bajado a 49,7, es decir que ha pasado por debajo de la barrera entre contracción y expansión de la actividad (50), por primera vez desde mediados del año 2009. El fuerte retroceso del índice que mide los nuevos pedidos no invita al optimismo de cara al futuro próximo. Las señales procedentes del mercado laboral también se han deteriorado y apuntan un mantenimiento de la tendencia de los meses anteriores. Esta evolución tiene consecuencias negativas para la confianza de los hogares, que la bajada del precio de la gasolina desde mediados de abril (-15%) no ha podido compensar totalmente.

Es cierto que en adelante, la economía americana puede contar con el apoyo marginal del mercado inmobiliario, que prosigue su recuperación gradual, acompañada incluso de una mejora en materia de precios. Pero con la crisis de 2008/09, su peso en el PIB ha menguado radicalmente, y sólo representa el 2,5% del mismo (frente al 6% a finales de 2006). Insuficiente para contrarrestar el efecto de una moderación del consumo. De hecho, la Reserva Federal ha confirmado dicha deceleración tras su última reunión de política monetaria. En esta ocasión, ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento y de evolución del mercado laboral. Para 2012, apuesta por una subida del PIB del 1,09% al 2,4% (inferior en un -0,5% a sus proyecciones anteriores) y una tasa de desempleo sin cambios con respecto al nivel del mes de mayo (8,2%). Prevé una leve mejora para 2013, pero sobre las perspectivas del año que viene planea la sombra de la reducción del déficit público. Por ello, el banco central parece muy decidido a no debilitar aún más la actividad, así que ha prorrogado su programa Operation Twist (prolongación del vencimiento de su cartera de obligaciones) hasta final de año, cuando debía haber terminado a finales de junio. Por otra parte, ha especificado que está dispuesto a tomar medidas adicionales para apoyar la actividad económica, entornando con ello la puerta a un tercer programa de flexibilización cuantitativa.