En primer lugar, el mercado de renta fija privada seguirá siendo atractivo durante los próximos años, y además ofrece un buen término medio entre la baja rentabilidad real de la deuda del Estado y el mayor riesgo de la renta variable.

Asimismo, creemos que las tasas de impago seguirán siendo bajas y que el ciclo económico se mantendrá favorable para los inversores de crédito. Por otro lado, los equipos directivos de las empresas con las que nos reunimos son todavía conservadores en sus planes de inversiones de capital y reticentes a usar un apalancamiento agresivo para aumentar los ingresos de los accionistas. El rendimiento adicional que ofrece la renta fija privada ofrece un rendimiento potencial mayor y algo de protección en el caso de que se dieran presiones inflacionistas. A esto hay que añadir que la demanda de crédito sigue siendo alta; de hecho, este año las amortizaciones de los bonos corporativos superan la nueva oferta, lo que es un buen augurio para los próximos trimestres.

Dicho lo anterior, la clave fundamental para asegurar un retorno positivo superior al de la deuda del Estado radica en hacer una cuidadosa selección de sectores y de valores. Por ejemplo, haber optado en los últimos 12 meses por materiales básicos y empresas mineras ha arrojado unos resultados significativamente mejores que los de los sectores de consumo y de servicios públicos, y haber evitado los emisores de los países periféricos -Irlanda, Portugal y Grecia- habrá protegido el capital y habrá permitido obtener retornos superiores a los índices de bonos. Aunque las preocupaciones sobre las economías periféricas continuarán dominando los titulares, seguimos viendo valor y oportunidades en los mercados de crédito centrales. Además, adoptando una gestión activa de la duración, los gestores de bonos pueden proteger el capital del inversor del impacto del aumento de las TIRes en el caso de un ciclo sostenido de subidas de tipos de interés.