Fin a dos jornadas de vértigo en el seno comunitario. La Cumbre Europea culmina con titulares esperados, de los que tan sólo escapa la negativa rotunda de Reino Unido a aceptar ciertos puntos de estos nuevos acuerdos con lo que queda completamente fuera de juego. Se aprueba una unión fiscal más fuerte y la creación de nuevos tratados que deberán estar sobre la mesa antes del mes de marzo para su posterior aprobación. Las bolsas viven con importantes ganancias las conclusiones de la reunión.

Ha sido una larga madrugada para los líderes europeos de los 27. La cumbre europea comenzaba con una cena en Bruselas que dio paso a más de diez horas de negociación y que ha culminado este viernes con el sí de la totalidad de los miembros comunitarios, a excepción de Reino Unido, de las líneas de actuación previstas por el eje París-Berlín. Precisamente la negativa de David Cameron a que las autoridades comunitarias tengan potestad de fisgar en los asuntos económicos internos británicos ha provocado que en lugar de una renovación de los tratados a 27, deban crearse nuevos textos de los que Londres quedará excluído en solitario, después de que Suecia, República Checa y Hungría decidieran apoyar a la mayoría a pesar de su postura más cercana a la City de este jueves.

El presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, ha explicado que el nuevo pacto de disciplina fiscal se firmará en marzo de 2012, mientras que el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, se ha mostrado convencido de que la ratificación podrá lograrse "en un plazo muy reducido".


Pacto fiscal
Era el punto principal al que las autoridades comunitarias querían llegar. El acuerdo está sobre la mesa y con fecha ya: será ratificado en marzo del próximo año -todo un reto a lograr teniendo en cuenta lo farragoso del sistema europeo-.

El presidente del Gobierno en funciones, José Luis Rodríguez Zapatero, ha seguido insistiendo en la necesidad de regular en las constituciones de los estados miembros el déficit en el que pueden incurrir los estados. La conclusión de la cumbre pasa por un acuerdo según el cual los países no pueden superar el 0,5% de déficit estructural e incluye una advertencia sobre las “consecuencias automáticas” para aquellos que superen el 3% de déficit presupuestario. Esta norma se introducirá en los ordenamientos jurídicos de los Estados miembros, integrándola en la Constitución o en una norma de nivel equivalente.

Asimismo, los estados miembros estarán obligados a informar con antelación sobre las emisiones de deuda pública que tengan previsto realizar para pasar por el filtro de Bruselas.

Por otro lado, aprendida la lección, los líderes europeos se han comprometido a no volver a solicitar a la banca que asuma parte de la deuda pública contraída por otros países -en clara referencia a la quita del 50% griega-. El presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, explicaba que esta nueva medida “quiere decir que nuestro planteamiento inicial [aplicado a Grecia] está oficialmente abandonado". Merkel y Sarkozy ya habían pactado ese abandono en su cumbre bilateral del pasado lunes. Por cierto que el presidente del Consejo no se rinde en su intento de, al menos, discutir en el seno de la Unión Europea la cuestión de los bonos a pesar de la clara negativa germana y asegura que lo volverá a plantear el próximo mes de junio.

Europa ha aprobado, además, la concesión de 200.000 millones de euros al Fondo Monetario Internacional para que éste vele por la estabilidad comunitaria. Mientras que España, finalmente, no ha conseguido su pretensión de contar con derecho a veto para activar los mecanismos de rescate. La cumbre europea ha decidido que hace falta una mayoría del 85% y no del 90% tal y como planteó por dos veces el todavía presidente José Luis Rodríguez Zapatero.


Cameron se queda solo
No sorprende a nadie la decisión del premier británico, David Cameron, teniendo en cuenta el celo de éstos por sus asuntos nacionales. "Ha sido una decisión dura para Gran Bretaña, pero la correcta", ha asegurado Cameron en su rueda de prensa del mediodía de hoy.

Londres habla de condiciones “inaceptables” y mantiene su negativa a entrar en la moneda común. No es de extrañar teniendo en cuenta que la mayor parte de su población es euroescéptica y que la City londinense proporciona el 10% de la riqueza nacional cada año.