General Motors se acogió hoy al "Capítulo 11" de la ley de bancarrotas de Estados Unidos, que da tiempo a una empresa para reestructurarse, protegida temporalmente de sus acreedores, con la esperanza de sobrevivir. Este tipo de quiebra tiene como objetivo permitir la aparición de una compañía rediseñada, con menos deuda y de tamaño menor, lo que es más beneficioso para la economía del país que la simple liquidación de sus activos, una medida que a menudo destruye un mayor número de empleos.
No obstante, la supervivencia de la empresa que entra en un "capítulo 11" no está asegurada, pues si no logra definir un plan viable para volver a la rentabilidad, sus bienes acaban puestos a la venta para resarcir a sus acreedores, mientras que sus propietarios se van con las manos vacías.

Un gran atractivo del "Capítulo 11" estadounidense es que la gerencia de la compañía normalmente continúa administrándola, mientras que en Europa los directivos principales a menudo empaquetan sus cosas cuando declaran la bancarrota.

Aunque los mismos gerentes siguen dirigiendo el día a día de la empresa en Estados Unidos, para las decisiones importantes necesitan la aprobación del tribunal de quiebras.

Al mismo tiempo, preparan el plan para la salida de la bancarrota, que debe ser aprobado por los acreedores y ratificado por el tribunal.

Incluso si los acreedores lo rechazan, el tribunal puede imponerlo si determina que trata de forma "justa" a los acreedores. La gerencia tiene 120 días para presentar el plan, que el tribunal puede extender a un máximo de 18 meses. Cuando se cumpla el plazo marcado, cualquier acreedor puede adelantar una propuesta alternativa.

En el caso de una gran compañía como General Motors, los planes habitualmente incluyen la venta de parte de los activos, el cierre de algunas fábricas, el despido de trabajadores y la re-organización de lo que resta de la empresa. El capítulo 11 también establece la creación de un comité de acreedores, que vigila las acciones de la administración de la empresa y que participa en la formulación del plan de viabilidad.

Las acciones y bonos de la compañía siguen negociándose en los mercados financieros durante el proceso de quiebra, pero habitualmente el Indice Dow Jones saca a la empresa de su listado, como ocurrió hoy con General Motors.

El tribunal de quiebras tiene el poder de cancelar la deuda o los contratos de prestamistas, proveedores y clientes con la compañía, así como de reescribir los términos de los contratos con los trabajadores.

Además, la declaración del "capítulo 11" otorga una suspensión automática de los litigios de acreedores contra la empresa y de todas las ejecuciones y recuperaciones de bienes, lo que le da un respiro mientras negocia con ellos una manera de compensarlos sin la liquidación de sus posesiones. Un requisito de la declaración de bancarrota es que la compañía revele sus activos y deudas.

General Motors informó hoy de que cuenta con bienes por valor de 82.300 millones de dólares, mientras que sus deudas ascienden a 172.800 millones.