Aplicaciones como BlaBlacar o Uber han enfrentado a usuarios, que se benefician de la posibilidad de compartir recursos y economizar esfuerzos, y empresarios que ven amenazado su modelo de negocio. En este contexto salta a la escena el caso de la app para móviles Monkey Parking, que permite subastar una plaza de aparcamiento en plena calle, y que tendrá que ser retirada por ser considerada ilegal.

El servicio funciona desde hace unas semanas en la ciudad de San Francisco, donde es casi imposible encontrar aparcamiento. Del mismo modo que otras aplicaciones similares, permite compartir un bien con otros usuarios y obtener un beneficio mutuo.

Pero parece que el Fiscal de la Ciudad de San Francisco, Dennis Herrera, no lo ve así. De hecho ya ha exigido a la compañía que deje de operar bajo riesgo de ser multada con una sanción de hasta 2.500 dólares por cada transacción que se realice. Además, Herrera ha advertido a los usuarios que también pueden incurrir en una falta sancionada con 300 dólares sólo por usar la aplicación.

En sus propias palabras, “el modelo de negocio de Monkey Parking está totalmente basado en transacciones ilegales. La gente tiene la libertad de alquilar sus propias plazas de garaje privadas y sus propios caminos de entrada a ellas en caso de que decidan hacerlo. Pero no vamos a tolerar negocios que mantienen como rehenes a aparcamientos en la vía pública para su propio beneficio”, asegura.

LUCHA ENTRE LAS LEYES Y EL BENEFICIO CIUDADANO

Recordemos que otros negocios similares como Uber y Airbnb tuvieron que superar trabas muy parecidas antes de alzar el vuelo y lograr el éxito. Los argumentos de estas compañías son que simplemente conectan la oferta y la demanda a través de su servicio. Sin embargo, el caso de Monkey Parking es diferente, pues comercia con propiedades públicas que no pertenecen a las personas que ganan dinero con ellas.

En España también tenemos antecedentes de enfrentamientos de este tipo. Dado que la ley no se ha pronunciado de forma tajante, servicios como Uber o BlaBlacar continúan funcionando y echando "leña al fuego", por ejemplo, entre taxistas y ciudadanos. Los unos porque lo consideran intrusismo descarado, y los otros porque no están dispuestos a renunciar a un servicio colaborativo que les facilita viajar de forma más cómoda y barata. En cualquier caso, la polémica está servida.

JA.M.