Las previsiones apuntan a un crecimiento de los beneficios de las empresas europeas superior al 20% en el tercer trimestre, y esta mejora empieza a extenderse más allá de las energéticas y tecnológicas. ¿Estamos ante un cambio de ciclo en la rentabilidad de las compañías europeas? ¿Qué sectores podrían ser los próximos beneficiados?
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El crecimiento del STOXX se prevé en torno al 20%. Si observamos el Euro Stoxx 50, la previsión es inferior, situándose alrededor del 10%, lo que supondría una desaceleración respecto al trimestre precedente. En Europa, el incremento del beneficio empresarial viene impulsado nuevamente por los mismos sectores, especialmente la tecnología. A su vez, favorece la comparativa por divisa debido a la depreciación del euro frente a trimestres anteriores, aunque el factor más determinante es el efecto de base comparable: compañías que asumieron extraordinarios negativos notables el año anterior y que ahora reflejan un salto positivo en sus resultados.
Sin embargo, a diferencia de Estados Unidos, donde sí se identifica una aceleración nítida del crecimiento subyacente vinculada a la inversión tecnológica, en Europa el comportamiento es heterogéneo. Si bien la tecnología impulsa las cuentas, no se aprecia un patrón generalizado de mejora en el conjunto de la economía.
La inestabilidad en Francia está provocando tensiones en su mercado de deuda y elevando la prima de riesgo frente a Alemania. ¿Existe el peligro de que los inversores empiecen a cuestionar la sostenibilidad fiscal de otras grandes economías europeas? ¿Podría España verse afectada por ese contagio?
España e Italia se están viendo afectadas por el repunte de sus respectivas primas de riesgo, aunque en niveles que no resultan comparables con la situación de Francia. Francia conforma el núcleo central de la Unión Europea; cualquier contingencia en su territorio pone en tela de juicio la estabilidad del bloque comunitario y del Eurosistema en su conjunto. En consecuencia, el impacto es directo y es previsible que la inestabilidad persista, dado que el proceso de tramitación presupuestaria podría prolongarse un par de meses. Existe el riesgo patente de que no se alcance un consenso, se recurra a la aprobación por decreto, se plantee una moción de censura, caiga el gobierno y se convoquen nuevos comicios. Esta notable polarización política en Francia alimenta la incertidumbre electoral y constituye el catalizador del alza de su diferencial de deuda.
Por su peso sistémico en Europa, esta tensión contagia al resto de economías, incluida la española, si bien los diferenciales de rentabilidad en España no han alcanzado umbrales críticos.
España ha captado cerca de 16.400 millones de euros de inversión inmobiliaria hasta septiembre, un 25% más que hace un año. ¿Qué explica que el capital institucional siga apostando con tanta fuerza por el ladrillo en un entorno de financiación exigente? ¿Es una tendencia sostenible?
En términos teóricos, la subida de los tipos de interés restringe el acceso a la vivienda al encarecer el crédito. Sin embargo, España afronta un desequilibrio estructural de oferta: el déficit habitacional se cifra en torno a las 700.000 viviendas. En paralelo, se ha registrado un crecimiento demográfico significativo derivado de la inmigración sin que el parque inmobiliario haya crecido a un ritmo equivalente. Esta fuerte presión de la demanda prima sobre el encarecimiento de los costes hipotecarios. Por ello, las perspectivas apuntan a que los precios residenciales mantendrán una trayectoria alcista sostenida, lo que continuará atrayendo flujos de inversión. Resulta necesario dinamizar la inversión en vivienda en España para ampliar la oferta disponible y moderar los precios hacia niveles más asequibles.
En un momento en el que buena parte de la atención de los inversores se concentra en los mismos mercados y grandes compañías, ¿podría ocurrir que las mejores oportunidades de inversión estén precisamente donde casi nadie está mirando? ¿Qué mercados, sectores o activos creéis que están pasando injustamente desapercibidos?
En los mercados siempre operan macrotendencias que benefician a sectores determinados. Actualmente, toda la cadena ligada al desarrollo de infraestructura para inteligencia artificial cuenta con catalizadores sólidos debido a los elevados volúmenes de inversión proyectados. Este flujo no se circunscribe al sector tecnológico, sino que dinamiza a empresas eléctricas orientadas al despliegue de redes, firmas de ingeniería e incluso a ciertos segmentos inmobiliarios. La inversión en esta área no está cuestionada y seguirá funcionando como motor durante los próximos trimestres.
Paralelamente, esta coyuntura no eclipsa la existencia de valores de menor tamaño que cotizan bajo el radar de los grandes inversores institucionales y que ofrecen oportunidades contrastadas. Existen fondos de inversión especializados precisamente en identificar y tomar posiciones en este tipo de compañías desatendidas. Estas ventanas de oportunidad se mantienen constantes en el mercado; la dificultad estriba en localizarlas oportunamente.
En un escenario de incertidumbre geopolítica, inflación persistente y dudas sobre los próximos movimientos de los bancos centrales, ¿qué riesgos crees que está infravalorando actualmente el mercado? ¿Qué factores podrían desencadenar una corrección en las bolsas de aquí a final de año?
La corrección actual de los mercados responde en gran medida al repunte de la prima de riesgo francesa. Previamente, las presiones provenían del entorno geopolítico en el Golfo Pérsico, que no solo encarece el crudo, sino que plantea riesgos sobre el suministro de gas hacia Europa: un invierno con bajas temperaturas y reservas deprimidas podría disparar la aversión al riesgo. Asimismo, la contracción en los inventarios de diésel, inferiores a los de crudo, la ajustada capacidad de refino europea y la dependencia de Estados Unidos ante eventuales restricciones de exportación añaden volatilidad al mercado. A este cuadro se incorpora la subida de las rentabilidades de la deuda soberana en general, y de la francesa en particular, penalizando a las bolsas.
No obstante, estos factores presentan un perfil prioritariamente coyuntural. En el ámbito de la deuda soberana gala, el escenario probablemente culmine en una intervención verbal por parte del Banco Central Europeo. Si bien la entidad emisora debe evitar desincentivar la disciplina fiscal, su mandato exige preservar el euro y salvaguardar los canales de transmisión de la política monetaria, lo cual contribuiría a calmar las tensiones.
Al margen de estas presiones puntuales, las dinámicas de fondo, apoyadas sustancialmente por la inversión en inteligencia artificial, continúan siendo constructivas. No se contempla un escenario recesivo ni en Europa ni a escala internacional, y las tasas de avance estimadas para 2027 deberían situarse en niveles equiparables a las de 2026 y 2025. Una vez absorbida la volatilidad transitoria, el crecimiento macroeconómico continuará respaldando la evolución de la renta variable en el medio plazo.

