
Añadir Estrategias de Inversión en Google
Según mis estimaciones, la revalorización podría alcanzar el 3,6%, lo que supondría unos 8.200 millones de euros adicionales al año para las arcas públicas. Y estamos hablando exclusivamente de actualizar las pensiones existentes. Sin contar ni un solo jubilado adicional.
A partir de los datos del IPC y el efecto base de los últimos meses de 2025, podemos estar hablando de una inflación interanual de octubre de 2026 en el 5% y la de noviembre en el 5,1%.
Son estimaciones propias, no cifras oficiales, que quede claro. Pero me permiten calcular a ojo cuánto tendrá que incrementar el estado su gasto en pensiones simplemente para cumplir con la actualización anual vinculada a los precios.
Desde la reforma aprobada en 2021, las pensiones contributivas se revalorizan tomando como referencia la inflación media desde diciembre a noviembre.
Con los datos conocidos hasta septiembre y mis previsiones para octubre y noviembre, el cálculo da una inflación media del 3,62%, aproximadamente un 3,6% de revalorización para 2027.
Para entender la dimensión del problema presupuestario hay que mirar primero cuánto gasta actualmente España en pensiones. Por resumir, en septiembre de 2026, 14.498,2 millones de euros.
A esta cantidad hay que sumar las pensiones de Clases Pasivas, destinadas a funcionarios y personal militar.
Entre ambos sistemas hablamos de aproximadamente 16.272 millones de euros.
Si anualizamos estas cantidades considerando las 14 pagas y aplicamos exclusivamente una revalorización del 3,6%, obtenemos que:
Concepto | Gasto anualizado | Subida del 3,6% |
Seguridad Social | 202.975 M€ | 7.307 M€ |
Clases Pasivas | 24.837 M€ | 894 M€ |
Total | 227.812 M€ | 8.201 M€ |
España necesitaría aproximadamente 8.200 millones de euros adicionales cada año para pagar exactamente las mismas pensiones, a los mismos pensionistas, simplemente actualizadas con la inflación.
No estoy incorporando las nuevas jubilaciones, que habrá. Tampoco el efecto sustitución, es decir, la diferencia entre las pensiones de quienes fallecen y las nuevas prestaciones que entran en el sistema, generalmente de mayor cuantía.
Ni siquiera incorporo las revalorizaciones extraordinarias que puedan corresponder a las pensiones mínimas y no contributivas. Es una simulación muy pobre y tirando para abajo. Los 8.200 millones no son una previsión del incremento total del gasto en pensiones durante 2027, sino una estimación del coste de su revalorización ordinaria sobre la nómina actual anualizada.
Imaginemos una familia que gasta 2.000 euros mensuales. Una subida del 3,6% supone 72 euros adicionales al mes. No es mucho. Pero ahora ponle ese porcentaje a las pensiones, que gasta más de 227.000 millones de euros. El resultado ya no son unos euros, miles de millones.
Además, la revalorización de las pensiones tiene carácter permanente. Los 8.200 millones no son una ayuda extraordinaria que se paga una vez y desaparece. La subida queda incorporada a la cuantía de las pensiones, de manera que las futuras revalorizaciones se aplicarán sobre esa nueva base.
La actualización de las pensiones tiene una justificación económica evidente: evitar que quienes dependen de una prestación pública pierdan capacidad de compra por el aumento de los precios. Así, los jubilados son el único grupo que mantiene su poder adquisitivo. No hay más que ver la campaña electoral en este periodo de elecciones. Recordemos que son 10 millones, el grupo de votantes más numeroso.

Fuente: Carlos Arenas Laorga
Un pensionista que cobra 1.500 euros mensuales necesitaría aproximadamente 54 euros adicionales por paga para recibir un incremento del 3,6%. Sin esa actualización, podría comprar menos bienes y servicios con su pensión.
Ahora bien, proteger su poder adquisitivo no significa que la inflación desaparezca. Significa que una parte de sus consecuencias se traslada al presupuesto público.
Ese mayor gasto tendrá que financiarse mediante cotizaciones sociales, impuestos, otros ingresos públicos o, cuando estos resulten insuficientes, endeudamiento.
Y como no vivimos en el país de las maravillas, si el gasto aumenta más deprisa que nuestra capacidad de generar ingresos, nos enfrentamos de forma inexorable a restricciones presupuestarias cada vez mayores.
Cuando añadamos las nuevas jubilaciones, el efecto sustitución y los incrementos adicionales de determinadas prestaciones, la factura real será mayor.

