La Península Ibérica: el presente y el futuro de las energías renovables

El carbón, el gas y el petróleo han sido los protagonistas del modelo energético de las últimas décadas. Ahora, su fin se acerca. El sol y el viento se presentan como los principales rivales para los combustibles fósiles y de eso, la Península Ibérica tiene mucho. Este cambio de sistema energético genera ganadores y perdedores, modificando los equilibrios del orden internacional actual. Países ricos en petróleo pueden perder su influencia mientras que otras regiones con grandes cantidades de recursos renovables obtienen una nueva posición en el mercado de la energía.

Con este cambio, España y Portugal podrían liderar la industria de la energía verde. La producción de energías renovables representó un 71,4% del consumo energético nacional en Portugal y un 56,8% del consumo español en 2024. La producción portuguesa fue liderada por la energía hidroeléctrica principalmente, mientras que en España es la energía eólica la que lidera la producción de energías renovables.

La transición ecológica es una gran oportunidad para reducir la dependencia energética que los países ibéricos han tenido durante las últimas décadas de países ricos en combustibles fósiles. España no posee yacimientos de petróleo ni de gas en su territorio por lo que lo ha importado de países como Catar, Rusia o Argelia. Esta dependencia es arriesgada ya que el mercado de la energía, esencial para las economías industrializadas, queda expuesta a las consecuencias de los conflictos geopolíticos y la volatilidad del comercio internacional.

Esto ocurrió con el inicio de la guerra de Ucrania en 2022. Los ataques rusos obligaron a Europa a poner fin a los negocios con el Kremlin, incluyendo la importación del gas ruso del que se nutren los países europeos. Este conflicto ha generado un fuerte aumento en los precios de la energía y ha obligado a Europa a buscar alternativas. Así, la UE ha comenzado a importar gas de terceros países como Azerbaiyán o Algeria. Esta iniciativa, unida a nuevas inversiones y planes como el Pacto Verde Europeo, buscan aumentar la independencia energética de Europa y luchar contra el cambio climático.

Los países nórdicos lideran el ranking de las economías más sostenibles del mundo pero España y Portugal tienen mucho potencial, no solo para transformar sus sistemas energéticos si no para producir lo suficiente como para exportar. De ser así, pasarían de ser un consumidor neto en el modelo anterior a convertirse en países con importantes recursos energéticos que les permitirán exportar energía y beneficiarse de la influencia y el desarrollo económico que conlleva.

Se ha demostrado que la energía eólica y la solar son los métodos más baratos para generar energía. La Península Ibérica tiene una mayor exposición solar que otros territorios europeos como Francia, Italia o Alemania y también cuenta con una gran potencia eólica instalada. Sin embargo, no todo es sol y viento. En el territorio ibérico se encuentran importantes ríos como el Duero o el Tajo para la instalación de centrales hidroeléctricas y España ocupa el segundo puesto de mejores países donde invertir en hidrógeno verde.

Con todo, la Península Ibérica tiene el potencial para convertirse en una región líder en energía. Para ello, debe ser capaz de aprovechar sus recursos y de hacer frente a los retos de este nuevo modelo. España y Portugal se enfrentan a trabas burocráticas y a una limitación de las infraestructuras pero estos no son los principales inconvenientes. Los países ibéricos siguen dependiendo de China para poder producir su energía. En la península hace sol pero es la industria del gigante asiático quien controla la producción de las placas solares.

Esta dependencia, aunque no deseada, es preferible a la derivada del modelo de combustibles fósiles. Ahora, la dependencia se basa en la infraestructura necesaria para generar la energía pero no en la energía en sí. De esta forma, una vez que se tiene la instalación de las placas solares ya no se depende más de la voluntad del exportador para generar energía. Sin embargo, la dependencia del gas o del petróleo es más volátil y responde de manera más instantánea a las tensiones internacionales, pues el país exportador puede decidir cerrar el gasoducto o dejar de vender petróleo.  

Además, la industria energética ibérica se enfrenta a la falta de interconexiones con el resto de Europa, situándose a la cola europea y recibiendo el apodo de ‘isla energética’. Esta falta de conexiones supone un problema. No solo es un riesgo, como se demostró durante el apagón que sufrió la península el pasado mes de abril ya que no se pudo utilizar la energía de otros países, sino que también limita la exportación de energía y, con ello, el beneficio económico que implica esta ventaja de recursos.

A pesar de limitar su exportación, esta falta de conexiones puede entenderse desde otra perspectiva. Si la energía barata no puede salir de la península, su precio dentro del territorio será mucho más barato debido al exceso de oferta. Así, España y Portugal atraerán a nuevas empresas, motivadas por el bajo precio de la energía, lo que aumentará el empleo y el crecimiento económico de ambos países.

Con el aumento de las inversiones en fuentes de energía renovables, toca decir adiós al modelo basado en combustibles fósiles, precios volátiles y acuerdos con países autoritarios. La revolución energética está en marcha y el sol y el viento son los nuevos recursos estratégicos. Al igual que en las revoluciones anteriores, quien los controle podrá disfrutar de un importante crecimiento económico. Ahora es el turno de un modelo energético limpio y barato, ahora es el turno de la Península Ibérica.