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En los 8 países del listado sin un mínimo nacional general, la mediana de la búsqueda se sitúa en 3,9 meses. En los otros 34, es de 5 meses. Es una diferencia de algo más de un mes. El patrón apunta a que un suelo salarial más flexible podría facilitar contratar.
Y estos datos tienen mucho sentido. Si una empresa debe pagar un salario mínimo superior al valor que espera obtener del trabajo de una persona con poca experiencia o productividad inicial baja, puede decidir no contratarla. En ese caso, quienes buscan su primer empleo o tienen menos formación podrían encontrar más obstáculos. El riesgo depende de cuánto se acerque el mínimo al salario habitual y de la productividad de cada sector: un salario mínimo bajo puede no alterar ninguna decisión de contratación.
Mediana de búsqueda de empleo con y sin SMI

Fuente: Carlos Arenas Laorga, datos de la OCDE
Pero el mecanismo contrario también existe. Un salario mínimo puede elevar los ingresos de trabajadores con poca capacidad de negociación, sostener su consumo y reducir la rotación. Para una empresa, menos rotación significa menos costes de buscar, seleccionar y formar personal. Si el aumento salarial mejora la retención o la demanda de los clientes, el efecto sobre el empleo puede ser pequeño o incluso compensarse por otras vías. Por eso, estos datos no nos permiten saber si el hecho de tener un SMI dificulta o no encontrar un empleo. Eso sí, el dato es el dato. Donde no hay SMI, la búsqueda es menor.
Pero claro, hay muchas variables y esto que hacemos aquí es muy simplista. México registra la búsqueda más corta del listado, con 1,2 meses, pese a contar con salario mínimo legal. Estados Unidos tiene 2,2 meses y Canadá 2,4. En cambio, Italia supera los 12 meses y no tiene un salario mínimo nacional general. Grecia, Eslovaquia y Sudáfrica también superan el año, aunque sí cuentan con un mínimo legal.
La rapidez para encontrar trabajo depende también de cuántas vacantes hay, de si las habilidades de los candidatos encajan con lo que buscan las empresas y de la facilidad para trasladarse o cambiar de sector. Si hay pocos puestos disponibles, un salario más bajo no garantiza que aparezcan nuevas oportunidades. Y si los empleadores no encuentran los perfiles que necesitan, las vacantes pueden seguir abiertas mientras los desempleados continúan buscando.
La OCDE y otras instituciones internacionales han hecho estudios al respecto. Por ejemplo, en el caso de España en 2022 decían que mejoró la calidad de los que ya estaban contratados, pero que se dejaron de contratar nuevos puestos. Bien y mal.
La Organización Internacional del Trabajo dice que los estudios encuentran resultados distintos según el país, el periodo y el método empleado. En las economías de renta alta, el resultado más frecuente es que los efectos agregados sobre el empleo sean cercanos a cero o demasiado pequeños para apreciarse en las estadísticas generales. Eso no descarta perjuicios para determinados grupos, empresas o sectores cuando el mínimo se fija muy alto; indica que el efecto promedio no puede trasladarse sin más a cada trabajador.
La conclusión más rigurosa es que un salario mínimo elevado respecto a la productividad de ciertos puestos puede reducir oportunidades de contratación para algunos colectivos. Especialmente los más vulnerables, que se supone que es a quien va destinada la medida.
Aquí no sacamos conclusiones, simplemente damos un dato. Sin SMI se encuentra trabajo más rápido.

