Sin giros bruscos ni anuncios inesperados: los tipos de interés en Europa se mantienen intactos, tal y como ha comunicado esta tarde el BCE en su reunión. En medio de un escenario internacional sacudido por el encarecimiento de la energía tras el conflicto en Irán, la decisión transmite una idea clara: no es momento de reaccionar con prisas. La inflación sigue bajo vigilancia, pero el origen de las tensiones —volátil y condicionado por factores geopolíticos— invita a la cautela. Mover los tipos ahora sería, más que una solución, un gesto con escaso impacto real sobre el curso inmediato de los acontecimientos.

Se impone así una pausa deliberada, casi estratégica. La política monetaria opta por resistir, observar y ganar tiempo mientras se clarifica el alcance de las presiones inflacionarias. El mensaje es firme aunque contenido: la puerta a futuros ajustes no está cerrada, pero tampoco se fuerza. En este equilibrio entre prudencia y determinación, el BCE dibuja una hoja de ruta en la que la paciencia pesa más que la urgencia, consciente de que las decisiones apresuradas pueden tener un coste mayor que la espera.

Mayor incertidumbre por el conflicto de Irán

De esta manera, y tal y como indica en su comunicado de hoy, el Consejo de Gobierno del BCE ha decidido hoy "mantener sin variación los tres tipos de interés oficiales del BCE y tiene la determinación de asegurar que la inflación se estabilice en el objetivo del 2% a medio plazo".

En concreto, los tipos de interés aplicables a la facilidad de depósito, a las operaciones principales de financiación y a la facilidad marginal de crédito se mantendrán sin variación en el 2,00%, el 2,15% y el 2,40%, respectivamente. Y esta ha sido una decisión UNANIME.

"La guerra en Oriente Próximo ha creado riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico, que hacen que las perspectivas sean mucho más inciertas. La guerra tendrá un impacto importante en la inflación a corto plazo debido al encarecimiento de los precios de la energía. Sus implicaciones a medio plazo dependerán tanto de la intensidad y la duración del conflicto, como del modo en que los precios de la energía afecten a los precios de consumo y a la economía", señala el organismo europeo.

De cara a las próximas reuniones, "el Consejo de Gobierno se encuentra en buena posición para navegar esta incertidumbre. La inflación se ha situado en torno al objetivo del 2%, las expectativas de inflación a más largo plazo están firmemente ancladas y la economía ha mostrado resiliencia en los últimos trimestres. La información que se obtenga en adelante permitirá al Consejo de Gobierno evaluar los efectos de la guerra sobre las perspectivas de inflación y los riesgos a los que están sujetas. El Consejo de Gobierno está vigilando atentamente la situación y su enfoque dependiente de los datos le ayudará a definir de modo apropiado la política monetaria". En particular, sus decisiones sobre los tipos de interés se basarán en su valoración de las perspectivas de inflación y de los riesgos a los que están sujetas, teniendo en cuenta los nuevos datos económicos y financieros, la dinámica de la inflación subyacente y la intensidad de la transmisión de la política monetaria. El Consejo de Gobierno no se compromete de antemano con ninguna senda concreta de tipos.

Previsiones de inflación al alza y crecimiento económico a la baja

De cara a las previsiones, las nuevas proyecciones de hoy incorporan excepcionalmente la información obtenida hasta el 11 de marzo, fecha de cierre posterior a la habitual. En el escenario de referencia el BCE estima que la inflación general se situará, en promedio, en el 2,6% en 2026, el 2,0% en 2027 y el 2,1% en 2028. La inflación se ha revisado al alza en comparación con las proyecciones de diciembre, especialmente para 2026, debido a la subida de los precios de la energía como consecuencia de la guerra en Oriente Próximo.

Los expertos también prevén que la inflación, excluidos la energía y los alimentos, se situará, en promedio, en el 2,3% en 2026, el 2,2% en 2027 y el 2,1% en 2028. Esta senda también es más elevada que la de las proyecciones de diciembre y refleja principalmente la transmisión de la subida de los precios energéticos a la inflación, excluidos la energía y los alimentos.

Respecto al crecimiento económico, se situará, en promedio, en el 0,9% en 2026, el 1,3% en 2027 y el 1,4% en 2028, lo que implica una revisión a la baja, sobre todo para 2026, debido a los efectos de la guerra en los mercados de materias primas, en las rentas reales y en la confianza en todo el mundo. Al mismo tiempo, el bajo nivel de desempleo, la solidez de los balances del sector privado y el gasto público en defensa e infraestructuras deberían seguir respaldando el crecimiento.

Discurso Lagarde

En su discurso Christine Lagarde ha destacado que la economía de la eurozonacreció ligeramente a finales de 2025, apoyada en el consumo interno y en una mejora de la inversión, especialmente en sectores vinculados a la digitalización. Sin embargo, subraya que el contexto internacional es especialmente incierto debido a la guerra en Oriente Medio, que se ha convertido en un factor clave de riesgo. Este conflicto está provocando tensiones en los mercados energéticos, encareciendo la energía y afectando negativamente a la confianza, al consumo y a la inversión, con un impacto más acusado previsto para 2026.

En este sentido, Lagarde insiste en que la guerra puede tener efectos prolongados sobre los precios de la energía, lo que no solo reduce el poder adquisitivo de los hogares, sino que también aumenta los costes para las empresas. Esto introduce una presión adicional sobre la inflación, que ya ha repuntado hasta el 1,9% en febrero, situándose cerca del objetivo del 2%. Aunque algunos componentes, como la energía, habían mostrado caídas interanuales, el reciente aumento de precios energéticos podría hacer que la inflación supere el 2% a corto plazo.

Además, advierte del riesgo de efectos indirectos o de segunda ronda, es decir, que el encarecimiento de la energía se traslade al resto de precios y a los salarios, generando una inflación más persistente. Aunque se espera que los costes laborales se moderen en 2026, lo que ayudaría a estabilizar los precios, la evolución dependerá en gran medida de la duración e intensidad del conflicto.

En términos de riesgos, señala que el crecimiento enfrenta riesgos claramente a la baja, principalmente por la guerra, el encarecimiento energético y las tensiones comerciales, mientras que la inflación presenta riesgos al alza, especialmente si la crisis energética se prolonga. En este contexto, también menciona que las condiciones financieras se han endurecido, con subidas de tipos de interés y mayor volatilidad en los mercados, lo que podría frenar aún más la actividad económica.

Lagarde, también ha señalado que "Cualquier respuesta fiscal a una crisis energética debe ser temporal, específica y adaptada a cada caso".

Ha dicho que "la guerra está perturbando los mercados de materias primas, afectando la confianza" y "el deterioro del sentimiento del mercado puede reducir la demanda", lo que podría derivar en interrupciones en las cadenas de suministro e incidencias en las exportaciones.

En cuanto a los diferentes escenarios, tanto en el comunicado del BCE como en la rueda de prensa se ha incidido en que se publicarán próximos escenarios en los que se valorarán diferentes opciones dentro de la guerra, desde una paz pronta a un conflicto enconado. En estos escenarios se estimarán los posibles impactos para los precios y, por lo tanto, la postura que tendrá el BCE frente a los mismos. Ha adejado entrever que en el escenario base, hay un poco de propagación desde la energía; el escenario severo tiene un precio del petróleo y gas significativamente alto y luego vuelve al escenario base al final del horizonte; pero hay otro en el que el precio del petróleo cae más allá del final del horizonte de proyección. "Hay una diferencia significativa entre los escenarios".

Programa de compras de activos y programa de compras de emergencia frente a la pandemia

El tamaño de las carteras del APP y del PEPP está disminuyendo a un ritmo mesurado y predecible, dado que el Eurosistema ha dejado de reinvertir el principal de los valores que van venciendo.

El Consejo de Gobierno está preparado para ajustar todos sus instrumentos en el marco de su mandato para asegurar que la inflación se estabilice en su objetivo del 2% a medio plazo y preservar el buen funcionamiento de la transmisión de la política monetaria. Además, el Instrumento para la Protección de la Transmisión está disponible para contrarrestar dinámicas de mercado no deseadas o desordenadas que constituyan una seria amenaza para la transmisión de la política monetaria en los países de la zona del euro, lo que permite al Consejo de Gobierno cumplir con mayor efectividad su mandato de estabilidad de precios.