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Esta carrera inversora está teniendo consecuencias en un mercado que parecía alejado de la revolución tecnológica: el de los bonos.
Las grandes compañías están recurriendo cada vez más a la deuda para financiar sus proyectos. El aumento de las emisiones obliga a competir por el capital disponible y está elevando las rentabilidades exigidas en determinados segmentos del crédito corporativo.
La deuda vinculada a la inteligencia artificial se dispara en 2026
Según estimaciones difundidas recientemente por Morgan Stanley, las emisiones de deuda relacionadas con la inteligencia artificial alcanzaron aproximadamente 466.000 millones de dólares durante los nueve primeros meses de 2026.
La cifra contrasta con los 101.000 millones registrados entre enero y septiembre de 2025, lo que supone un incremento superior al 360%.
Junio destacó con 113.000 millones de dólares, mientras que septiembre cerró con 23.000 millones, menos de la mitad del volumen de agosto.
Todo ello responde a las enormes necesidades de financiación de instalaciones informáticas, semiconductores y nuevas infraestructuras energéticas.
Los gigantes tecnológicos multiplican sus emisiones de bonos
Un informe de CPR Asset Management revela que los grandes proveedores de servicios en la nube, conocidos como hyperscalers, habían colocado aproximadamente 223.000 millones de dólares en bonos denominados en distintas divisas durante 2026.
De esa cantidad, 132.000 millones correspondían a emisiones en dólares estadounidenses, equivalentes al 7% del mercado primario de bonos corporativos con grado de inversión de Estados Unidos.
El crecimiento resulta especialmente llamativo al compararlo con ejercicios anteriores. Las cinco grandes compañías tecnológicas emitieron una media anual cercana a 35.000 millones de dólares entre 2020 y 2024. En 2025, esa cantidad ascendió a 93.000 millones.
Las empresas están utilizando su capacidad de endeudamiento para acelerar inversiones cuya rentabilidad dependerá de la futura demanda de servicios de inteligencia artificial.
Más bonos a largo plazo y mayor presión sobre las rentabilidades
El impacto no depende únicamente del volumen emitido, sino también de los vencimientos.
CPR Asset Management señala que más del 40% de los bonos en dólares colocados por estos grandes proveedores tecnológicos durante 2026 tenían vencimientos de 20 años o más.
En el conjunto del mercado estadounidense de deuda corporativa de alta calidad, esa proporción rondaba el 15%.
Esta diferencia aumenta la oferta de títulos de larga duración. Cuando los inversores consideran excesiva esa oferta, pueden exigir mayores rentabilidades para adquirir nuevos bonos.
Como los precios de los bonos y sus rentabilidades evolucionan en sentido contrario, una mayor exigencia de intereses puede traducirse en una caída de sus cotizaciones. No obstante, este mecanismo no implica que todas las emisiones tecnológicas se estén encareciendo por igual.
Financiar centros de datos cuesta ya cerca del 7%
La presión resulta especialmente visible entre los operadores especializados en infraestructuras informáticas.
Morgan Stanley ha señalado que determinados bonos de centros de datos con las mejores calificaciones habían pasado de ofrecer rentabilidades inferiores al 5% a comienzos de 2026 a situarse cerca del 7%. La diferencia equivale aproximadamente a 200 puntos básicos.
En una financiación de 1.000 millones de dólares, dos puntos porcentuales adicionales representarían 20 millones más de intereses anuales, suponiendo un coste fijo aplicado sobre todo el principal.
La entidad también calcula que las emisiones de deuda titulizada vinculada a centros de datos podrían alcanzar entre 120.000 y 150.000 millones de dólares durante los próximos años.
Estas operaciones permiten obtener financiación utilizando como respaldo determinados activos o flujos de ingresos.
¿Puede la IA encarecer también los bonos del Estado?
El incremento de la deuda tecnológica plantea otra cuestión: si las grandes empresas ofrecen rentabilidades cada vez más atractivas, podrían competir con los gobiernos por una parte del ahorro de los inversores.
Sin embargo, no existe evidencia suficiente para atribuir directamente a la inteligencia artificial el aumento de las rentabilidades de los bonos del Tesoro estadounidense.
Un análisis de MSCI advierte de las limitaciones de esa relación. La inflación, las decisiones de la Reserva Federal, las expectativas económicas y los déficits públicos siguen siendo determinantes para la deuda soberana.
La presión más evidente se concentra, por ahora, en segmentos del crédito corporativo y de la financiación especializada.

