El final del QE representa más un símbolo que el camino decisivo hacia la normalización de la política monetaria estadounidense.
 La decisión de la Fed de retirar los estímulos ha sido más bien una buena noticia para los mercados, que estaban preocupados por el débil crecimiento económico global y por un posible escenario de estancamiento secular, lo que provocó la fuerte caída de las bolsas el mes pasado. Los miembros de la Fed no habrían cerrado el grifo si no estuvieran convencidos de la capacidad de recuperación de la economía estadounidense.

Por otra parte, este movimiento era esperado por los mercados que han tenido tiempo para preparase desde el taper tantrum del año pasado. Así que, probablemente ha sido un no-evento, ya que los inversores están ya atentos al que será el siguiente paso: el aumento de los tipos de interés. Pero, ¿cuándo va a comenzar, qué velocidad tendrán los incrementos y hasta qué nivel se elevarán?

Por lo general, los mercados de renta variable deberían ser más volátiles durante de este primer tramo del camino pero, en general, las valoraciones se mantendrán al alza, siempre y cuando el nivel de los tipos de interés se mantenga dentro de lo que se considera acomodaticio. Algunos activos de los países emergentes también podrían estar bajo presión y tener menos liquidez para cubrir los desequilibrios de sus balances. En este sentido, Sudáfrica y Turquía son probablemente los más vulnerables. En lo que se refiere a las materias primas, sus perspectivas mejorarán sólo si el crecimiento mundial se acelera mucho más rápido que el ritmo de normalización de la Fed. Por último, pero no menos importante, es de esperar que la curva de rendimiento de los bonos del Tesoro americano se aplane mientras la Fed normaliza su política.

Sin embargo, vale la pena mencionar dos puntos. En primer lugar, el impacto del aumento de los tipos por parte de la Fed en los mercados puede ser amortiguado o compensado en parte por la trayectoria divergente de otros bancos centrales importantes, como el Banco de Japón y el BCE, que deberían implementar políticas aún más acomodaticias en el futuro. En segundo lugar, mirando más allá del ciclo actual con una perspectiva de más largo plazo, podemos pensar que la economía de Estados Unidos va sólo un paso por delante, y que puede seguir el mismo camino que Europa y Japón, que han caído en un entorno de baja inflación, bajo crecimiento y deuda elevada.

Por lo tanto, mientras que los inversores a corto plazo se preguntan cuál puede ser el impacto que tendrá en los próximos meses el fin de la inyección de liquidez, también hay que tener en perspectiva una visión a largo plazo y no descartar por completo un estancamiento secular mundial. Llegado el caso, se puede apostar a que el grifo de la liquidez volverá a ponerse en marcha de nuevo y de una forma aún mayor.