José Luis Cava comienza analizando la encuesta de la Universidad de Michigan, señalando que el nivel de miedo de los consumidores estadounidenses es “elevadísimo”, comparable a momentos como “los mínimos del año 2008” o “cuando el Covid”. De este modo, concluye que los consumidores “creen que la economía de los Estados Unidos va a sufrir una crisis muy grave”.

Sin embargo, destaca un matiz clave: este miedo es más intenso en los segmentos de renta media y alta. Según afirma, “los que tienen rentas medias o más altas son los que tienen más miedo”, lo que le lleva a concluir que “en media el consumidor estadounidense es un papahuevos y especialmente aquellos que gozan de niveles de renta medio y altos”. Relaciona esta idea con una reflexión atribuida a Ramón María del Valle-Inclán: “Con los cuatro duros que les han dado a los pobres, les han inoculado el miedo a perderlo”, explicando que quienes tienen más recursos temen más perderlos, mientras que los más vulnerables conocen “que el verdadero miedo es la precariedad”.
El experto también analiza la economía estadounidense desde un punto de vista objetivo. Apoyándose en datos de la Reserva Federal de Atlanta, afirma que la economía “está creciendo a una tasa del 2%”, lo que considera relativamente elevada. Además, subraya que Estados Unidos tiene ventajas estructurales, como su acceso al gas, lo que implica que “no va a tener escasez”. Aunque reconoce que la inflación a corto plazo aumenta, destaca que las expectativas a medio plazo “continúan ancladas”.
Uno de los elementos más relevantes es la aparente contradicción entre sentimiento y comportamiento: “los consumidores estadounidenses están temerosos… y sin embargo el ritmo de consumo privado no decae”. Explica esto mediante una “recuperación en forma de K”, donde “el 20% más rico sustenta el 60% del consumo privado”. Por tanto, concluye que, a nivel macroeconómico, “el consumo privado será difícil que caiga” y que la economía estadounidense “puede sobrevivir holgadamente a la crisis militar de Irán”.
En el plano geopolítico, sostiene que Donald Trump busca “el control del petróleo de Irán” y, en consecuencia, el dominio del estrecho de Ormuz. Señala que Estados Unidos se enfrenta tanto a Rusia, que “está apoyando militarmente a Irán”, como a China, que simultáneamente busca acelerar un acuerdo para no perder influencia. En este contexto, considera que Estados Unidos “puede mantener la presión sin ningún problema” y que Trump “está controlando la situación”.
Finalmente, introduce una crítica a la política energética europea. Afirma que en Europa “nos han vendido el rollito del cambio climático”, destacando el caso de Alemania, que ha invertido grandes recursos en energías renovables tras abandonar la nuclear. Según su análisis, aunque la capacidad instalada ha aumentado, la falta de estabilidad provoca caídas en la producción, lo que dificulta sostener una economía industrial. Añade que los precios de la energía “se han duplicado” y que esto está afectando al crecimiento.
También menciona a TotalEnergies como ejemplo de giro en la estrategia energética, al “abandonar el objetivo de cero emisiones”. Asimismo, señala que China continúa apostando por el carbón pese a su discurso en renovables.
Como conclusión, advierte que el mercado está dominado por el miedo y pide a los inversores evitar caer en él: “nos están metiendo mucho, mucho miedo… no sean papahuevos, no vamos a ser papanatas”.