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Araceli de Frutos considera que los mercados llegan al cierre de mayo todavía muy condicionados por la evolución del conflicto en Oriente Medio y, en particular, por las noticias sobre una posible tregua y la reapertura del estrecho de Ormuz.
La incertidumbre sigue trasladándose con rapidez al precio del crudo, que se mantiene en niveles elevados, alrededor de los 94 dólares, y continúa siendo uno de los principales focos de volatilidad. Aun así, interpreta que el tono de fondo de los mercados no es negativo, especialmente porque los índices estadounidenses han vuelto a tomar la delantera frente a Europa gracias al impulso del sector tecnológico.
Tras la publicación de resultados empresariales del primer trimestre, compañías vinculadas a la tecnología y a la inteligencia artificial han reforzado las expectativas de crecimiento, con ejemplos de fuertes revalorizaciones como Dell y con nuevas operaciones de financiación en empresas del sector. Aunque reconoce que las valoraciones empiezan a dar vértigo y que habrá que vigilar si los beneficios justifican esos precios, por ahora el crecimiento esperado a doble dígito para 2026 y 2027 sigue dando soporte al mercado.
En renta fija, Araceli destaca que las rentabilidades de la deuda estadounidense se han suavizado respecto a los máximos recientes, con el bono a 30 años alejándose del 5% y el 10 años del 4,5%, lo que contribuye a aliviar parte de la presión sobre las bolsas. No obstante, insiste en mantener la cautela, sobre todo de cara al fin de semana, porque cualquier declaración o giro geopolítico puede alterar de nuevo el escenario.
En Europa, la atención se centra en la próxima reunión del Banco Central Europeo, prevista para el 11 de junio, donde el mercado descuenta con una probabilidad muy elevada una subida de tipos. A su juicio, aunque esa decisión parece prácticamente asumida, no sería la más conveniente, porque la inflación actual procede más de un shock de oferta, ligado al petróleo, que de un exceso de demanda. Subir tipos en ese contexto puede dañar el consumo, la inversión y el crecimiento de una economía europea que ya no muestra una gran fortaleza.
En cuanto a inversión, Araceli defiende mantener la estrategia planteada desde comienzos de año. Cree que siempre habrá incertidumbre en los mercados, pero que eso no debe llevar a cambiar constantemente el posicionamiento.
El sector tecnológico continúa siendo su principal apuesta y el que recomienda sobreponderar en cartera, especialmente las grandes compañías que lideran la inversión en inteligencia artificial. Dentro de esta temática, considera que los semiconductores siguen siendo los grandes ganadores frente al software, más castigado en algunos momentos del año.
Entre los valores concretos menciona Alphabet, Microsoft, Nvidia y Broadcom en Estados Unidos, y ASML e Infineon en Europa. Además, señala las segundas derivadas de la tecnología: infraestructuras, energía, eléctricas y materiales, sectores beneficiados por la expansión de los centros de datos y por el aumento del consumo eléctrico ligado a la inteligencia artificial.
En utilities cita a Engie, Iberdrolay E.ON, además de compañías estadounidenses de equipamiento y generación eléctrica como Vistra Energy y Constellation Energy. También ve sentido en mantener cierto componente defensivo, con telecos y eléctricas, que aportan dividendo y estabilidad.

