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La inflación, el petróleo y la geopolítica siguen condicionando a los mercados. El crudo ronda los 89 dólares y el IPC estadounidense de julio se situó en el 3,4%, con una subyacente del 2,5%, mientras que en España la inflación repuntó al 3,6%. Aunque el mercado descuenta ahora una mayor probabilidad de que la Fed mantenga los tipos en septiembre, los tres votos a favor de una subida en la última reunión muestran que las presiones siguen presentes. Los últimos datos de empleo han reducido las expectativas de una subida de tipos, pero la inflación todavía exige cautela.

Los beneficios son el gran soporte de las bolsas

Pese a las dudas macroeconómicas, los resultados empresariales siguen siendo el principal respaldo del mercado. En Estados Unidos, las ventas crecen un 15,2% y los beneficios un 51,5%, mientras que en Europa los beneficios avanzan un 22,4% y las ventas un 12,6%. La fortaleza no se limita a la tecnología: energía, materiales y banca también están ofreciendo resultados sólidos.

La fortaleza de los márgenes está sorprendiendo incluso a los analistas más optimistas. La mejora de los márgenes suele producirse en las primeras fases del ciclo, pero la inteligencia artificial parece estar prolongándolo al aportar nuevas fuentes de crecimiento y eficiencia. En este contexto, tampoco creo que las bolsas se hayan encarecido tanto como podría sugerir su subida. El fuerte incremento de las previsiones de beneficios ha compensado buena parte del avance de los índices, de modo que una subida del 13% no implica necesariamente un deterioro significativo de las valoraciones.

Por eso, aunque no se descarta alguna corrección a corto plazo, la tendencia de fondo sigue respaldada por los beneficios. Después de la temporada de resultados volverán al primer plano cuestiones como el capex, el retorno de la inversión en inteligencia artificial y las valoraciones de las compañías vinculadas a esta tecnología.

Tecnología, banca y energía siguen entre las apuestas

La estrategia sectorial mantiene el foco en petróleo, banca, tecnología, materiales vinculados a la inteligencia artificial y metales y minería. En el lado contrario, seguimos siendo más cautos con automóviles, consumo y medios de comunicación.

No creo que haya que modificar radicalmente la estrategia. Quizá sí tenga sentido adoptar un sesgo algo más defensivo y favorecer Europa ante posibles episodios de volatilidad. A medio plazo, bancos, tecnología y determinados sectores cíclicos todavía cuentan con catalizadores para seguir funcionando.

El principal riesgo es que las empresas tendrán que superar unas expectativas cada vez más exigentes. Al mismo tiempo, los bonos se han abaratado y vuelven a ofrecer rentabilidades atractivas. Un bono soberano británico a diez años, con una rentabilidad cercana al 4,7%-5%, puede competir con otros activos y aportar un componente defensivo a las carteras.

No estamos ante una situación comparable a 2011-2012, pero los niveles actuales sí permiten plantearse incrementar moderadamente la exposición a deuda soberana. Además del cupón, existe potencial de ganancias de capital si las rentabilidades de los bonos comienzan a descender.

Banca Ibex 35: mantener posiciones, pero sin perseguir al mercado

En cuanto a la banca, 2025 fue un año extraordinario y a comienzos de este ejercicio redujimos posiciones hasta adoptar una postura más neutral. Fue una decisión prudente, teniendo en cuenta el elevado peso que habían alcanzado algunas entidades. Posteriormente volvimos a incrementar la exposición al comprobar la calidad de la gestión y la fortaleza de los resultados.

Los bancos estadounidenses han demostrado una enorme capacidad para aprovechar oportunidades, mientras que la banca comercial española está mostrando una resiliencia extraordinaria. Los márgenes de intermediación, la morosidad, la solvencia y los ratios de eficiencia han evolucionado mejor de lo esperado.

La principal dificultad de la banca del Ibex 35 ahora es la valoración. Por ejemplo, Banco Santander sigue siendo una entidad que nos gusta, pero después del fuerte recorrido alcista ya presenta mucho menos potencial. Algunos múltiplos se sitúan en niveles muy elevados frente a sus medias históricas. Por eso mantenemos las posiciones, pero no estamos incrementándolas a estos niveles.

En definitiva, estamos cómodos con las carteras actuales, pero tampoco creemos que sea el momento de perseguir al mercado. Después de un recorrido tan importante, preferimos mantener las posiciones y esperar a que aparezcan nuevos catalizadores. Si el escenario cambia, podremos ajustar la exposición o incrementar posiciones en aquellas compañías que sigamos considerando atractivas. Mientras tanto, la estrategia es sencilla: mantenernos invertidos, pero sin asumir más riesgo del necesario.