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Esta semana conoceremos el IPC de septiembre de Estados Unidos, cuyas previsiones apuntan a una variación mensual del 0,4%, así como las ventas minoristas, el índice de precios al productor y la producción industrial. También se publicará el Libro Beige de la Reserva Federal, los grandes bancos presentarán sus resultados y se celebrará la reunión del Fondo Monetario Internacional en Bangkok, a la que ya ha anunciado que no asistirá el secretario del Tesoro estadounidense. ¿Qué podemos esperar de todas estas referencias económicas?

El IPC de Estados Unidos correspondiente a septiembre se publicará el 14 de octubre. Las previsiones apuntan a una variación mensual del 0,4%, en línea con el dato de agosto. De confirmarse, reflejaría una persistencia de las presiones inflacionistas. En términos interanuales, la inflación se sitúa en el 3,4%, un nivel que todavía se encuentra alejado del objetivo de la Reserva Federal.

En cuanto a las ventas minoristas, el incremento interanual ha sido de apenas un 0,1%, mientras que, en comparación con agosto, han registrado una caída del 1,3%.

Por su parte, el índice de precios al productor también presenta una variación del 0,4%, similar a la del IPC. No obstante, hay otro dato relevante: el índice se sitúa actualmente en 157,41 puntos. Esto significa que los precios han aumentado un 57,41% respecto al periodo de referencia utilizado en Estados Unidos, que corresponde al promedio de los años 1982 a 1984, lo que refleja el encarecimiento acumulado.

En el ámbito industrial, la evolución de la actividad manufacturera es muy positiva. El indicador se mantiene en terreno de expansión por décimo mes consecutivo, una señal favorable para la economía estadounidense.

Respecto a la Reserva Federal, el mercado asigna una probabilidad de entre el 80% y el 82% a que mantenga los tipos de interés sin cambios en su reunión del 27 y 28 de octubre. Sin embargo, algunos especialistas consideran que, dadas las circunstancias económicas actuales, sería recomendable elevar los tipos de referencia en 25 puntos básicos, hasta un rango del 4% al 4,25%.

El petróleo sigue caro y la escasez de suministro podría agravarse si se prolonga el conflicto. Delta Air Lines ya ha recortado sus previsiones de beneficios por el encarecimiento del combustible. ¿Qué podemos esperar y qué sectores están notando ya sus efectos?

Los principales responsables del incremento de los precios del petróleo y sus derivados a escala mundial no son Irán, como se está acusando en numerosas ocasiones, sino Estados Unidos e Israel. En este contexto, los productos que más se han encarecido son el diésel, cuyo precio ha aumentado un 75%, y el petróleo, con una subida del 45%.

Las infraestructuras petroleras bombardeadas podrían tardar hasta dos años en reconstruirse, lo que retrasaría la recuperación de la normalidad en el suministro. No obstante, esto dependerá de que se alcance un acuerdo de paz que permita avanzar hacia una situación similar a la anterior al inicio del conflicto, que estalló en febrero.

A esta situación se suma otro factor: los ataques de Ucrania contra instalaciones petroleras rusas. Según los datos disponibles, Rusia ha reducido su oferta un 30% respecto a los niveles anteriores al conflicto, lo que añade más presión al mercado energético.

En cuanto a las consecuencias empresariales, Delta Air Lines ya ha anunciado que sus beneficios se reducirán este año debido al encarecimiento del combustible. La compañía estima que sus costes de combustible aumentarán en 6.000 millones de dólares anuales, un incremento que repercutirá directamente en sus resultados.

Donald Trump ha alcanzado un acuerdo con Vladímir Putin para suministrar diésel ruso a los mercados estadounidense y mundial, una medida que llega antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre y que podría contribuir a abaratar el combustible y mejorar la imagen del presidente. ¿Puede este acuerdo ser una solución al encarecimiento del petróleo?

En cierta medida, sí. El acuerdo contempla un suministro inicial de 300.000 toneladas, que aumentaría hasta las 500.000 en noviembre, con un volumen total que podría alcanzar los 4,8 millones de toneladas. En principio, el pacto se extendería hasta 2027.

Sin embargo, los precios no van a bajar de forma inmediata, ya que todavía hay existencias de diésel adquiridas a precios mucho más elevados que deberán ir consumiéndose. Es probable que la presión sobre los precios disminuya progresivamente a medida que pasen los días y se materialicen los nuevos suministros.

Además, esta medida también tiene una dimensión estratégica. Como algunos señalan, la llamada psicología del mercado puede generar efectos positivos para la percepción de la economía y la imagen de Estados Unidos, incluso mayores que los derivados de la lectura de su política exterior e internacional.

La rentabilidad del bono estadounidense a diez años cae a mínimos desde 2002, mientras la deuda del país supera los 40 billones de dólares y crecen las dudas sobre la demanda de China y Japón. ¿Qué consecuencias tiene para la economía de Estados Unidos?

En primer lugar, podría encarecer las hipotecas y los préstamos. El bono del Tesoro estadounidense a diez años es una referencia directa para fijar los tipos de interés de las hipotecas y otros créditos a largo plazo, tanto para las familias como para las empresas. Por tanto, si su rentabilidad aumenta, también se encarece la financiación.

En segundo lugar, se genera presión sobre la bolsa y las valoraciones de los activos. Si aumenta la rentabilidad de los bonos del Tesoro, estos se vuelven más atractivos para los inversores, que pueden obtener un mayor rendimiento por su dinero. Esto obliga a las empresas que cotizan en bolsa a ofrecer una rentabilidad potencial más atractiva para captar el interés de los inversores y financiar sus actividades mediante la emisión de acciones.

Asimismo, el encarecimiento de la financiación tendría consecuencias para el propio Gobierno estadounidense, que necesita seguir endeudándose para cubrir sus necesidades. La deuda del país ya supera el valor de su producto interior bruto (PIB) anual, por lo que unos costes de financiación más elevados aumentarían la presión sobre sus cuentas públicas.

Por último, también se incrementarían los costes de financiación empresarial, especialmente para las pequeñas y medianas empresas, que tendrían que asumir un mayor coste de la deuda para mantener sus operaciones y desarrollar su actividad en el mercado estadounidense.

Las empresas vinculadas a los semiconductores, fundamentales para el desarrollo de la inteligencia artificial, han registrado caídas en bolsa ante las dudas de Wall Street sobre cuándo empezarán a rentabilizarse plenamente las multimillonarias inversiones realizadas. ¿Hay alguna compañía del sector que destaque y en la que merezca la pena fijarse?

Considero que conviene prestar atención a Nvidia, una de las compañías que sigo personalmente y que recomendaría analizar a quienes estén interesados en invertir en este sector. Su cotización ha mostrado una tendencia alcista, con pequeñas caídas que posteriormente ha conseguido recuperar.

Hay un dato especialmente relevante: la capitalización bursátil de Nvidia supera actualmente a la de Apple, y la compañía se encuentra entre las que más rentabilidad generan dentro del S&P 500. Es una referencia importante para los inversores que buscan oportunidades vinculadas a la inteligencia artificial.

Para poner estas cifras en perspectiva, la capitalización bursátil de Nvidia equivale aproximadamente a tres veces el PIB anual de España. Por todo ello, considero que es una compañía a la que merece la pena seguir de cerca.

¿Qué otros sectores considera interesantes para invertir, además del tecnológico?

El sector bancario también resulta atractivo, al igual que el inmobiliario, tanto comercial como residencial. Asimismo, el sector energético ofrece buenos rendimientos. Son ámbitos que pueden presentar oportunidades de inversión para quienes buscan hacer crecer su capital.