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Los mercados han comenzado septiembre con cierta turbulencia. Esta semana conoceremos datos relevantes, como el empleo de agosto, los PMI manufacturero y no manufacturero y el Libro Beige de la Reserva Federal. Además, la escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán ha vuelto a impulsar el precio del petróleo y los rendimientos de los bonos. ¿Cómo valora la situación actual?

Estamos ante una situación de bastante tensión. El West Texas se encuentra por encima de los 90 dólares, un nivel que genera preocupación entre los inversores. Al mismo tiempo, el mercado está asignando una probabilidad elevada a una nueva subida de tipos por parte de la Reserva Federal. También estamos viendo fuertes caídas en los bonos globales, lo que implica que las rentabilidades de la deuda a largo plazo, a 10, 20 y 30 años, están alcanzando niveles que no veíamos desde hace más de una década en algunos mercados.

Uno de los principales problemas es el elevado endeudamiento público. Los déficits fiscales siguen siendo muy importantes y muchos gobiernos gastan bastante más de lo que ingresan. En Estados Unidos, esta tendencia se mantiene desde hace años y ha llevado la deuda a niveles muy elevados. En Europa y Japón encontramos situaciones similares.

Cuando los inversores prestan dinero a los gobiernos, no solo valoran el riesgo de que tengan dificultades para afrontar el coste de esa deuda, sino también el impacto de la inflación. Si los precios continúan subiendo, los pagos que reciben por esos bonos pierden valor en términos reales.

Además, existe una competencia creciente por captar capital. Los gobiernos necesitan financiación, pero también las grandes compañías de inteligencia artificial, que requieren enormes cantidades de inversión para desarrollar infraestructuras, centros de datos y nuevas capacidades tecnológicas. Esa competencia también está ejerciendo presión sobre el mercado de bonos.

 La inflación sigue siendo una de las grandes preocupaciones. El presidente de la Reserva Federal ha insistido en que el objetivo del 2% sigue siendo alcanzable. ¿Cree que se puede conseguir a corto plazo? ¿Qué espera de la Fed en septiembre?

Creo que en septiembre veremos una subida de tipos. En junio, la Reserva Federal mantuvo un tono muy restrictivo. En julio se mostró algo más cómoda, pero en agosto volvió a endurecer el mensaje. Por eso, considero probable una subida en septiembre y no descartaría otra antes de que termine el año. Mucho dependerá de lo que ocurra en Oriente Medio y, especialmente, de la evolución del precio del petróleo.

La inflación general en Estados Unidos se encuentra en torno al 3,4%, mientras que la inflación subyacente está más cerca del 2,4% o del 2,5%. Si no existiera esta presión adicional procedente del conflicto en Oriente Medio, estaríamos ya bastante cerca del objetivo del 2%.

Estados Unidos también ha alcanzado un acuerdo con Venezuela relacionado con sus reservas de petróleo. ¿Qué impacto puede tener a largo plazo?

Creo que, en términos generales, puede ser positivo, aunque todavía faltan muchos detalles y habrá que ver cómo se desarrolla a largo plazo.

Hay que tener en cuenta que el petróleo venezolano es más costoso de extraer que el de otras regiones, como Oriente Medio. Por tanto, el impacto inmediato sobre los precios probablemente no será tan significativo.

Aun así, una mayor disponibilidad de petróleo podría contribuir a mantener los precios más controlados en el largo plazo.

Otro foco de tensión es la guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá. Washington ha anunciado nuevos aranceles y Canadá ha respondido con medidas similares. ¿Quién puede salir más perjudicado?

En términos relativos, Canadá probablemente sería el país más perjudicado. Para Estados Unidos, el impacto sería menos severo a nivel agregado, aunque sí habría sectores concretos especialmente afectados, como el automóvil y determinadas industrias muy expuestas al comercio bilateral. También habría impacto en productos estadounidenses con un peso relevante en las exportaciones hacia Canadá.

En cualquier caso, lo más importante será ver cómo evoluciona la relación comercial dentro del marco del acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá.

Ante este escenario económico, ¿qué sectores considera más atractivos para invertir en este momento?

La tecnología ha corregido bastante y sigue siendo uno de los principales motores del crecimiento de los beneficios empresariales. Por eso, creo que es un sector en el que puede volver a entrar dinero. Para los inversores que prefieran una estrategia más defensiva, me parecen interesantes las utilities, el sector sanitario y el consumo básico. Son áreas que, en el contexto actual, ofrecen una combinación atractiva entre estabilidad y potencial.

¿Y cuál sería su principal apuesta de inversión en este momento?

Mi idea principal son los bonos. No ha sido la estrategia que mejor se ha comportado en las últimas semanas, pero creo que existe un potencial importante de revalorización durante los próximos meses. Los bonos de larga duración podrían registrar ganancias significativas si se reduce la tensión geopolítica y la inflación continúa moderándose. En determinados escenarios, podríamos hablar incluso de rentabilidades del 30% o del 40%.

La renta fija no siempre es fácil de interpretar para el inversor particular. Si compras un bono con una rentabilidad del 5% y esa rentabilidad cae posteriormente al 4,5% o al 4,2%, el precio del bono sube y ahí puede generarse una ganancia considerable.

Creo que los bancos centrales y los gobiernos terminarán interviniendo para evitar que los tipos de interés de largo plazo permanezcan en niveles demasiado elevados durante demasiado tiempo. El sistema económico tiene dificultades para convivir con unas condiciones financieras tan restrictivas.

Por eso, considero especialmente atractivos los bonos del Tesoro estadounidense a 30 años. Dentro del escenario actual, la deuda americana de larga duración es una de las oportunidades que más me interesan.