Los bancos centrales están dándose cuenta de que los programas de compras de activos están teniendo únicamente un efecto marginal y están preocupados por las consecuencias de las políticas de tipos de interés cero.

Después de la Fed y el Banco de Japón, ahora es el BCE el que ha comenzado a sembrar dudas en el mercado sobre la eficacia de los programas de compras de activos. Ante la probabilidad de una subida de los tipos en EE. UU. en diciembre, en un plano subliminal los inversores están empezando a esperar un escenario más negativo en los mercados de bonos. Ciertamente, todavía no puede darse por seguro que una subida de los tipos de interés a corto plazo desencadene un ascenso de los tipos a largo plazo, pero los inversores podrían sentir la tentación de devolver estos instrumentos financieros con tipos negativos al lugar que les corresponde y al precio que les corresponde. Así las cosas, los bonos a largo plazo deberían excluirse de las carteras. Todavía es muy pronto para suscitar inquietudes entre los inversores, aunque el refugio de la renta fija podría convertirse en un infierno.

Las acciones son una de las pocas clases de activos que todavía pueden ofrecer rendimientos reales positivos, por lo que podrían beneficiarse de los movimientos de arbitraje. Sin embargo, en estos momentos seguimos estando lejos de esta situación, ya que la renta variable europea ha registrado su trigésima cuarta semana consecutiva de salidas de capitales. Al final, el Brexit apenas ha tenido incidencia en la evolución de las bolsas, pero sí desencadenó una oleada de insatisfacción política. Las próximas elecciones estadounidenses y el referéndum italiano son razones de peso para evitar asumir riesgos.
 
La coyuntura macroeconómica mejoró ligeramente al calor de la estabilización de los mercados emergentes y el inicio de una recuperación en el sector industrial en todo el mundo. Según los cálculos de diversos organismos, la economía mundial está estabilizándose en un crecimiento del orden del 2,8-3% en 2016-2017. Los riesgos macroeconómicos se sobrestimaron ampliamente a comienzos de año, con el agravamiento del conflicto militar en Siria como telón de fondo.

Mientras tanto, el hundimiento previsto de los países emergentes productores de petróleo no se produjo, la lenta muerte de la economía de la zona euro no se materializó, EE. UU. no ha alcanzado el final del ciclo económico actual y China lleva ya tres años «aterrizando».

En septiembre, el PMI manufacturero se recuperó en la mayoría de los países industrializados. Después de marcar un mínimo de 50, el PMI manufacturero mundial se mueve ahora en torno a 52, debido principalmente al fin del proceso de reducción del exceso de capacidad industrial. Las empresas de servicios son las que más contribuyen al PIB en las economías desarrolladas y/o fuertemente digitalizadas, pero la industria sigue absorbiendo una cuantiosa proporción del capital y la inversión, por ejemplo en el sector petrolero. Por lo tanto, esta mejoría del componente industrial podría dar impulso a las perspectivas de crecimiento mundial.
 
Las materias primas están recuperando el pulso tras un periodo de dificultades y la subida de los precios podría alimentar las presiones inflacionistas. La sorprendente decisión de la OPEP de reducir la producción de crudo tras la reunión de Argel podría marcar el final de la tendencia bajista del petróleo. Esto generaría un rebote automático de todas las materias primas, lo que provocaría una reacción en cadena positiva en los índices de precios. Desde las dos grandes crisis financieras de 2008 y 2011, los persistentes problemas de deflación en el mundo y el inexorable declive de la economía de la zona del euro han dado lugar a un intenso debate. Las lecturas de inflación siguen siendo bajas en la zona euro, tras el 0,4 % de septiembre, pero esta cifra supone también su nivel más alto desde julio de 2014. Las primeras señales de presiones salariales ya son visibles en EE. UU. y la Fed cada vez hace más hincapié en la posibilidad de alcanzar su objetivo de inflación del 2%.

Con la recuperación de los precios del petróleo, los presupuestos públicos de los países productores como Rusia, Brasil y Arabia Saudí van a coger oxígeno. Las grandes petroleras recortaron drásticamente sus programas de inversiones y, ahora, tendrán que retomarlos para compensar la reducción de sus reservas. Obviamente, esta espiral inflacionista positiva tardará varios años y necesitará que entretanto no se produzcan grandes crisis económicas. Pero del mismo modo que nadie en la década de 1980 podía imaginar una inflación del 0% 30 años después, muchos inversores creen en 2016 que es improbable que reaparezca la inflación...