El shock que están sufriendo los precios del petróleo en los últimos meses sigue siendo impresionante, pero no ha logrado generar entusiasmo en el mercado.

Y es que existen numerosas razones detrás de esta caída de los precios que, sin duda, reflejan la desaceleración económica, sobre todo en un determinado número de países emergentes, que como productores y con economías altamente dependientes de la exportación de crudo se están viendo muy afectados por la rebaja de los precios.Sin embargo, es necesario considerar otros factores, que justifican este descenso.

En primer lugar, el cambio de modelo de China. Es verdad que la economía del Gigante asiático se está desacelerando, pero el país también está avanzando hacia a un nuevo modelo económico que tiende hacia un consumo energético mucho menor. Al mismo tiempo, el mapa de la oferta ha cambiado, sobre todo con la aparición en el mercado de nuevos jugadores como Estados Unidos. De hecho, durante la última reunión de la OPEP se puso de manifiesto lo difícil que es para los productores ponerse de acuerdo acerca de las medidas para controlar los movimientos de precios.

Por el contrario, la caída de los precios de las materias primas también tiene efectos positivos y, por tanto, supone una buena noticia, ya que esto se traslada de los países productores a los países consumidores (tanto al nivel de las empresas como al de los ciudadanos, que se muestran más propensos a gastar, ya que se produce una redistribución del poder adquisitivo). De hecho, se genera un aumento de alrededor del 2% del PIB mundial si se produce una caída de 40 dólares en los precios del crudo. Y esto podría tener un impacto significativo en las tasas de crecimiento de los países desarrollados.

No obstante, no debemos pasar por alto tampoco las consecuencias negativas de los bajos precios del petróleo, como puede ser la reducción de la inversión en el sector, incluso aunque estos efectos adversos estén ampliamente compensados por los beneficios.Y en última instancia, si la caída de los precios del petróleo continúa, tendríamos que protegernos contra el riesgo sistémico de que las empresas y los gobiernos muy dependientes del petróleo pudieran entrar en quiebra.

Por tanto, y dado este escenario, resulta complicado llevar a cabo una evaluación precisa de los beneficios de la caída del precio del petróleo, pero esta diminución refuerza nuestro escenario económico y respalda que en nuestra distribución de activos continuemos viendo más valor en los mercados de renta variable, especialmente en el mercado europeo y en el japonés, que en los bonos.