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¿Cómo está afectando al comercio mundial la situación en el estrecho de Ormuz desde el inicio del conflicto con Irán? ¿Qué consecuencias podemos esperar a corto, medio y largo plazo y qué alternativas existen para reducir esta dependencia?
Actualmente, por el estrecho están pasando alrededor de 17 buques al día, cuando anteriormente transitaban unos 120. Es decir, estamos hablando de aproximadamente un 17 % del tráfico habitual, y las consecuencias a corto, medio y largo plazo son bastante evidentes.
En el corto plazo, uno de los principales efectos es el incremento de los costes asociados al tránsito de estos buques, especialmente por los seguros relacionados con el riesgo de guerra. El coste de estas coberturas ha pasado de representar aproximadamente un 0,25 % a cerca del 10 % del valor total de los hidrocarburos transportados en el buque.
A medio plazo, esta situación también tiene consecuencias sobre la manera en la que Europa contrata y garantiza su suministro energético.
Después del conflicto entre Ucrania y Rusia, Europa comenzó a mirar especialmente hacia esta región del mundo para sustituir parte del suministro de gas natural licuado que anteriormente procedía de Rusia. Una parte importante de ese suministro proviene ahora de Qatar.
Sin embargo, el actual conflicto vuelve a poner en duda esa estrategia europea de depender de hidrocarburos procedentes de regiones sobre las que tiene muy poco control desde el punto de vista geopolítico.
A medio plazo, una de las posibles soluciones pasa por la construcción de oleoductos alternativos. Por ejemplo, Arabia Saudí está desarrollando este tipo de infraestructuras. El problema es que su construcción requiere tiempo y, además, no todos los países tienen esa posibilidad. Qatar no va a tener esa posibilidad.
A largo plazo, la solución es avanzar de una manera mucho más decidida hacia las energías renovables.
Esta crisis vuelve a poner de manifiesto la necesidad de que los países reduzcan progresivamente su dependencia de fuentes energéticas extremadamente sensibles a acontecimientos geopolíticos sobre los que tienen muy poco control.
También activa la necesidad de avanzar hacia una generación energética más descentralizada y basada, cada vez en mayor medida, en fuentes renovables.
La deuda del Gobierno estadounidense supera ya los 40 billones de dólares, más del doble que hace una década. ¿Qué factores explican un crecimiento tan significativo de la deuda y qué consecuencias puede tener en los próximos años?
Es una cifra impresionante, no solamente por el tamaño actual del déficit y de la deuda de Estados Unidos, sino, sobre todo, por el ritmo al que han crecido durante las últimas dos décadas.
Si observamos lo sucedido durante las administraciones de Biden y Trump, vemos que el déficit estadounidense prácticamente se ha duplicado, lo cual resulta muy significativo.
Actualmente, el pago de los intereses y del servicio de la deuda se ha convertido en uno de los mayores gastos corrientes anuales del Gobierno de Estados Unidos.
La cuestión fundamental es por qué se ha incrementado tanto esta deuda. No estamos hablando necesariamente de una deuda generada por inversiones orientadas al futuro del país, al bienestar de sus ciudadanos o a favorecer el crecimiento económico durante los próximos años.
Una parte importante está vinculada al gasto relacionado con conflictos armados, al gasto militar y al presupuesto del Departamento de Defensa.
A eso se suma una reducción muy significativa de los impuestos, especialmente para el 1 % de la población con los ingresos más elevados de Estados Unidos.
Por tanto, será un asunto que estará muy presente en el debate político de aquí a noviembre, cuando tengan lugar las elecciones de medio mandato en Estados Unidos.
El nivel de deuda pone en entredicho las posibilidades futuras del país en términos de crecimiento económico y también plantea un problema relacionado con quién asumirá el coste de esa deuda en las próximas generaciones.
De cara a esas elecciones también serán muy importantes los próximos datos macroeconómicos. En unos días conoceremos nuevas cifras sobre el PIB y la inflación en Estados Unidos. Algunas previsiones apuntan a que el crecimiento del PIB podría desacelerarse del 2,1 % al 1,5 %, mientras que el índice de precios al consumo podría aumentar del 4,6 % al 5,1 %. Si finalmente se confirman estas cifras, ¿qué lectura deberíamos hacer de ellas? ¿Qué impacto podrían tener sobre la economía estadounidense?
La parte que continúa sosteniendo el crecimiento de la economía de Estados Unidos es, principalmente, la demanda privada.
La demanda privada ha seguido acelerándose y ha pasado aproximadamente del 1,1 % al 3,9 %. Es decir, los consumidores continúan gastando y eso es lo que, en buena medida, está manteniendo el crecimiento.
Hay determinados sectores que continúan mostrando un fuerte dinamismo, especialmente aquellos relacionados con la inteligencia artificial. Sin embargo, cuando observamos el resto de la economía, vemos que existen mayores dificultades.
Las importaciones estadounidenses han ido disminuyendo y las exportaciones también están cayendo. De hecho, las exportaciones están disminuyendo incluso a un ritmo superior al de las importaciones.
Además, se ha producido un recorte sustancial del gasto público en Estados Unidos en aquellos ámbitos que no están relacionados con armamento o defensa.
Todo ello se suma al problema del crecimiento de los precios. La inflación continúa aumentando y una parte de ese incremento está relacionada precisamente con la subida del precio de los hidrocarburos.
El conflicto con Irán y la situación en el estrecho de Ormuz están teniendo un efecto sobre el precio de la gasolina, el diésel y los fertilizantes.
Eso termina encareciendo también numerosos productos de consumo básico para los ciudadanos.
Esta situación está generando presión para que la Reserva Federal actúe y existe un debate muy importante en estos momentos acerca de qué decisiones va a tomar durante los próximos meses en relación con los tipos de interés. Todo ello está teniendo también consecuencias sobre los mercados.
Por ejemplo, el bono del Gobierno de Estados Unidos a diez años se encuentra en máximos de los últimos 20 meses. Por tanto, estamos observando fuertes presiones sobre el crecimiento económico que empiezan a reflejarse en el empleo.
Las perspectivas de crecimiento del empleo han ido disminuyendo durante los últimos meses y, previsiblemente, esto continuará generando presión política respecto a la dirección que está tomando la economía estadounidense.
¿Qué sectores consideras más defensivos o con mejores perspectivas para el inversor? ¿Hay alguna industria o alguna compañía concreta que te parezca especialmente interesante en estos momentos?
Tradicionalmente, cuando existe un contexto de incertidumbre, uno de los sectores considerados más defensivos es el de salud.
Además, estamos hablando de sociedades que están envejeciendo, tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo, por lo que estructuralmente debería ser un sector con bastante fortaleza.
Sin embargo, en este momento el sector de la salud no está mostrando el mismo comportamiento que hemos observado en otros periodos.
Parte de ello está relacionado con el efecto de los aranceles que se han ido incrementando sobre el sector farmacéutico y que han terminado afectando también al conjunto del sector sanitario.
Cuando observamos el resto del mercado, probablemente las compañías que actualmente presentan un mayor dinamismo son aquellas relacionadas con la energía.
Como comentaba anteriormente, uno de los sectores con mayor dinamismo en Estados Unidos es el relacionado con la inteligencia artificial.
Las inversiones que se están realizando en inteligencia artificial se encuentran en niveles históricos.
Para ponerlo en perspectiva, estamos hablando de inversiones comparables, en términos de magnitud histórica, a las que Estados Unidos realizó en su momento para la construcción del ferrocarril o para el desarrollo de grandes redes de infraestructuras y comunicaciones.
Toda esta inversión en inteligencia artificial necesita, por supuesto, chips, ordenadores y una enorme cantidad de infraestructura tecnológica, pero, sobre todo, necesita muchísima energía.
Por ese motivo, las empresas que trabajan en el sector energético están obteniendo grandes retornos.
Y no solamente estamos hablando del momento actual. Es probable que estas compañías continúen teniendo buenos resultados a medio plazo porque muchos de los compromisos destinados a incrementar la capacidad de generación eléctrica ya están contratados y en proceso de ejecución hasta aproximadamente 2030. Por tanto, son empresas que probablemente continuarán beneficiándose de esta tendencia.
Mi recomendación sería mantener una especial atención sobre las compañías relacionadas con la energía y también sobre todas aquellas vinculadas a la construcción de la infraestructura necesaria para el desarrollo de la inteligencia artificial.
Desde el punto de vista del inversor, ¿sigue siendo atractivo invertir directamente en inteligencia artificial o crees que debemos ser más selectivos y diferenciar entre las compañías que desarrollan los modelos y aquellas que proporcionan la infraestructura que los hace posibles?
Por ejemplo, las cuatro grandes compañías relacionadas con inteligencia artificial van a invertir este año alrededor de 700.000 millones de dólares. Es una cifra extraordinariamente elevada.
Para ponerla aproximadamente en perspectiva, estamos hablando de una cantidad similar a lo que toda la OTAN europea gastó en defensa durante 2025.
Mi trabajo está relacionado precisamente con la infraestructura y, cuando analizamos esta parte del mercado, la fotografía es algo diferente de la que normalmente se presenta cuando se plantea simplemente la pregunta de si hay que invertir o no en inteligencia artificial.
Tenemos que separar los diferentes elementos que forman parte de esta industria. Como decía hace un momento, uno de los principales cuellos de botella está actualmente en la electricidad.
Conectar una nueva instalación a la red eléctrica puede requerir entre cuatro y diez años, mientras que un centro de datos puede construirse en aproximadamente dos o tres años. Aquí existe un espacio de inversión muy importante.
Todo lo relacionado, por ejemplo, con transformadores de alta potencia está registrando una demanda enorme mientras que la oferta continúa siendo limitada. Por eso, es un área de inversión especialmente interesante y, además, es probable que siga siéndolo durante los próximos años. La construcción de centros de datos también continuará creciendo. Estamos hablando de infraestructuras que se van a utilizar durante muchos años.
Esto significa que, independientemente de lo que suceda con determinados modelos de negocio vinculados a la inteligencia artificial, tanto la energía como los centros de datos son infraestructuras que van a seguir utilizándose de una forma u otra.
El mayor interrogante aparece cuando hablamos de invertir directamente en las compañías encargadas de desarrollar los modelos de inteligencia artificial. Muchas de estas empresas continúan teniendo dificultades para desarrollar un modelo de negocio que permita justificar el enorme nivel de inversión que se está realizando en infraestructura. Y ahí sí creo que es necesario ser más prudentes.
Seguramente veremos cómo algunas de estas compañías no consiguen que sus modelos de negocio sean sostenibles a medio y largo plazo. Incluso es posible que algunas terminen desapareciendo.
Actualmente están gastando enormes cantidades de dinero en entrenar modelos y en mantenerse en la frontera tecnológica de la inteligencia artificial, pero todavía existe un mercado que no tiene completamente claro cómo utilizar estas herramientas ni cuánto está dispuesto a pagar por ellas.
Por ejemplo, algunas investigaciones señalan que aproximadamente el 95 % de las empresas que están invirtiendo en inteligencia artificial todavía no observan retornos claros sobre esas inversiones. Por tanto, sigue existiendo una importante incógnita sobre cuánto está dispuesto a pagar realmente el mercado por utilizar estos modelos.
A esto debemos añadir que China está desarrollando modelos de inteligencia artificial utilizando una fracción de la inversión necesaria para algunos de los modelos estadounidenses.
Como consecuencia, el coste de acceder a la inteligencia artificial está disminuyendo de manera significativa. Por eso, considero que la inversión directa en algunas de las empresas que desarrollan los modelos de inteligencia artificial genera mayores dudas.
En cambio, aquellas compañías que desarrollan la infraestructura necesaria para hacer posible el entrenamiento de estos modelos —la energía, los centros de datos, los equipos eléctricos y otros componentes— continúan presentando oportunidades muy interesantes.
Desde mi punto de vista, esa es actualmente una de las áreas más atractivas dentro de todo el ecosistema de la inteligencia artificial.

