El pasado mes de mayo se cumplían tres años desde que el Parlamento europeo aprobó una nueva Directiva sobre Mercados en Instrumentos Financieros conocida como MIFID II. Durante los últimos meses, las entidades que no han hecho los deberes están afrontando la tarea esperando, en muchas ocasiones,  ver qué hace la mayoría porque, bien es conocido, el miedo a que quien se mueve no sale en la foto. Ser completamente claro, a la hora de comunicar, no es una opción.

La conocida como MIFID II (por sus siglas en inglés Markets in Financial Instruments Directive) en su versión II  venía a mejorar la I Directiva Mifid que se creó tras la quiebra de uno de los mayores bancos de Estados Unidos (Lehman Brothers) en la crisis financiera de 2008, para optimizar la transparencia de los productos de inversión, habiendo aprendido de errores pasados.

Como ya sucediera con la trasposición de la primera normativa en 2007, en Acacia Inversión estamos convencidos de que esta segunda edición también traerá consecuencias muy favorables para los ahorradores.

La norma persigue aumentar la calidad de la información que se le aporta al cliente, incrementando el control sobre los productos financieros que se comercializan, cualificando a los profesionales del sector, y garantizando un nivel de servicio mínimo con transparencia en los costes.

Estos puntos, que desde fuera podrían parecer básicos en nuestro negocio, están teniendo un gran impacto en dos actores del sector, la banca y los intrusos.

Por un lado, las entidades financieras más tradicionales, que en general no se han caracterizado precisamente por su trasparencia y claridad en la aportación de información a sus clientes. En resumen, trabajaban sin tener en cuenta las necesidades del cliente, centrándose en su propia cuenta de resultados.

Por otro, los intrusos que han estado “asesorando” a ahorradores sin acreditación ni formación alguna. Es como jugar a ser médico y repartir medicamentos sin conocer su composición, sus posibles efectos secundarios, y lo más importante, en ocasiones ni siquiera conocen los “síntomas” del paciente ¡ibuprofeno para todos!

Durante los últimos meses, las entidades que no habían hecho los deberes están afrontando la tarea, esperando en muchas ocasiones a ver qué hace la mayoría, porque bien es conocido el miedo a que quien se mueve no sale en la foto. Por el contrario, también hemos observado que aquellas entidades que históricamente han hecho bien las cosas apenas tienen que dar pequeñas pinceladas a su forma de relacionarse para poder cumplir con los nuevos requisitos.

Según Inverco (Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones), el 80% de la distribución de fondos de inversión en España se realiza a través de los bancos. El 15% a través de empresas de servicios de inversión y el 5% restante a través de las propias gestoras. El formato de la distribución es, en su inmensa mayoría, presencial, en las propias oficinas bancarias. Todavía queda mucho trabajo por hacer.

Los ahorradores deberían exigir a sus asesores o entidades financieras además de rentabilidad para sus inversiones, una total alineación con sus intereses y una información completa y rigurosa. El cliente debe sentirse acompañado en cualquier circunstancia vital que acarree una decisión financiera y ahí está la labor de todos los profesionales del sector.

En Acacia Inversión desde hace 20 años ofrecemos la garantía y la tranquilidad que supone coinvertir en los mismos productos que nuestros socios, profesionales y la propia entidad. Y en cuanto a la transparencia, solo podemos decir que cuando tu dueño es tu cliente ser completamente claro a la hora de comunicar no es una opción.

Mifid II puede que no cambie el modelo actual de negocio fuertemente bancarizado, pero sí modifica a mejor la información que recibirán los inversores, que a partir de 2019 conocerán adónde van a parar todas las comisiones que hasta ahora quizás ni siquiera eran conscientes de pagar.

Todo suma, más si hablamos de información que debe jugar un papel muy importante en las decisiones de inversión de los ahorradores.