José Luis Cava explica que cuando el S&P 500 supera máximos históricos “todo el mundo tiene ganas de comprar”, pero advierte que en muchas ocasiones esa reacción “suele ser una señal equivocada”. Sin embargo, matiza esta idea apoyándose en datos: al analizar la rentabilidad media tras comprar en máximos, señala que “las diferencias son muy pequeñas” respecto a comprar en cualquier otro momento, incluso en horizontes de uno a tres años.
Aun así, insiste en que existe una forma de mejorar el punto de entrada, y es esperar a caídas significativas. Recuerda que “cuando el S&P 500 cae más de un 10%” suelen generarse oportunidades, como ocurrió en abril, noviembre de 2025 o marzo, momentos en los que tras el miedo inicial llegaron “subidas vertiginosas”.
Según su visión, esto sucede porque “las instituciones meten miedo” a través de medios y narrativa para provocar ventas de los inversores particulares y así poder acumular posiciones, aprovechando que “la degradación monetaria es un proceso inexorable”. Por eso, considera que comprar en máximos puede implicar fases posteriores de lateralidad, mientras que comprar en caídas ofrece mayor potencial.
Respecto al indicador Buffett, que actualmente marca niveles históricos cercanos al 277%, Cava rechaza su interpretación como señal de techo. Explica que este indicador (capitalización bursátil sobre PIB) “no vale” en el contexto actual porque está “obsoleto”. Argumenta que la economía ha cambiado profundamente desde 2001: el peso de las grandes tecnológicas, que generan “el 50% de sus ingresos fuera de Estados Unidos”, distorsiona la comparación con el PIB nacional. Además, subraya el cambio hacia una economía basada en datos, software e inteligencia artificial, con menor necesidad de capital, junto con tipos de interés estructuralmente más bajos y un fuerte aumento de la deuda pública.
En este contexto, concluye que el indicador no refleja la realidad actual y que, lejos de anticipar un colapso, el escenario más probable es de continuidad alcista. A su juicio, el crecimiento vendrá impulsado por “el consumo privado y el gasto público”, y, unido a la persistente “degradación monetaria”, sostiene que “las bolsas van a subir con fuerza en 2026 y en 2027”.