Habláis de que estamos ante "oportunidades históricas" para invertir en calidad. ¿Qué factores macroeconómicos o dinámicas de mercado nos han llevado exactamente a esta situación excepcional?

El primer factor macroeconómico relevante ha sido la subida de los tipos de interés a la que hemos asistido en los últimos años. Ante este escenario, los inversores demandan una mayor rentabilidad a los activos, y las compañías de calidad, que venían de valoraciones más elevadas tras una etapa de tipos de interés muy bajos, han sido algunas de las que más han sufrido en el mercado. Por el contrario, otros sectores han tenido un mejor comportamiento, especialmente aquellos que partían de valoraciones muy bajas y que presentan un componente más cíclico, como los bancos, la industria o los semiconductores. En este último caso, además, la inversión en inteligencia artificial ha disparado los precios. A esto se suma el factor momentum, que creemos que está acelerando aún más estos movimientos: aquello que ha ido bien ha seguido haciéndolo mejor, mientras que lo que iba mal ha continuado empeorando. Como resultado de todo este caldo de cultivo, las compañías de calidad se han quedado rezagadas. Sin embargo, a pesar de que sus fundamentales han evolucionado muy bien, sus precios han bajado y sus valoraciones se sitúan ahora entre las más atractivas de la última década.

¿Se trata de un fenómeno generalizado o lo estáis viendo más concentrado en ciertas geografías o tamaños de capitalización (small/mid caps vs. large caps)?

Se trata de un fenómeno generalizado dentro del factor quality. Esto nos gusta especialmente porque nos permite construir una cartera diversificada. Actualmente, por ejemplo, tenemos una exposición aproximada del 60%-65% a Estados Unidos, del 25% a Europa y del 10% a Asia. A nivel sectorial, ningún sector supera el 20% de la cartera, lo que da una idea de nuestra capacidad para encontrar oportunidades en diferentes áreas del mercado dentro de la inversión quality. En cuanto a la capitalización bursátil, tenemos un sesgo hacia empresas de mayor capitalización, porque invertimos en las mejores compañías del mundo y, por lo general, estas suelen ser de gran tamaño. Sin embargo, eso no impide que también tengamos en cartera algunas empresas más pequeñas, con una capacidad de crecimiento generalmente más elevada, ventajas competitivas muy sólidas y una calidad altísima.

Software, media y servicios financieros suman aproximadamente el 50% de vuestra cartera. ¿Qué tienen en común estos tres sectores para que concentren tanta convicción en este momento?

Más allá de que en estos sectores somos capaces de encontrar compañías de calidad con mayor facilidad que en otros, creemos que no existe una relación tan directa entre ellos. De hecho, incluso a nivel subsectorial hay diferencias muy relevantes. Por ejemplo, dentro de servicios financieros tenemos compañías como S&P Global, cuyo negocio depende, en parte, del volumen de deuda global en su división de ratings y también del uso de sus índices por parte de la industria de inversión; pero en ese mismo sector también tenemos una compañía como Edenred, especializada en medios de pago y beneficios para empleados, cuyo modelo de negocio tiene poco que ver.  En software, contamos en cartera con Nemetschek, una compañía de software para ingeniería, diseño, construcción y gestión de edificios, muy vinculada al sector de la construcción; su perfil es muy distinto al de Microsoft, que depende mucho más de la infraestructura tecnológica, especialmente a través de Azure. En media, por su parte, tenemos compañías como Rightmove, una plataforma de compraventa y alquiler inmobiliario en Reino Unido, que tampoco tiene demasiado que ver con Alphabet, un gigante global de la publicidad online que agrupa muchas compañías dentro de su holding. Por tanto, si ya existen diferencias importantes dentro de cada sector, la relación entre los tres sectores es todavía menor. Sin embargo, sí hay un punto en común que creemos que ha provocado cierta correlación en su comportamiento reciente: el miedo al auge de la inteligencia artificial. El mercado ha vendido de forma indiscriminada algunas compañías que considera que podrían verse afectadas negativamente por la inteligencia artificial. Nosotros pensamos que aquí hay que ser muy selectivos y elegir aquellas compañías que puedan beneficiarse de esta nueva realidad o que, al menos, no vean alterado su modelo de negocio de forma significativa. Creemos que contar con las mejores compañías dentro de cada subsector es la receta ganadora.

Muchos fondos que invierten en "calidad" se enorgullecen de no rotar la cartera y mantener pocas posiciones durante años. Vosotros apostáis por diversificar y rotar rápidamente. ¿Por qué?¿Qué aporta esto? 

La característica fundamental que nos aporta es flexibilidad; nos permite aprovechar mejor las oportunidades que van surgiendo en el mercado, ya que nunca se sabe realmente por dónde van a aparecer en el futuro. Esta filosofía nos facilita evitar una concentración excesiva en determinadas compañías o sectores y mantener capacidad de reacción. De este modo, no nos quedamos estancados en una compañía o en un sector que esté teniendo un mal comportamiento, donde el coste de oportunidad puede ser muy elevado. Al mismo tiempo, si identificamos una oportunidad fuera de la cartera, o incluso dentro de ella y queremos aumentar su peso, podemos actuar rápidamente para aprovecharla.

Esto nos permite ofrecer a nuestros clientes un producto como el ANTA Quality Renta Variable Global, que creemos que es diferente a lo que existe en el mercado. Frente a los fondos indexados, aquí hay un equipo de inversión pendiente de que las compañías en cartera sean de calidad y coticen a precios razonables. En un índice, al final, se compra todo el paquete, con independencia de la valoración de cada compañía o de si la inversión tiene sentido en cada caso. Y frente a otros fondos de gestión activa, nuestra propuesta no depende tanto de las cuatro o cinco mejores ideas del equipo gestor, sino de que la estrategia del fondo tenga un resultado adecuado a través de la inversión en las mejores compañías del mundo a precios razonables. Esa, en nuestra opinión, es la mejor aproximación.

 A nivel operativo y de equipo, ¿cómo lográis identificar las señales para entrar y salir de estas empresas de calidad con tanta rapidez?

Lo fundamental es el trabajo previo. Somos un equipo de tres personas que llevamos trabajando juntos diez años, y nuestro universo de inversión está formado por unas 400 compañías que conocemos con mucho detalle: sabemos cuáles son sus fortalezas, dónde están sus ventajas competitivas y si estas son sostenibles en el tiempo. Compañías como Visa, Mastercard, Moody’s o S&P Global, dentro de servicios financieros, o ASML y Taiwan Semiconductor, en tecnología, son empresas que nos gustan mucho. Sabemos que son algunas de las mejores compañías del mundo y creemos que seguirán siéndolo en el futuro. Ahora bien, para realizar buenas inversiones no basta solo con identificar compañías excelentes. También hay que comprarlas a precios atractivos. No es lo mismo comprar Microsoft con un Free Cash Flow Yield —rendimiento de flujo de caja libre— del 8% que hacerlo al 3%. Por eso, contamos con herramientas avanzadas que nos permiten contrastar en tiempo real los precios con los fundamentales de estas compañías y, de este modo, invertir en aquellas que ofrecen mejores oportunidades en cada momento. No se trata tanto de comprar una compañía, esperar a que suba y venderla sin más. Lo que hacemos es aprovechar nuevas oportunidades de inversión. Para financiar esas compras, vendemos parte de las posiciones que creemos que ya han recorrido una parte importante de su potencial y que, de cara al futuro, no ofrecen una oportunidad tan atractiva como la nueva inversión. Para nosotros, lo fundamental es la rentabilidad del flujo de caja libre, es decir, cuánto gana la compañía en relación con el precio al que cotiza. Eso es lo que monitorizamos de forma continua y, a medida que cambian los precios, también cambia de manera significativa la valoración.

¿Podrías compartirnos un ejemplo reciente de una rotación exitosa que hayáis hecho entre sectores o empresas para capturar una de estas valoraciones atractivas?

Un ejemplo representativo es la rotación que hemos realizado dentro del sector tecnológico, que actualmente pesa aproximadamente un 20% en cartera. Cuando el fondo echó a andar, hace ya casi dos años, teníamos un peso en semiconductores de alrededor del 4%-5%. Sin embargo, el año pasado, en abril, se produjo una oportunidad muy interesante cuando la administración Trump anunció los aranceles. En ese momento, los semiconductores sufrieron una fuerte caída de valoración, al ser uno de los sectores más afectados por las restricciones a las exportaciones. Aprovechamos esa situación para comprar compañías que consideramos entre las mejores del mundo dentro del sector, pero que normalmente cuesta encontrar a precios atractivos. En ese contexto elevamos el peso en semiconductores desde algo más del 4% hasta cerca del 12%, incorporando compañías como ASML, BESI y ASM International en Europa. En Japón, compramos Tokyo Electron y Lasertec. Son compañías que han tenido un comportamiento muy positivo hasta la fecha. Sin embargo, ahora sus valoraciones están mucho más estresadas. ¿Qué ha sucedido? Que han aparecido oportunidades muy atractivas dentro del sector de software, también dentro de tecnología. Por eso, hemos aumentado nuestro peso en software desde aproximadamente el 10% hasta el 17% actual. Para financiar esas nuevas compras, hemos utilizado los beneficios y las ventas realizadas en el sector de semiconductores, donde ahora vemos unas valoraciones más exigentes.