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Pablo García, director general de Divacons AlphaValue, considera que el panorama de los mercados financieros se vuelve cada vez más complejo y anticipa una segunda quincena de mes marcada por una mayor volatilidad. Aunque los niveles de volatilidad permanecen relativamente bajos, especialmente en renta variable, las divergencias dentro de los principales bancos centrales y el aumento de las tensiones geopolíticas elevan la incertidumbre.
En Estados Unidos, dentro de la Reserva Federal aparecen posiciones distintas sobre la evolución de la inflación y la necesidad de mantener o endurecer la política monetaria. García señala que, frente a quienes consideran que el proceso de desinflación continúa, Divacons AlphaValue mantiene una visión más prudente y no da por resuelto el problema inflacionista.
En Europa, el Banco Central Europeo también afronta un escenario complicado, especialmente por el impacto que el conflicto en Irán puede tener sobre los precios energéticos y la inflación, lo que vuelve a abrir la posibilidad de una política monetaria más restrictiva. Japón se encuentra igualmente bajo presión, con expectativas elevadas de subidas de tipos y actuaciones en el mercado de divisas. A este contexto se añade la intensificación del conflicto en Irán y la importancia estratégica del estrecho de Ormuz.
García insiste en que Estados Unidos no controla completamente ni la evolución del precio del petróleo ni lo que sucede en esta zona y contempla la posibilidad de que el crudo alcance nuevamente niveles próximos a los 100 dólares por barril. Esta situación representa una amenaza inmediata para la inflación y complica las perspectivas de los activos de riesgo.
Al mismo tiempo, los resultados empresariales continúan siendo excepcionalmente sólidos, tanto en Estados Unidos como en Europa, pero García cuestiona que este ritmo de crecimiento de los beneficios pueda mantenerse si coinciden nuevas subidas de tipos, mayores costes de financiación y tensiones geopolíticas.
En Wall Street, destaca que el buen comportamiento de los beneficios no depende únicamente de las grandes compañías tecnológicas. Sectores como energía, servicios de comunicación y consumo discrecional presentan incluso mayores ritmos de crecimiento de beneficios, aunque el enorme peso bursátil de las grandes tecnológicas hace que su influencia sobre los índices siga siendo determinante.
Pablo García mantiene una visión estructuralmente positiva sobre la tecnología estadounidense, pero considera que, a corto plazo, el incremento de las rentabilidades de los bonos puede perjudicar a estas compañías. Por este motivo, García defiende aumentar progresivamente la presencia de bonos soberanos en las carteras, ya que sus mayores rentabilidades los convierten en una alternativa cada vez más atractiva frente a la renta variable.
En cuanto a sectores, la firma mantiene su preferencia por cíclicos pesados, petróleo, metales y minería, determinadas compañías industriales vinculadas a la electrificación y, especialmente, el sector financiero. También realiza ajustes tácticos y evita aumentar exposición en áreas con mayores dificultades, como automóviles, lujo, determinadas compañías de consumo, farmacéuticas y utilities.
García concluye que el encarecimiento de la financiación empieza a provocar un efecto de expulsión sobre algunos sectores y advierte también sobre determinadas prácticas financieras relacionadas con las futuras salidas a bolsa de grandes compañías tecnológicas, donde unas valoraciones excesivamente optimistas pueden generar importantes riesgos para los inversores.

