“Too many cooks spoil the Broth “, sería la frase que resumiría los problemas en la toma de decisiones del Proyecto Europeo. Demasiados intereses contrapuestos, para que una decisión que teóricamente debería beneficiar a todos pueda ser tomada de manera limpia.


Todo trader experimentado sabe que la actuación de una mano fuerte del mercado puede iniciar o provocar el fin de una tendencia anteriormente establecida. La historia reciente está plagada de ejemplos en los que la actuación de los bancos centrales ha provocado fuertes movimientos en tendencia en los mercados. Tal vez, uno de los más fuertemente grabados en nuestra memoria de traders sea la toma de lado del BCE en julio de 2012 con su anuncio de puesta en marcha de su programa de compra de bonos OMT, que acabó con la fuerte tendencia bajista iniciada en 2008.

Pues bien, nos encontramos ahora mismo en un punto clave en lo que a la intervención del BCE de nuevo se refiere. Desde mediados del pasado año, se ha venido descontando una política de Quantitative Easing en Europa y es en la reunión del BCE del próximo 22 de enero cuando deberíamos conocer los detalles de la misma.

En principio una política de QE en Europa sería bien recibida por los mercados pues la experiencia con la que se cuenta, tanto en los casos anteriores de su aplicación en EE.UU., Reino Unido y Japón es que ha provocado fuertes movimientos alcistas tendenciales en los mercados financieros. Otra cosa son los resultados finales de este tipo de política en la economía que, de momento, se desconocen, pero eso a nosotros no nos importa como traders de corto plazo.

Pero el tema en Europa no es tan sencillo. Una política de compra de bonos europeos, de la forma en que se realizó en los países anteriormente comentados, supone una mutualización de la deuda, que lógicamente beneficia a aquellos países que tienen más deuda y perjudica a los que tienen presupuestos equilibrados. Por tanto, no es tan fácil de llevar a cabo.

De momento, el BCE ya ha anticipado que estudia varias posibles formas de llevar a cabo su política de QE a la europea, algunas de las cuales no agradarían mucho a los mercados. El tamaño de la actuación sería de 500.000 millones de euros y podría implementarse de las siguientes maneras:

Compras dirigidas exclusivamente a bonos de países con rating de Grado de Inversión, esto es, con un rating mínimo de BBB- . Esta opción dejaría fuera a países como Grecia o Chipre, lo cual tiene cierto sentido especialmente en el caso de Grecia, si tenemos en cuenta que tres días después de la decisión del BCE podría llegar al poder una partido que amenaza con impagar parte de la deuda griega.

Compras de bonos de todos los países, pero con la condición de que el BCE asuma una parte del riesgo, soportando el resto los respectivos bancos centrales nacionales. Esta opción tendría menos oposición por parte de Alemania, pero descafeinaría mucho la actuación, pues las economías periféricas que son las que más necesitan este tipo de política, tienen unos bancos centrales con pocos recursos para llevar a cabo este tipo de actuación.

Compras de bonos de los países en función del peso en el PIB europeo de cada uno de ellos. Con este modo de proceder, asistiríamos a la paradoja de que se destinarían la mayor parte de los recursos a la compra de bonos alemanes, cuyas rentabilidades ya son negativas en la parte corta de la curva de tipos, mientras que los países más necesitados recibirían la migajas del mismo (Grecia supone aproximadamente un 2% del PIB europeo).

 
Para hacer las cosas más sencillas, este miércoles 14 de enero conoceremos la decisión sobre el OMT (programa de compras de bonos anunciado por el BCE en 2012) por parte del Tribunal de Justicia Europeo a instancias de la denuncia ejecutada por Alemania ante las dudas sobre su legalidad. Aunque esta resolución no es vinculante, pesará a buen seguro sobre la decisión del BCE el próximo 22 de enero que, ante tantas incertidumbres planteadas, podría simplemente posponer su actuación en el tiempo hasta la próxima reunión. Esto no gustaría a los mercados.
 
Por tanto, todo este nuevo flujo de información pendiente de llegar afectará en nuestra opinión de forma significativa a los actuales precios de equilibrio de los mercados. Constituye uno de los deberes del trader el manejar esta información con sus posibles escenarios correspondientes y actuar en consecuencia una vez que la información sea liberada.