Añadir Estrategias de Inversión en Google

Las recientes caídas en las compañías tecnológicas responden más a un aumento de la incertidumbre que a un cambio estructural en la tendencia del sector. El mercado se está dejando llevar por factores muy cortoplacistas, principalmente el conflicto geopolítico entre Estados Unidos e Irán y las dudas sobre la evolución de la inteligencia artificial.

Dentro del sector tecnológico, el liderazgo está rotando. Después del espectacular comportamiento de los fabricantes de semiconductores, el interés comienza a desplazarse hacia empresas de software que habían quedado rezagadas tras las fuertes correcciones sufridas a comienzos de año. No obstante, creo que la temporada de resultados será decisiva. Las compañías tecnológicas no solo tendrán que superar las previsiones del mercado, sino ofrecer unas guías de crecimiento suficientemente sólidas para respaldar las elevadas valoraciones con las que cotizan. El caso de ASML refleja perfectamente esta situación. La compañía publicó unos resultados mejores de lo esperado y volvió a elevar sus previsiones, asegurando que la demanda permanece muy sólida incluso de cara a 2027. Sin embargo, la reacción bursátil terminó siendo negativa, lo que demuestra el elevado nivel de exigencia que tienen ahora mismo los inversores.

Por ello, pienso que hay que analizar cada empresa de forma individual y evitar tomar decisiones únicamente en función del sentimiento del mercado. No es momento de hacer trading, sino de mantener una visión de largo plazo apoyada en los fundamentales.

La temporada de resultados será el gran catalizador

Los resultados empresariales serán el principal factor que moverá los mercados durante las próximas semanas. En España, el sector financiero volverá a liderar el crecimiento de beneficios gracias a un entorno de tipos de interés elevados durante más tiempo, un escenario que sigue favoreciendo la rentabilidad bancaria.

También preveo unos buenos resultados para las compañías eléctricas, apoyadas en la estabilidad de sus negocios y en el atractivo de sus dividendos, aunque a nivel agregado el crecimiento podría ser algo más moderado que en ejercicios anteriores.

En términos generales, estimo que los beneficios empresariales seguirán creciendo a doble dígito. En Estados Unidos el incremento podría superar el 20%, mientras que en Europa rondaría el 14%.

Estrategia para la segunda mitad del año

De cara a la segunda mitad de 2026, no apuesto por cambios relevantes en la estrategia de inversión. Considero que el escenario macroeconómico no ha cambiado de forma radical respecto al inicio del ejercicio. El principal efecto de la tensión geopolítica ha sido consolidar un entorno de inflación y tipos de interés elevados durante más tiempo, pero sin alterar los pilares sobre los que apoyo mis inversiones. Por ello, sigo siendo positiva en los sectores de tecnología, financiero, infraestructuras, industriales y eléctricas.

Dentro de esos sectores, continúo viendo oportunidades en varias compañías. En tecnología, sigo apostando por ASML, por su posición dominante en la industria de semiconductores, el aumento de sus previsiones y la visibilidad de crecimiento que ofrece. En banca, una de mis principales apuestas sigue siendo UniCredit, beneficiada tanto por el entorno de tipos elevados como por la integración con Commerzbank. También mantengo una visión positiva sobre ACS, una compañía que puede beneficiarse del crecimiento de las inversiones en infraestructuras y centros de datos. En el sector eléctrico, continúo confiando en Iberdrola y también en ENGIE, por su exposición a la energía nuclear y por el aumento de la demanda eléctrica asociado al desarrollo de la inteligencia artificial y de los centros de datos.

El planteamiento sigue siendo el mismo: invertir con horizonte de largo plazo, centrarse en compañías con buenos fundamentales y no dejarse llevar por la volatilidad de corto plazo que domina actualmente los mercados.