El mundo está adaptándose a la crisis y sus consecuencias comienzan a ser perceptibles en diferentes ámbitos. La gran masa de seguidores de la práctica de consumo desmedido están ahora abrazando las bondades del ahorro. Se estima que el presente trimestre marcará el primer descenso en 17 años en la tasa de consumo privado en Estados Unidos. No es sorprenderte teniendo en cuenta la cifra de 2,6 billones de dólares de deuda de los consumidores estadounidenses. Otro cambio notable está en la actitud de los líderes de Wall Street. En la reunión anual de la Asociación de Industria de Valores y Mercados Financieros (SIFMA, por sus siglas en inglés) celebrada esta semana, se apeló a un nuevo sistema de regulación. El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, considera el actual sistema regulatorio anticompetitivo y azaroso, una reliquia de un mercado que no existe ya. Una de las propuestas fue la creación de dos instituciones gemelas, un regulador de la estabilidad de los mercados financieros y un organismo supervisor que controle las buenas prácticas. Al menos se habla de regulación.
El cambio en la evolución de los mercados emergentes es otro de los aspectos que han supuesto un giro radical con respecto a los primeros meses del año. La bonita idea del decoupling que, de cumplirse, habría aislado las economías emergentes de la crisis, se ha tambaleado con los fuertes embates de la tempestad.
El pinchazo de la burbuja de las materias primas y la alta exposición de estos países a las exportaciones a economías desarrolladas, se han cobrado su tributo.

La llamada de socorro lanzada por Hungría esta semana ha sido rápidamente atendida por organismos oficiales internacionales. El FMI ha firmado un acuerdo con Hungría por un préstamo de 25.000 millones de dólares (20.000 millones de euros), acuerdo que lleva asociado condiciones, entre ellas reducción del gasto público. La Unión Europea con 6.500 millones de Euros y el Banco Mundial con 1.000 millones han ofrecido también su apoyo al país magiar. La acción concertada de los tres organismos trata de poner dique al pánico que los malos datos de la economía húngara (déficit por cuenta corriente) podían desatar en el resto de países de Europa del Este. La intervención más notable ha sido la de la Unión Europea al aportar ayuda financiera a un país que no está bajo el paraguas del euro.

Los países bálticos, donde la propiedad de los bancos está en gran parte en manos extranjeras, podrían tener que afrontar situaciones similares a la de Hungría. La Republica Checa y Polonia parecen gozar de mejor salud por el momento. Especialmente Polonia, cuyas exportaciones representan un 40% de su PBI, notablemente inferior al 60% de Hungría. El crecimiento interno en Polonia es robusto, y sus valoraciones bursátiles atractivas.
Otro país que se ha considerado como emergente, además de eterno aspirante a su incorporación a la Unión Europea, es Turquía. Su gobierno ha reducido su deuda desde un 74% sobre el PIB en 2001 hasta el 37% actual. Un ejemplo de economía que, como Hungría ahora, recibió ayuda del FMI en 2001 por un acuerdo que venció el pasado 10 de Mayo.

China es uno de los que más ha sufrido con la crisis, especialmente su mercado bursátil que ha retrocedido un 70 por ciento en el último año. Sus aspiraciones de crecimiento se sitúan ahora en el límite del 8%, un nivel muy inferior al 11,4% de 2007 o 10,6% del 2006. Esta es la tasa de crecimiento que se estima que China necesita para proporcionar empleo y continuar la mejora de las condiciones de vida de su enorme población. El Banco Central de China, que tuvo que subir los tipos de interés en meses pasados para combatir una inflación que podría generar inestabilidad, los está recortando ahora rápidamente para combatir otro tipo de inestabilidad, la generada por el desempleo.

Los resultados provisionales del comportamiento de fondos de inversión comercializados en España durante Octubre apuntan a la Renta Variable Internacional Emergentes como la categoría más teñida de rojo durante 2008. Sin embargo, los fondos invertidos en Renta Fija Emergente muestran una gran profusión de cifras positivas.
El ejemplo más notable lo constituye la clase B (dirigida a inversores individuales) del fondo JULIUS BAER MULTIBOND - ABSOLUTE RETURN EMERGING BOND FUND USD que ha acumulado una rentabilidad de 16,87 por ciento desde su creación en enero de 2008, según VDOS. Su objetivo es obtener un retorno absoluto a largo plazo en mercados tanto alcistas como bajistas, invirtiendo en deuda de de diferentes países emergentes con gran diversidad de plazos, calificación crediticia y divisas.


Otro fondo de la misma categoría, el SCHRODER ISF EMERGING MARKETS DEBT ABSOLUTE RETURN B DIS, ha mostrado también una evolución muy positiva durante el año al generar un 9,8 por ciento de rentabilidad durante el año. Su vocación inversora es similar al anterior, invirtiendo su cartera en valores emitidos por gobiernos, organismos públicos y emisores supranacionales y privados de mercados emergentes. Su aportación mínima es de 1.000 dólares

Dentro de la misma categoría, BBVA tiene en oferta el BBVA DURBANA LATAM SHORT TERM A, invirtiendo en bonos a corto o medio plazo emitidos por gobiernos o corporaciones localizadas en la región latinoamericana o sus filiales, denominados en cualquier divisa, sector o área geográfica. Su dato de rentabilidad durante 2008 se sitúa en el 3,52 por ciento, según datos de VDOS.

Vemos cómo aún en situaciones de mercado difíciles, con mercados volátiles e inciertos y cifras macro a la baja, es posible obtener buenos resultados. 

La economía globalizada hace que nadie escape de las consecuencias de la crisis. De hecho la misma globalización puede haber creado un espejismo de bonanza económica ilimitada, causante de la situación actual.
La transferencia de tecnología y conocimiento de los países desarrollados a los emergentes ha incrementado dramáticamente su productividad y nivel de vida, al mismo tiempo que la gran cantidad de productos y servicios exportados desde China ha elevado el nivel de vida de las economías desarrolladas. Para mantener esa situación, los países emergentes necesitaron endeudarse para construir las fábricas capaces de satisfacer la demanda de los países desarrollados y los consumidores de las economías desarrolladas se endeudaban para consumir los bienes producidos por las economías emergentes, gracias a un crédito fácil y barato. No era una situación sostenible, algo que sólo se hizo patente cuando los consumidores comenzaron a fallar en el pago de su deuda.

La estructura de la economía global tendrá que cambiar. El importante incremento de producción en las economías emergentes es una realidad y, antes o después, su crecimiento continuará. Los mercados desarrollados harían bien en sacar partido de la actual crisis concentrándose en estimular la creación de productos y servicios innovadores competitivos en los mercados globales. Con ello se reduciría el déficit y se ayudaría a crear una economía global sostenible.

La crisis va a ser una dura prueba para todos, pero si sirve para revitalizar la industria privada y los gobiernos, y los fuerza a concentrarse en innovar, la economía global resultará fortalecida.

Paula Mercado
Directora de Análisis de VDOS Stochastics