La única justificación a que el euro-dólar esté por encima de 1,39 es por la decisión del BCE del mes de marzo y por el discurso desafortunado de Mario Draghi, ya que el dirigente del Banco Central Europeo dijo que no se tomaría ninguna decisión si no se complica el escenario económico actual.

Ante este escenario, el euro-dólar amenaza con subir a 1,40. Además, sorprende que el euro no ha sido sensible a las tensiones en Ucrania o la incertidumbre china. Tampoco se fortaleció el dólar ante el buen dato de paro estadounidense de la semana pasada que garantiza que la Fed reduzca el próximo mes las inyecciones de dinero.
Lo único que podría debilitar el euro sería que Mario Draghi o algún dirigente del BCE haga declaraciones diciendo que a la eurozona no le conviene un euro tan caro. Es cierto que el BCE no tiene un mandato contra el tipo de cambio, pero es que esto influye directamente en la inflación, pues un euro elevado tiene un efecto deflacionista, y también es nocivo para el modelo exportador europeo.
Me sorprenden estos niveles del euro-dólar y bastaría con unas declaraciones verbales para devolverlo al entorno de 1,36-1,35 dólares.

Frente a la inactividad del BCE, España registra una tasa de inflación del 0% en febrero. Internamente es muy difícil hacer algo. Es verdad que todas las previsiones apuntan a que este 0% sería el suelo. Los países periféricos, donde el consumo interno está más deteriorado, están mostrando malos datos de inflación, como Italia, que está ya en el -0,2%. Por ello, que el euro-dólar esté a niveles de 1,40 castiga especialmente a países como España, que están basando su modelo en las exportaciones.
Podría intentar crearse algo de inflación dentro de España bajando impuestos y fomentando consumo interno, pero realmente es difícil crear inflación porque el mandato para ello viene del BCE.

¿Cómo nos cubrimos de la incertidumbre que viene de China, en el oro? Sin duda, pues el oro es uno de los activos ganadores de 2014, pues ya lo hemos visto subir cuando los mercados estaban relajados y tensionados.
Hay dudas sobre si China va a seguir creciendo por encima del 7%, además, hay devaluaciones del yuan y quiebras empresariales. A esto hay que sumar que el cobre respalda algunas deudas chinas y ahora su precio está cayendo.
Yo no diría que estemos en un momento dramático, pues tienen capacidad para hacer políticas monetarias más laxas. Creo que esta situación no tendrá mucho más recorrido y, en cuanto llegue una buena noticia sobre Ucrania, volverá el optimismo a los mercados y el tema de China quedará relegado.

Los sectores que peor lo están pasando son los más relacionados con China, como el sector de automóviles y bienes de lujo, recursos básicos, que son los más bajistas ahora mismo.
Aun así, creo que una de las mayores fortalezas actuales es Wall Street, que se ha fortalecido en estas semanas. El S&P 500 está fuerte y se ha fortalecido por encima de los 1.850 puntos, que es nuestro nivel de control. Mientras que Wall Street no muestre señales de debilidad mayores, creo que no hay amenaza de una gran corrección, tampoco en Europa.

El bono español está tocando el suelo en cuanto a rentabilidad. De hecho, yo no esperaba que tocara el 3,3%, pues veía que el 3,5% era un nivel óptimo de financiación para el Tesoro. La clave de por qué estamos tan abajo es la baja inflación, pues con una inflación al 0%, un 3,3% parece una buena rentabilidad. También es cierto que han contribuido otras noticias, como el buen dato de desempleo de enero o la mejora de rating de Moody’s.