El mercado volvió a centrar su atención en la política arancelaria de Estados Unidos tras la decisión del Tribunal Supremo de anular la vía legal utilizada por la Administración Trump para imponer determinados aranceles. Apenas un día después, Donald Trump anunció la implantación de un arancel global del 15%.
Este movimiento no revierte el giro proteccionista iniciado con su segundo mandato, pero sí cambia su forma y reintroduce una elevada incertidumbre. Tras el fallo judicial, el arancel medio efectivo cayó del 15,3% al 8,3% al quedar anulada la aplicación de la ley YEPA. Como respuesta, la Administración recurrió a la sección 122, estableciendo un recargo temporal del 15% durante 150 días, lo que eleva de nuevo el promedio al 13,2%, aún por debajo del nivel previo. Más allá del nivel concreto de los aranceles, el principal problema es la inestabilidad regulatoria. El mercado conoce el marco actual, pero no el que lo sustituirá cuando expire la medida, previsiblemente a través de las secciones 301 y 232, que deberán pasar por el Congreso. Esta falta de visibilidad dificulta la planificación de inversiones y cadenas de suministro a medio plazo.
Desde el punto de vista macroeconómico, el impacto inicial sobre crecimiento e inflación se considera moderado, lo que explica la limitada reacción de los mercados. La reducción del arancel medio alivia parcialmente la presión inflacionista y ofrece algo más de margen al comercio mundial, aunque el sistema sigue siendo muy restrictivo y altamente volátil frente al periodo previo a 2018.
El nuevo escenario altera además el reparto de ganadores y perdedores. Brasil y China resultan beneficiados por una rebaja de sus aranceles efectivos, mientras que la Unión Europea y el Reino Unido salen peor parados. Esto refuerza la competitividad de algunas economías emergentes y deja a Europa como uno de los eslabones más débiles de la cadena exportadora hacia Estados Unidos. Para Europa, y especialmente para España, el efecto se traduce en un crecimiento más frágil por el canal exterior, con presión adicional sobre sectores como automóvil, bienes de capital, química y lujo, sin llegar a constituir un shock recesivo.
El mayor deterioro se produce en el marco de reglas. Algunos países podrían intentar impugnar acuerdos ya firmados y persisten dudas sobre la capacidad de Estados Unidos para reconstruir a tiempo un armazón legal arancelario, así como sobre una posible devolución de aranceles ya cobrados, un aspecto aún no aclarado por el Supremo.
En los mercados financieros, este contexto implica una mayor prima de riesgo para Europa y para los sectores cíclicos globales. En renta fija, el mensaje es mixto, con menor presión inflacionista pero mayor riesgo político y legal, mientras que el dólar oscila entre el apoyo de unos aranceles todavía elevados y el lastre de la incertidumbre jurídica.
En conjunto, no cambia el régimen de un mundo más proteccionista, vigente desde 2018, pero sí se abre una fase de mayor inseguridad legal y menos favorable para Europa, lo que justifica una mayor cautela y selectividad por parte de los inversores.
Sectores que podrían verse más perjudicados
En cuanto al impacto sectorial de un eventual repunte de costes por aranceles, en Estados Unidos los sectores más sensibles serían industriales y bienes de equipo, por su elevada dependencia de componentes importados y la dificultad para repercutir costes en un contexto de menor inversión empresarial. El sector automóvil y de componentes también se vería afectado, dada la elevada integración de la cadena productiva entre Estados Unidos, México y Canadá. A ello se suma la exposición del sector tecnológico de hardware y electrónica de consumo, muy dependiente de Asia, y del comercio minorista de consumo discrecional, especialmente sensible al precio.
Por el contrario, sectores como utilities, salud y parte del software y servicios presentan una menor exposición directa al choque arancelario, siendo su sensibilidad mayor al crecimiento y a los tipos de interés.
En Europa, el mapa sectorial es similar, pero con un matiz clave: la elevada dependencia de las exportaciones. El automóvil, los bienes de capital, la industria exportadora, la química básica, los materiales, el lujo y determinadas áreas de alimentación y bebidas con cadenas de suministro largas figuran entre los más expuestos.

