2017 fue un año positivo para la mayoría de las clases de activos de riesgo. Con un mercado monetario con rendimientos estructurales negativos, los inversores tuvieron que dirigirse a la renta variable, especialmente a las bolsas asiáticas (incluyendo Japón), las acciones con sesgo crecimiento de Estados Unidos o las pequeñas compañías europeas.

En lo que respecta a la renta fija, no hubo un cambio significativo. Deberían haber sido favorecidos la deuda de mercados emergentes en divisa local, y el crédito en general, con una preferencia por la deuda subordinada o híbrida.

La mancha de este escenario fue la fuerte caída del dólar en comparación con la mayoría de otras divisas. Los inversores europeos como nosotros tuvimos que cubrir ese riesgo, incluso con un coste cercano al 2,5% durante el año.

Ahora estamos comenzando 2018 con relativa cautela: bastante neutrales en renta variable (51%) dado que mantenemos nuestras posiciones iniciadas el pasado año, principalmente nuestra sobreponderación de Europa y los países emergentes en detrimento de Estados Unidos. El momentum positivo a medio plazo no se ha cuestionado, pero deberíamos ponerlo en perspectiva después de una año tan fuerte.

En el segmento de renta fija, todavía hay algo de crédito en nuestras asignaciones, debido a las valoraciones, como hemos indicado anteriormente. Estamos concentrando el riesgo en emergentes, ya que las primas siguen siendo atractivas en relación a los mercados desarrollados y los bonos corporativos y en la deuda híbrida. Continuamos infraponderando la sensibilidad a los tipos de interés core y mantenemos algunos bonos ligados a la inflación.

Es claramente necesario ser más selectivos en 2018, con un entorno micro y macroeconómico muy sólido que sin embargo está matizado con valoraciones ajustadas en algunos mercados. Asimsimo, el riesgo geopolítico permanecerá siempre presente. 

Y además de dichas tensiones geopolíticas (Corea, Irán, la política exterior de Donald Trump, etc.), se debe prestar especial atención a la normalización de las políticas monetarias de los principales bancos centrales, y en particular a la caída del flujo de liquidez a partir de 2018. El aumento de los tipos de interés endurecerá las condiciones crediticias y probablemente generará más volatilidad en los mercados. Estas tensiones naturalmente resaltarán las históricamente elevadas valoraciones absolutas que registran las clases de activos riesgo. En las carteras, también nos ocuparemos de controlar los riesgos del tipo de cambio que afectan materialmente el rendimiento relativo de los mercados.

Jean-Luc Hivert, CIO de Renta Fija de La Française AM