El sector de las eléctricas europeas ha protagonizado este año uno de los movimientos corporativos más llamativos y menos esperados de los últimos años en Alemania. El reparto de activos de Innogy entre RWE y E.ON podría haber abierto la puerta a operaciones similares en otros países. ¿Hay oportunidades para los inversores en el sector de la electricidad en este entorno?

El sector eléctrico nunca ha sido fácil para los inversores por su enorme grado de regulación y, en muchos casos, por las intromisiones políticas que han ejercido los estados. Sin embargo, un entorno de crecimiento económico global es un acicate para este tipo de compañías cíclicas que se ven muy beneficiadas por el aumento de la demanda de energía en todo el mundo.

Al igual que ocurre en otras muchas industrias, la electricidad en Europa también se está viendo obligada a cambiar ante un gran número de situaciones de distinta índole. Entre otras, la huida de la generación nuclear en Alemania, el fin de las primas a las renovables en países como España, o la aparición de nuevas tecnologías como el coche eléctrico, que han hecho que las empresas del sector tengan que reinventarse. Algo que el profesor del IEB, Miguel Ángel Bernal, denomina como “momento de destrucción creativa” en la que los grandes jugadores se posicionan de cara a esa nueva estructura de energía a la que hemos puesto rumbo. 

Quizá el acuerdo que anunciaron hace apenas unas semanas las eléctricas alemanas E.ON y RWE es prueba de ello y vaya en esa dirección.  Esta operación permitirá a RWE la combinación de los negocios de renovables de su filial Innogy y con los de E.ON mientras que esta última se queda con las redes reguladas y el negocio de comercialización de Innogy.

Es decir, que RWE se convierte en un generador de energía tradicional, con un perfil renovable incluido, mientras que E.ON, en proceso de desmantelar su “arsenal nuclear” en Alemania, se transformará en un minorista y proveedor de redes.

Explicaban los expertos tras la operación que lo que habían intentado las dos compañías alemanas es quedarse con los activos que aún siguen siendo rentables en el sector eléctrico europeo. Señalan algunos especialistas del sector que los cambios antes mencionados han creado un exceso de capacidad que ya no necesita la generación térmica ni la nuclear.

Algunos analistas se preguntan por qué no ha participado ninguna eléctrica europea en la transacción y creen que ninguna compañía no alemana ha querido enfrentarse a las posibles interferencias que pudiera hacer el gobierno de Angela Merkel a un operador no germano.

Recientemente, Roland Vetter, reponsable de inversión en PraXis Partners, apuntaba que “junto con la valoración y la falta de sinergias, la política fue el otro gran factor por el que las empresas extranjeras no se lanzan a la compra de Innogy”, señaló en unas declaraciones recogidas por Reuters.

En su opinión, “en el momento que eres propietario de estos negocios, te metes en la política alemana. E.ON ya lo está, así que para ellos no es un problema”, afirma el experto. Esto hará que, en su opinión, no se lleven a cabo grandes compras en la que estén envueltas compañías de diferentes países.

Algo que no comparte Miguel Ángel Bernal que tiene claro que “en el marco de la Unión Europea está prácticamente garantizado que vamos a ver más operaciones transfronterizas” de este tipo con lo que no se descarta que esta operación ya haya insuflado algo de interés en el sector.

Pablo García, director general de AlphaValue, explica a Estrategias de Inversión, que “la transación es positiva en general para el sector y, en términos de valoración, para empresas como Engie, Iberdrola y Enel, que pueden beneficiarse del precio pagado por Innogy, ya que tienen perfiles similares”.

Pero, más allá de las compañías tradicionales, ¿dónde están las oportunidades?

Araceli de Frutos, socia fundadora de la eafi 107, señala que en estos momentos las eléctricas aportan una remuneración al accionista estable y descorrelación con otros sectores que puedan estar presentes en cartera. Es decir, que ve un sentido dentro de una cartera diversificada. Eso sí, advierte que “no estaría en las reguladas por evitar el riesgo regulatorio”.

De frutos apunta que optaría por entrar en “puras eléctricas integradas que estén, a su vez, diversificadas geográficamente como puede ser Iberdrola (más internacional que española), o con algo dividendo como puede ser la italiana Enel.

Miguel Ángel Bernal señala que “el sector energético en un marco de crecimiento me gusta y es un sector que me parece muy interesante, eso sí, sería enormemente selectivo”, indica el profesor a esta publicación.  Eso sí, señala que las compañías tradicionales hay que comprarlas como una apuesta value, buscando precio y descuento. Por el contrario, en su opinión, entrar en las compañías innovadoras es comprar un valor growth puro, es decir, de crecimiento.

El experto indica que “como subsector estaría muy interesado en empresas que estén trabajando en almacenamiento de la energía”. Para el experto el interés recae en las compañías como los fabricantes de baterías de acumulación que “pueden dar unos resultados espectaculares”, comenta. También cree que puede ser una buena opción para los inversores entrar en compañías que estén “perfeccionando nuevas técnicas existentes o en vías de estudio para la generación de electricidad”, afirma.

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