La disrupción digital ha transformado muchas industrias, sin embargo, está teniendo un efecto más lento en la industria de la gestión patrimonial, en parte porque la mayoría de los activos de los clientes se han mantenido in situ. Es relativamente barato unirse a la revolución digital transmitiendo música desde Spotify o comprando libros de Amazon, pero se requiere mucho más dinero para dar un impulso a la gestión patrimonial digital.

Sin embargo, los avances en otros sectores han elevado las expectativas de los clientes y ahora están impacientes por recibir la misma calidad de servicio y facilidad de uso por parte de sus bancos. Mientras que la generación anterior quería revisar sus carteras a través de sus iPads, además de tener una conversación cara a cara con un asesor financiero, los nativos digitales quizás nunca vean el interior de una sucursal, pero sí quieren control, transparencia e inmediatez.

¿Cómo está la digitalización dando forma a los proveedores de gestión de patrimonio? Cada vez más los clientes desean una experiencia de usuario integrada, sin fronteras y sin barreras, que les permita seleccionar y analizar inversiones en múltiples mercados por clase de activos y geografía a través de una interfaz única y consistente. Quieren personalización, lo que significa, no solo soluciones y consejos personalizados para lograr rendimientos ajustados al riesgo de cada cliente, sino también respuesta en tiempo real, 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año. Muchos también esperan que los bancos ofrezcan herramientas con recomendaciones sobre ideas de inversión basadas en participaciones de cartera existentes.

Lo que está claro es que la industria de gestión patrimonial actualmente no está en condiciones de cumplir con las expectativas digitales de rápido crecimiento. La infraestructura heredada, la reforma regulatoria y las demandas de los inversores plantean poderosas barreras a la inversión en la tecnología necesaria para competir en un mercado que enfrenta niveles acelerados de cambio.

Además de mayores requisitos de capital, los bancos enfrentan costos en espiral por el cumplimiento de un entorno regulatorio en constante cambio, que también puede tener un impacto negativo en los esfuerzos de planificación estratégica. El desafío de los plazos regulatorios que cambian con frecuencia conlleva que los bancos a menudo tengan que remendar las soluciones y ampliar el software, lo que resulta en una infraestructura tecnológica cada vez más compleja, pero al mismo tiempo obsoleta.

Además, las comisiones de la industria se van a reducir, lo que complicará el éxito de los gestores de patrimonios. La digitalización tiene un papel importante que desempeñar aquí, ya que puede permitir a los gestores de patrimonio atender a los clientes de una manera mucho más eficiente. Al mismo tiempo, la digitalización también permite a las organizaciones de servicios financieros interactuar con los clientes de una manera no intrusiva en un momento en que sea conveniente para el cliente.

Al igual que muchas empresas manufactureras, los bancos deben reemplazar un sistema operativo integrado con el que han trabajado durante décadas, pero que ahora se queda obsoleto para enfrentar un futuro en el que la tecnología y los modelos comerciales evolucionarán de forma casi continua. Pero, ¿cómo los bancos pueden llevar a cabo un nuevo paradigma cuando se ven obstaculizados, no solo por imperativos regulatorios, sino también por presiones comerciales a corto plazo? Como era de esperar, los bancos invierten cada vez más y se asocian con empresas fintech, en lugar de construir desde cero. Los enfoques colaborativos tienen el potencial de cumplir las expectativas digitales de los clientes al combinar los activos de los bancos -marca, capital, distribución y dominio- con la capacidad de fintechs de ofrecer una experiencia de usuario diferenciada basada en una tecnología flexible para manejar el cambio continuo.

Muchos bancos tienen la oportunidad de diseñar una estrategia sostenible y flexible basada en el uso de servicios y capacidades de terceros, utilizando API y arquitectura abierta. Esta capacidad de adaptación al cambio será de suma importancia, dado que el ritmo de dicho cambio solo aumentará. Además, contar con un modelo de negocio flexible y una infraestructura flexible basada en API y arquitectura abierta permitirá a las empresas aprovechar nuevas oportunidades, como nuevos mercados, productos, características y funcionalidades. Este tipo de enfoques aún necesitarán el acuerdo de la junta y los accionistas, pero pueden ofrecer resultados más rápidos y rentables que las estrategias de gestión tradicionales.

Gran parte del futuro de la gestión de patrimonios sigue siendo incierto. Los proveedores de servicios solo están al principio, por ejemplo, de los esfuerzos por aprovechar y agregar datos de múltiples fuentes para construir una imagen más completa de los comportamientos, las preferencias y las necesidades de los clientes. La disrupción digital impone la necesidad de flexibilizar de la infraestructura operativa y el modelo comercial. Ante este hecho, quizás la única certeza es que ningún banco es una isla: la colaboración es clave.